Entrevista:

Marcelino Oreja: "Podemos adherirnos a la OTAN en corto plazo"

Pregunta. Francia ha impuesto un retraso importante al proceso de integración de España en la CEE, lo que era uno de los primeros objetivos de nuestra política exterior. ¿No es ello, en, buena parte, consecuencia de la manera precipitada en que se presentó esta candidatura en 1977 y de la confusión que aparenta incluir una política exterior española pendulante hasta ahora entre el atlantismo y la no alineación?Respuesta. Los objetivos de nuestra política exterior se basan en la búsqueda de la seguridad y el bienestar de los españoles, y tienden a fortalecer la paz en el mundo. Desde 1977. hasta ahora hemos recorrido un largo camino de normalización diplomática, y ahora estamos en un período de profundización y desarrollo de nuestras actitudes exteriores y de nuestras posiciones ante los más importantes problemas internacionales. Tenemos una política exterior definida, coherente y coordinada. Una política exterior europea, democrática y occidental.

Tras las elecciones de 1977 nos preocupaba, igual que nos preocupa ahora, la clarificación de la posición de España en el mundo, que tiene una meta esencial: la ubicación de España en todas las dimensiones de una Europa occidental que tiene que ser solidaria. En esta dirección se inscribió la candidatura hispana a la CEE en 1977 que, en mi opinión, no fue precipitada, porque antes de presentarla yo ya lo había hablado con los ministros de Asuntos Exteriores de los nueve. Además, aquí hay que añadir que, en esos momentos, se sumaron otras motivaciones de calendario al estar ya en marcha una segunda ampliación comunitaria con las candidaturas de Grecia y Portugal. Incluso un ministro de Exteriores de un país de la CEE nos. insistió en que no perdiéramos esta oportunidad porque, ya entonces, empezaban a emerger dificultades internas de la propia Comunidad y corríamos el riesgo de quedar descolgados. Empezaban a surgir con fuerza, en aquel momento, los problemas agrícolas suscitados por Francia, e incluso se hablaba de una Europa dividida en grupos, a dos velocidades.

Esta decidida actitud hacia Europa sale al paso de las acusaciones que han surgido en torno a nuestra acción exterior, calificada, en ocasiones, de ambigua y vacilante. La CEE era el único proyecto político que existía en Europa y, a pesar de las dificultades que entrañaba el proceso, la voluntad del Gobierno fue la de estar inequívocamente en él.

P. Se caminaba, al parecer, un poco porque sí, hacia Europa sin haber evaluado política y económicamente lo que ello significaba para España ni para la propia Comunidad. ¿En qué Europa se quiere participar?, y ¿cuándo, ahora que los calendarios pedidos por España parecen naufragar?

R. El Gobierno ha marcado siempre, con toda claridad, las características, las ventajas y las dificultades de nuestra marcha para la definitiva integración en Europa. Sin titubeos ni vacilaciones, el presidente Suárez dijo a Callaghan en Londres, en septiembre de 1977, que España deseaba incorporarse a una Europa política, y no a una zona de libre cambio, que era el modelo defendido por el premier británico. En esta gira europea del presidente del Gobierno surgió el tema del calendario, la meta de 1983, porque dada la lentitud de la maquinaria comunitaria y la complejidad de los problemas, se hacía urgente imponer un ritmo de trabajo. Nosotros insistimos en la necesidad de que se mantengan unas fechas que, aunque no sean exactas a las nuestras, sí deben ser aproximadas.

P. ¿Y cuál es ahora la actitud del Gobierno ante el parón impuesto por Francia?

R. Creo que se ha producido en Venecia un «parón» al «parón». De todas formas, la tentación de algún país europeo de suspender este. proceso pudiera llevarnos a situaciones graves, con el riesgo de alterar la posición de España en el mundo. A la vez, provocaría un enorme desencanto en muchos españoles, que en el pasado vieron el ingreso de España en la CEE como el mejor estímulo al proceso democrático. Yo no creo que se produzca, definitivamente, este retraso, ya que ello implicaría que los políticos comunitarios ejercen una política irresponsable. Puede que algún país lo intente, pero los demás deben salir a su encuentro para impedirlo. Creo que este es un buen momento para que los españoles sepamos claramente quiénes son de verdad nuestros amigos. Además, como se ha visto el viernes en Venecia, el tema de España no se ha tratado por el Consejo Europeo, y, por tanto, el calendario de adhesión se mantiene.

