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Tribuna:

María Moliner: una obra cumbre

A Dámaso Alonso se debe el descubrimiento de una obra de máxima importancia para el conocimiento y uso de nuestro léxico: el Diccionario de uso del español, de María Moliner, obra que se publicó por primera vez en 1966 por la Biblioteca Románica Hispánica en la editorial Gredos, dirigida por Dámaso Alonso, actual director de la Real Academia Española de la Lengua.La vida de María Moliner ha sido una de las vidas más fecundas en las actividades culturales, más positiva y más modesta. Era licenciada en Historia, miembro por oposición del Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios. Como bibliotecaria trabajó activamente en varios archivos, entre otros en los de Salamanca, Simancas, Murcia, Valencia, etcétera. Más tarde, situada ya en Madrid, continuó trabajando intensamente en varias bibliotecas.

Por uno de sus hijos se ha sabido que durante quince años, dedicados a la elaboración del diccionario, trabajó en él unas diez horas diarias. A las cinco de la mañana la oíamos teclear su máquina. Trabajó en su diccionario, se puede decir, hasta sus últimos momentos.

La labor de María Moliner ha sido apreciada un poco tarde; murió el 22 de enero del presente año, pero al menos se ha reconocido que la obra excepcional de esta mujer resuelve dudas y problemas fundamentales sobre el uso de la lengua; ha ayudado a dar categoría a escritores porque su obra resuelve problemas sobre el uso del idioma, definiciones definitivas -como dice Fernando Savater-, la etimología y la correlación ideológica del lenguaje.

En 1972, con ocasión de publicarse su diccionario y lanzarse una propuesta para su entrada en la Real Academia de la Lengua, dijo: «Mi obra es limpiamente el diccionario». La candidatura no prosperó.

Pero la labor de María Moliner, tan silenciosa como méritoria, se ha ido apreciando por personalidades literarias conocedoras,del valor de la obra, del aporte de ese diccionario al conocimiento del idioma español. En 1972, a iniciativa de la escritora Carmen Conde y otras escritoras, se propuso su ingreso en la Real Academia, pero aquí también tropezó su candidatura con la tradicional actitud de la Academia.

Es posible que entremos en la era de la renovación de las viejas organizaciones culturales, pues hace dos años modificó la Academia su misoginia admitiendo en su seno a la propia Carmen Conde, quien ha declarado en una entrevista en la televisión que el sitio que ella ocupa en la Academia debiera haber correspondido a María Moliner. Debemos añadir también, como signo probable que señalamos, que la Academia de la Lengua Francesa, a los 350 años de existencia, acaba de admitir, el 22 del pasado mes de enero, en su seno a Margueritte Yourcenar, cuya toma de posesión fue precedida por el jefe del Gobierno francés, Giscard d'Estaing.

Cuando se produjo la muerte de María Moliner, la Academia Española estaba reunida; Miguel Delibes, uno de los académicos, valoró muy elogiosamente la aportación que María Moliner ha hecho a la lengua española y se lamentó de que por esas circunstancias especiales en que se han desenvuelto siempre los temas que rodean a la presencia de mujeres en la Academia María Moliner no ha podido ocupar un sillón en nuestra entidad.

La dimensión humana de esta mujer se puede medir por la dedicatoria que al terminar esa obra única puso en su libro. «A mi marido y a nuestros hijos les dedico esta obra terminada, en restitución de la atención que por ella les he robado». Este gesto, al terminar su obra cumbre, fue un gesto que marca la dimensión humana de María Moliner.

Ante la labor realizada por esta mujer a lo largo de toda su vida tenemos todos, españoles intelectuales, españoles que se mueven o se han movido en el campo cultural, o hayamos necesitado ayuda suplementaria en el conocimiento de nuestro idioma, todas, tenemos el imperioso deber de rendir un homenaje a su recuerdo y a la obra de toda su vida a María Moliner.

Este homenaje ha de ser iniciado y organizado por Carmen Conde. A, ella corresponde, por su conocimiento de la obra, por su iniciativa al llamamiento a la Academia Española de la Lengua sobre la entrada de María Moliner, por su sencillo homenaje en la televisión, por su personalidad literaria misma, a Carmen Conde corresponde organizar este homenaje que debemos tributar a la obra cumbre de María Moliner.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de marzo de 1981