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Crítica:

Jaime Salom: "El personaje de mi obra teatral es un antihéroe"

El dramaturgo catalán Jaime Salom estrena hoy, en el teatro Espronceda 34, de Madrid, su comedia dramática El corto vuelo del gallo, que su autor define como «un enorme canto a la vida y a la libertad», con un personaje que es «un antihéroe», interpretada por Gemma Cuervo, María Luisa Merlo, Andrés Mejuto, Ramón Pons, Antonio Durán, José Caride, Pilar Barrera y Amparo Larrañaga, con escenografía de Wolfgang Burmann y dirección escénica de Manuel Manzaneque.

Jaimen Salom (Barcelona, 1925) vuelve a un escenario madrileño, tras el montaje, hace dos temporadas, de La piel del limón, con la historia de un personaje histórico, Nicolás Franco, padre del anterior jefe de Estado, y otros miembros de la familia, aunque en la obra nunca aparece el apellido de los personajes. El primer acto comienza en mayo de 1939, con el desfile de la victoria, los recuerdos y las sugerencias del protagonista y su entorno familiar; la segunda parte se sitúa en la posguerra, hasta su muerte, en 1942, en la madrileña calle de Fuencarral. El dramaturgo ha trabajado dos años en la documentación y escritura de la obra, con consultas y conversaciones con historiadores y testigos de ese momento y de la historia más reciente.«El personaje de mi obra es un antihéroe», declaró ayer Jaime Salom, «que me son más gratos que los héroes, maltratado por la mayoría de los historiadores, no digo sin razones para ello, pero junto con sus defectos había un personaje de una gran humanidad y un gran amor a la vida. En la obra se desarrollan dos posiciones: los que se adaptan a las instituciones, apoyados en la religión o en las leyes, y otros que buscan la vida y la felicidad al margen de los convencionalismos. Del personaje de Nicolás, padre, destacaría su independencia, su afán de libertad y de justicia, ser consecuente con sus propios principios; junto a esto, un montón de defectos, muchos de ellos mal vistos por la sociedad burguesa y el ambiente provinciano de su tiempo. Es un personaje contradictorio y tremendamente humano, con espíritu ácrata, enemigo de lo que significó su hijo y de la España que levantó, contrario de las dictaduras. Tuvo una postura airada, pero de corto vuelo, un simple gallo que cantaba todas las mañanas».

El autor de El corto vuelo del gallo añade que su comedia tiene unos valores artísticos, sociológicos y humanos «que están por encima de la anécdota de esta familia concreta, que pertenece a la historia de nuestro pasado inmediato. La obra, con un continuo juego de tiempos y espacios, recuerdos y sueños, se puede decir que se desarrolla en la mente del protagonista. Quiero que el espectador participe en este juego escénico y entre de una forma muy directa. Mi teatro es muy apasionado, directo y libre, para enfrentarnos a las cosas que nos han influido a los españoles, con respeto y con decisión».

«En la obra expongo unos hechos y unas situaciones, el testimonio y las injusticias sociales y políticas, pero sin sacar consecuencias, que ya lo hará el espectador. Creo que por primera vez van a aparecer unos hechos tan cercanos a nosotros».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de septiembre de 1980