Asimismo, vale la pena recordar aquí la tentación tercermundista y centralista de muchos españoles, que podría renacer como reflejo a un rechazo de la CEE. En varios momentos decisivos de su historia, España ha optado por ser plenamente europea. Y uno de esos momentos es ahora. Otros países del viejo continente no tienen más remedio que serio. Nosotros, en cambio, queremos serio consciente y responsablemente. Se corre, pues, el peligro de que los jóvenes y muchos españoles decidan, en estas circunstancias, dar nuevamente la espalda al proyecto europeo, si Europa quiere darnos la espalda a nosotros. Estamos seguros que esto no se va a producir, y España quedará definitivamente inserta en las instituciones europeas.

P. ¿Son los motivos de Francia el modelo europeo, los problemas económicos y las elecciones presidenciales?

R. Creo que sí. Europa atraviesa un momento eje de su historia en el que tiene que elegir entre la gran unidad política europea y la «Europa de las patrias» de De Gaulle. Creo que Francia prefiere, todavía, esto último. Asimismo, Francia parece preocupada por los problemas agrícolas y presupuestarios de la CEE, así como de las incidencias del ingreso de España. Pero este planteamiento es falso. Lo que urge es establecer la lista de problemas y negociarla, teniendo en cuenta los períodos transitorios que están previstos como amortiguadores. Luego está el tema de las elecciones presidenciales, cuya incidencia en el proceso parece legítima, siempre y cuando ello no tenga un alcance grave, como podría serio el alejamiento de España de la CEE y del propio proceso integrador europeo occidental.

P. ¿Por qué esa insolidar idad de Francia ante nuestra joven e independiente democracia? ¿Hay celos? ¿Por qué sigue el tema ETA?

R. España y Francia, a pesar de ciertos problemas vecinales, como podrían ser los pesqueros, deberían cooperar y concertarse más ante ciertos temas de interés común, como lo son muchas situaciones del Mediterráneo y de Oriente Próximo. Pues, bien, esa coordinación es insuficiente, tal vez por la interpretación que Francia da a su independencia, que respetamos y compartimos, como nosotros practicamos la nuestra, pero que exige en la hora actual un grado mayor de cooperación, porque, al final, nuestros proyectos son bastante coincidentes.

El tema del terrorismo vasco es una de las cuestiones que muy a menudo he tenido que tratar con las autoridades francesas. Y resulta inadmisible que los franceses no adopten posiciones de máxima energía en este problema que reclama soluciones internacionales para luchar contra los crímenes de la organización terrorista ETA. Es impensable que pueda haber una vacilación en la clarificación de quienes son delincuentes comunes y no políticos. Delincuentes comunes en la ejecución y preparación de muchos de estos asesinatos terroristas. Es evidente que su preparación, la planificación de estos crímenes, se produce en Francia. También se consuman en territorio francés determinados delitos, como el pago del impuesto revolucionarlo, como lo ha demostrado la expresiva carta de Juan Alcorta.

Francia es consciente de esta situación y siempre nos ha prometido colaboración. Y es cierto que existe una cooperación policial y que se suprimieron los permisos de refugiados políticos a terroristas, pero queda mucho por hacer y hay que activar esta cooperación, porque este es un tema crucial.

P. Otra dimensión de la política exterior española está en el proyecto del Gobierno de UCD de ingresar en la Alianza Atlántica. ¿Se mantiene esta actitud incluso si se suspende o retrasa el proceso de integración de España a la CEE?

R. Estos son, en principio, dos temas distintos. De todas maneras considero que la solidaridad occidental está en la base de toda participación de España en su sistema defensivo. Por consiguiente, una actitud europea insolidaria hacia España no permitiría la presencia de nuestro país en la organización defensiva occidental. ¿Cómo podría hablarse de una concertación defensiva si no la hay en todo lo demás? Sería absurdo pensar que España puede incorporarse a la defensa organizada con una Europa que no le es solidaria en temas que le son vitales.

