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CARTAS AL DIRECTOR

Prefiero el Liceo Francés

En EL PAIS de 26 de septiembre, y al anunciar el posible cierre del Liceo Francés, de Madrid, por dificultades económicas, el autor de la información dice: «Uno de los centros más aristocráticos» de la capital.Creo que la palabra aristocrático ha sido mal elegida. Como antiguo alumno y padre de una alumna que hace los dos bachilleratos a la vez, el francés y el español, puedo asegurar que nohan sido razones de sangre azul las que nos impulsaron, a finales de la década de los cuarenta, a estudiar en el Liceo Francés.

La guerra civil nos dispersó a muchos por Europa o América, y siendo escasos los medios económicos de aquellos españoles, empezamos estudiando en las escuelas públicas francesas, donde no pagábamos ni los lápices, ni los libros, ni los cuadernos. Recibimos idéntico trato y educación que los demás niños franceses. Me coeduqué con un Guerlain (perfumería) y con Mathieu, hijo de nuestra portera. Cuando fuimos paulatinamente regresando a España, nos encontramos con la no convalidación de estudios ya realizados (claro, faltaba, además de geografía e historia y literatura francesa, religión y espíritu nacional). Ibáñez Martín me obligó a rehacer todo el bachillerato español, asignatura por asignatura, hasta la reválida. De ahí que ingresase en el Liceo para, al menos, tener un bachillerato. El Instituto Español de París no podía servirnos.

El Liceo Francés, de Madrid, ha producido hombres como Ramón Tamames, José Luis Alvarez o Raimundo Saporta, Luis Lamana o los hermanos Botella, el cantante francés Hugues Auffray y el dueño del Whisky-Jazz, Bourbon y Whisky-Gin, Jean Pierre Bourbon. Los precios del Liceo Francés siempre han sido inferiores a los de colegios de pago españoles. Junto a mi domicilio,, en la Ciudad de los Periodistas, tenemos un colegio especialmente creado para nosotros y que no me costaría nada, el del Cardenal Herrera Oria. Son cien metros de distancia lo que mi hija habría de recorrer. Pero prefiero una educación bilingüe, dos bachilleratos y ese grado de racionalidad que se obtiene de la educación francesa y que tanta falta nos hace en este país.

Yo prefiero pagar el Liceo más los transportes escolares a formar a mi hija con una estrecha visión del mundo. Es la herencia que pienso dejarle. / .

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 4 de octubre de 1980