Que no nos engañen otra vez
(...) Se nos pide austeridad y que abramos un nuevo agujero en el cinturón, cuando parecía que ya podía estrecharse más, y a cambio de tales sacrificios se nos anuncia un futuro prometedor. No serán sacrificios voluntariamente asumidos, porque nos vendrán dictados por un complejo entramado legal. (...)Aquí el Gobierno promete estar con el pueblo en esta hora difícil, y dice que compartirá con él los sacrificios y la austeridad. Tan bellas palabras, si llegaran a cumplirse, harían más soportables los difíciles tiempos que hemos empezado a vivir. Por encima de las dificultades del momento alentaría la esperanza, sin la cual resulta difícil afrontar la diaria aventura áe subsistir. Pero tales promesas han sido traicionadas demasiadas veces para creer ahora que esta vez se cumplirán. En un país en el que el derroche y la corrupción han sido escandalosamente frecuentes resulta difícil de creer que la Administración vaya a convertirse en veinticuatro horas en un dechado de rigor y honradez.
Conseguirán en la Cámara el voto de confianza, pero en la calle, de momento, no han logrado más que sospechas y recelos.
18 de septiembre


























