De todas maneras, y hecha esta puntualización, yo quiero dejar bien clara la posición del Gobierno ante la opción atlántica. El Gobierno es totalmente favorable a la pronta incorporación de España a la Alianza Atlántica. Para ello debemos tener dos garantías y un trámite: la garantía de que proseguirá el proceso de integración de España a la CEE y que esté en marcha la negociación hispano-británica y en vías de solución el traspaso de la soberanía de Gibraltar a España. El trámite, aparte de la natural invitación de adhesión que debe venir de la Alianza, consiste en el análisis y negociación que debe realizar España con la organización aliada para seleccionar las áreas de responsabilidad militar en las que España desearía participar. Este es un aspecto sobre el que tiene que decidir aún el Gobierno. Tenemos que ver cuál es el modelo y el grado de integración militar que le conviene a España dentro de la Alianza, donde existen varios modelos de participación Está por debatir, por ejemplo, si España está decidida a participar o no en los trabajos del Comité de Planes de Defensa de la OTAN.

P. Pero ¿cuándo y cómo piensa el Gobierno poner en marcha esta iniciativa? ¿Antes de las próximas elecciones generales, el año próximo, coincidiendo con las negociaciones de los acuerdos con Estados Unidos? ¿Con qué apoyo popular?

R. Creo que esta iniciativa no se culminó antes porque España estaba sumida en un complejo y difícil proceso de democratización interna, al que no era conveniente añadirle este problema importante de la política exterior. Ahora nos encontramos en una situación distinta. La Constitución ya ha sido aprobada y estamos concluyendo su desarrollo; por ello pienso que podemos adherirnos a la Alianza Atlántica en un plazo corto. Desde luego antes de las elecciones de 1983. Creo que 1981 podría ser una buena fecha para plantear el tema, porque en este año han de concluirse las negociaciones hispano-norteamericanas sobre el tratado bilateral y, muy especialmente, sobre sus apartados defensivos. Ambos temas, OTAN y tratado, deben complementarse y no superponerse. Por ello, pienso que los acuerdos con Estados Unidos pueden tener unas páginas móviles sustituibles por el nivel de responsabilidades atlánticas que España decida asumir. Nuestros expertos y el Gobierno estudiarán cuidadosamente ambos temas, cuya negociación puede iniciarse de una manera paralela. Concretamente, la negociación con Estados Unidos comenzará el próximo otoño y será dirigida por nuestro embajador en Washington, a quien asistirá todo un equipo de expertos en la materia.

En relación con el apoyo popular, yo quiero decir que es posible que exista una cierta incomprensión en la opinión pública y que buena parte de la culpa de que esto sea así la tenemos nosotros. Esto ha dado pie a los resultados, no siempre positivos, de ciertas encuestas y a opiniones que no considero acertadas, como las que abundan en la idea de que la entrada en la Alianza será muy cara para España o que con ello se rompe el equilibrio de los bloques, que, por otra parte, existen desde antes de 1955. En mi opinión, estas dos premisas son falsas. Lo caro es una defensa nacional aislada, que además sería incompleta.

En cuanto a las mayorías exigibles para dar este paso, el Gobierno considera que no es necesario un referéndum. La Constitución lo permite, pero no lo exige. Bastará la mayoría del Parlamento.

P. Esta posición, ¿no contará con una dura resistencia de la oposición?

R. Los socialistas han evolucionado mucho en este tema de la defensa. De un neutralismo inicial y aun de un tercermundismo y no alineamiento pasaron a hablar de defensa europea y, a la vez, aceptaron una defensa ligada a los acuerdos cop Estados Unidos. Desde un ángulo de coherencia política, me parece más clara la postura neutralista, aunque no la comparto. Creo que la defensa europea es hoy una utopía irrealizable que ya fracasó en 1954. Por otra parte, resulta incomprensible que se opongan a la OTAN y digan sí a unos acuerdos con Estados Unidos que responden, aislados y tal y como están, al pasado.

