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La continuidad del Festival de Cine de Sevilla está asegurada

El certamen internacional terminó con un homenaje a Antoñita Colomé

El Primer Festival Internacional de Cine de Sevilla se clausuró el pasado domingo con una cena en un hotel de la ciudad, acto presidido por el ministro de Cultura, Iñigo Cavero, quien destacó en su discurso el éxito del certamen a pesar de los lógicos defectos de organización de todo comienzo. La última jornada, con lleno en los seis locales de proyección, estuvo polarizada en torno a dos grandes obras cinematográficas que han recorrido los últimos festivales internacionales: la soviética Siberiada, de Milkhalkov-Kontchalovski, y la japonesa Kagemusha, de Kurosawa.

La continuidad del festival, con un carácter informativo y no excluyente en temática ni nacionalidades, parece estar asegurada gracias a la voluntad demostrada por Cultura Viva, entidad organizadora y una amplia lista de apoyo de organismos oficiales y privados. Para el director del festival, Francisco Millán, el comienzo real del festival se concreta en el acto de clausura, final del esfuerzo, y la aventura de un certamen ambicioso que ha tenido, junto con los errores de poner en marcha una completa maquinaria, el respaldo del público espectador y de personalidades internacionales del mundo cinematográfico.

En próximas ediciones, la estructura de la programación será similar, dentro de la tendencia actual de festivales sin premios. Según Francisco Millán, se ampliarán las actividades culturales y se pondrán menos películas de distribución nacional inmediata, hasta lograr un delicado equilibrio entre los aspectos artísticos e industriales. Varias de las películas estrenadas pasan estos días a las salas comerciales.

Frente a estas facilidades de distribución, el cine español se pone a la cola hasta encontrar unas fechas libres. Entre las películas presentadas en las últimas sesiones el público ha seguido con interés La verdad sobre el caso Savolta, de Drove; Mater amantísima, de Salgot; La triple muerte del tercer personaje, de Soto; Tú estás loco, Briones, de Macua; El poderoso influjo de la Luna, de Del Real, y Crónica de un instante, de Vanguard. Por el contrario, el público se desentendió de la historia de Jeremy, de Jaime Oriol, y «pasó» de las pretendidas transgresiones morales y fílmicas de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, primer largometraje de Pedro Almodóvar.

Una de las secciones menos preparada de organización, la dedicada al cine independiente, se impuso en los últimos días y obligó a nuevos pases y una mayor presencia en la programación, con la asistencia de varios directores de cine experimental o marginal. Junto con las películas previstas de Padrós, Periñán, Les Blank, Arrieta, Soler y Aguirre se repusieron obras que habían concurrido al certamen de cine andaluz.

El Primer Certamen de Cine Andaluz, promocionado por el Ayuntamiento de Sevilla, se desarrolló la semana anterior al festival y es el único ciclo con carácter competitivo. Se presentaron más de cincuenta películas, la mayoría de ellas en super 8, y la convocatoria estaba abierta a las obras con una temática que afectará a Andalucía y a los autores andaluces. La concesión del primer premio, en el formato de 35 milímetros, dotado con 250.000 pesetas a la película Rocío, de Fernando Ruiz, con una mención especial a Tierra de rastrojos, de Antonio Gonzalo, provocó nuevos datos para una polémica en torno a un cine político que trata temas conocidos por el público.

La romería

En el caso de Rocío, con un difícil acceso a las pantallas sevillanas, el tratamiento sociopolítico y documental de la romería del Rocío hace protestar a sectores conservadores y católicos, a la espera de la reacción de los auténticos protagonistas. Los temas que han predominado en el certamen se refieren a la autonomía y a problemas urbanos. La figura abstracta de cine andaluz se puede ir concretando si se realizan los proyectos de los estudios de Triana Films, un noticiario andaluz para las salas, apoyos oficiales y medios industriales. Un informe sobre Cine en Andalucía se presentó durante el festival, panorámica general escrita por Rafael Utrera y Juan Fabián Delgado.

El homenaje más entrañable y popular para los sevillanos se concretó en la persona de la actriz Antoñita Colomé, trianera de la calle de la Pureza, rescatada casi del olvido por el crítico Diego Galán, para que las nuevas generaciones conozcan una estrella de los años treinta y cuarenta. En el curso del festival, Diego Galán presentó un episodio de su serie Memorias del cine español, y la película Mi fantástica esposa (1943), de Maroto. Antoñita Colomé, retirada muy joven del cine por motivos personales, conserva gracia y belleza; el próximo mes de noviembre va a intervenir en una película de Francisco Bautista.

Junto con el entrañable homenaje a la artista sevillana, la actriz Sylvia Kristel acaparó todas las atenciones de la organización y del público incluso logró calmar el morbo de los hipercríticos al festival, que exigían la presencia de escotes y estrellas de fama mundial. Kristel correspondió con generosidad de simpatía y aguante. En una conferencia de Prensa se refirió a erotismo clásico de Emmanuelle, su imagen de belleza y su próxima película con Just Jaeckin, una nueva versión de El amante de lady Chaterley. De su estancia en Sevilla, la admiración de la gente, el vino y los tablaos, pudo decir que había sido tratada «como una reina». Sus acompañantes públicos más asiduos han sido los políticos, eufóricos tras el acuerdo de la autonomía andaluza.

El programa del festival ha cumplido con su compromiso de ofrecer una panorámica del cine actual e informar de sus nuevas tendencias y perspectivas. Junto con películas de interés, como Círculo de dos, de Jules Dassin; Cristo se paró en Eboli, de Francesco Rosi; El trompeta, de Janos Rozsa; El árbol de los zuecos, de Olmi; El cuchillo en la cabeza, de Hauff; Fedora, de Wilder; La banquera, de Girod; Phobia y Sangre sabia, de Huston, y Sin anestesia, de Wajda, que figuran entre las mejores producciones del año, el público del festival, entre otros aspectos, ha podido conocer La muchacha de los cabellos blancos, de la República Popular de China, recuperar La burla del diablo, una divertida comedia de Huston, con Bogart, e impresionarse con las espectaculares Siberiada, la transformación de Siberia en los últimos sesenta años, y Kagemusha, la historia de los señores feudales en el Japón del siglo XVI, vista por el maestro Kurosawa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de octubre de 1980