La expulsión de Lisboa de cuatro soviéticos puede obedecer a "problemas internos"
Cuestiones de política interna parecen estar en el origen de la decisión del Gobierno portugués de expulsar a cuatro funcionarios de la representación diplomática soviética.El ministro de Asuntos Exteriores, Freitas do Amaral, aseguró que los diplomáticos habían cometido «actos inaceptables», «intervenciones abusivas en el funcionamiento de servicios públicos esenciales que constituyen una violación de las libertades individuales garantizadas en cualquier democracia libre».
El ministro se negó a ser más explícito, afirmando que «por razones obvias, tales asuntos deben permanecer secretos».
El diario de Oporto Primeiro de Janeiro afirmaba ayer que los diplomáticos soviéticos se habrían dedicado a realizar escuchas telefónicas clandestinas en los ministerios lisboetas. El periódico, que cita a «medios políticos próximos al Gobierno», escribe que otros treinta diplomáticos, es decir, la casi totalidad del personal de la embajada, son considerados como «agentes especiales».
El dirigente socialdemócrata Angelo Correia afirma que lo denunciado no es más que «la parte visible de un iceberg cuyas dimensiones y profundidad serán revelados antes de fin de año».
Sin quererlo, el dirigente socialdemócrata ha dado argumentos a los partidos de la oposición, que sospechan que el Gobierno quiere lanzar una «operación de diversión» en vísperas de la reunión del lunes de la comisión parlamentaria que deberá autorizar o no una investigación acerca de la supuesta deuda del primer ministro a la banca.
La Embajada soviética ha protestado oficialmente contra lo que considera un intento de difamación de sus diplomáticos y acusa al Gobierno portugués de querer deteriorar las relaciones «mutuamente ventajosas» entre los dos países, lo que puede ser interpretado como una alusión velada al suministro de petróleo, del que la URSS es uno de los cuatro mayores proveedores de Portugal.
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