P. ¿No podría afectar esta posición a la Conferencia de Seguridad de Madrid, ya amenazada en sus fechas por la tensión Este-Oeste, y a las relaciones con Estados Unidos y la URSS, éstas, al parecer, congeladas últimamente?

R. Bueno, es posible que algunos países pensaran influir en temas propios de España con motivo de la convocatoria de la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Madrid. Ello no es aceptable. No creo que esta convocatoria se vea afectada ni por este tema ni por la crisis internacional. Más bien al contrario, pienso que es bueno que se mantengan las fechas previstás inicialmente, que se aprobaron por consenso de todos, que sólo se pueden modificar por el mismo sistema y que constituyen una ocasión quizá única para facilitar la distensión.

Nosotros esperamos que la Unión Soviética acuda a esta cita después de haber hecho un esfuerzo en favor de la solución de la crisis de Afganistán. Esta crisis está en la base de un cierto enfriamiento de las relaciones Madrid-Moscú, que han tenido un amplio desarrollo en los últimos meses anteriores al tema Afganistán, con intercambio de visitas importantes que, en las circunstancias actuales, no creo posible que se repitan a otros niveles.

El acercamiento a la Alianza no provocará ningún problema con Estados Unidos. Completará una relación ya existente. Este tema y la renovación de los acuerdos serán tratados, entre otros asuntos importantes, con motivo de la visita del presidente Carter a Madrid,

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que se inscribe en las consultas normales que animan nuestras relaciones. Respecto a los acuerdos hay que señalar que esta vez tendrán la perspectiva atlántica y la novedad de que, en lugar de los grants o compensaciones económicas, España solicitará, en compensación a las facilidades que ofrece a Estados Unidos, una concreta cooperación tecnológica y económica.También en esta visita se abordarán temas de la actualidad internacional, como las crisis d de Irán y Oriente Próximo, que interesan a España.P. Oriente Próximo e Irán son dos temas de actualidad máxima, ¿Cuál es la posición de España en ambos?

R. En la cuestión iraní, España mantiene una actitud clara y firme. Hemos pedido la liberación de lo rehenes americanos y nos sumamos, en Lisboa, a las gestiones políticas que en este sentido realizaron los países de la CEE. El tema quedó ahí porque la actitud británica impidió a los nueve la adopción solidaria de medida económicas. También surgió entonces la acción militar americana. Nosotros estamos a favor de la inmediata liberación de los rehenes y en contra de cualquier solución militar a esta crisis, que creemos que debe resolverse por medios pacíficos, a pesar de las dificultades que ello conlleva.

En el tema de Oriente Próximo, España ha tomado iniciativas en favor de la OLP y de la reforma de la resolución 242 de la ONU. Esta última iniciativa, que tiende a que la OLP sea reconocida como única representante del pueblo palestino y a que se incluya en aquélla el derecho a la autodeterminación de este pueblo en su territorio, ha sido acogida con interés en muchos países. Y es la posición que prácticamente han recogido en Venecia los países de la Comunidad. Nosotros creemos que es esencial completar la resolución 242 para conseguir una solución global al problema de Oriente Próximo, que permanece bloqueado, muy a pesar de los acuerdos de Camp David, que han demostrado, en el tiempo, sus pocas posibilidades de éxito.

De todas maneras, considero que, tanto en el tema de Irán como en el de Oriente Próximo, España, que tiene la obligación de tener posición ante estas cuestiones internacionales, no ha intentado nunca asumir un protagonismo especial ni el papel de mediador. En Irán hicimos gestiones muy activa mientras nuestro embajador era el decano del cuerpo diplomático. En la crisis árabe-israelí no nos hemos limitado a exponer a nuestros amigos y aliados nuestro punto de vista. Ante Estados Unidos dijimos, claramente, que discrepábamos de su política en el área, que era equívoca y vacilante. Hemos insistido además en las líneas maestras de una solución global, en cuya conclusiones deben estar presentes, desde luego, Estados Unidos y la Unión Soviética.

P. ¿Podría España reconocer a Israel si se reforma en el sentido apuntado la resolución 242 de la ONU?

R. Ciertamente, porque ello supondría un principio de solución global al conflicto aceptado por e propio Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que es quien tendría que sancionar el tema sin el veto de rusos o americanos. Mientras tanto, hay que recordar que España no se opone a la existencia de Israel ni a su derecho de contar con fronteras seguras. Además, como es sabido, UCD así lo ha declarado en su compromiso electoral de 1979.

P. Ministro, hablando de rusos y americanos , ¿no le parece extraño que sólo se capturen en España agentes del KGB y no de la CIA? ¿Cómo se interpreta el silencio oficial ante la información publicada de que las calumnias lanzadas contra el director de EL PAIS procedían de la CIA?

R. Bueno, este caso que menciona me parece absolutamente inadmisible. El Gobierno no tiene ninguna prueba de que haya ocurrido así, porque, de lo contrario, habría actuado enérgicamente ante la confirmación de una injerencia en un asunto interno español. En cuanto a los temas del KGB que ha habido, puedo decir que han sido casos suficientemente probados.

P. Una de las condiciones para el ingreso en la OTAN es, según ha dicho, la puesta en marcha de la negociación sobre Gibraltar. Desde la declaración de Lisboa ¿no parece congelado o atrasado este proceso?

R. El tema de Gibraltar es el que más pasiones levanta en la opinión pública española cuando se habla de política exterior, y ha sido, siempre, el único escollo en las buenas relaciones históricas de España y Gran Bretaña. Yo quiero que esta cuestión se desdramatice y que no surjan prisas, después de 270 años de espera.

En Lisboa, gracias al pragmatismo de lord Carrington, demostrado ya en Rhodesia, se consiguió desbloquear la cuestión mediante una declaración en la que Gran Bretaña se comprometía, por primera vez, a negociar todos los aspectos del tema gibraltareño, sin excluir ninguno, y España a suspender la aplicación del artículo 10 del Tratado de Utrecht, es decir, las medidas sobre comunicaciones aplicadas al Peñón. También el Reino Unido aceptaba retirar sus restricciones. Se acordó ultimar los preparativos antes del 1de junio, y ello no ha podido ser, hasta el momento, porque España quiere una simultaneidad en la aplicación de estos compromisos. Hasta ahora, lo que hemos hecho es celebrar conversaciones técnicas sobre la modalidad de apertura de las comunicaciones, instalación de aduanas, eliminación física de la verja inglesa, etcétera. Debatimos unos temas que no por ser menores excluyen dificultades técnicas, políticas y jurídicas. El proceso está en marcha y sigue adelante.

Nosotros esperamos pronto la apertura de las comunicaciones y de la negociación, en la que entrará el tema de la soberanía, de la autonomía gibraltareña en el marco de la Constitución, y el desarrollo económico y cultural de la zona -donde podría crearse una universidad bilingüe-, y de la base militar, que encontrará su acomodo bilateral en el marco de la OTAN. Está previsto que lord Carrington y yo volvamos a reunirnos en las próximas semanas.

P. Marruecos ha pretendido muchas veces ligar el proceso de descolonización de Ceuta y M elilla al de Gibraltar. ¿Qué posibilidades hay de que esto ocurra? ¿Y Canarías, ante la OUA?

R. Nuestra posición sobre Ceuta y Melilla es muy firme. La calificación internacional de Gibraltar y de Ceuta y Melilla son bien distintas, por razones de origen, título y estatuto internacional. Gibraltar es para Inglaterra un territorio no autónomo desde 1963. Ceuta y Melilla son parte integrante de España. Por ello son situaciones muy diferentes y no comparables.

El tema de Canarias puede volver a salir en la OUA en cualquier momento, como pudo haber salido en otras ocasiones, y, de hecho, salió, porque basta que un país argumente que las islas, por estar próximas al continente africano, deben ser objeto de un proceso de descolonización para que ello permita el debate. Esto, con toda la irresponsabilidad que significa, puede suceder, y ante ello debemos estar preparados. El tema surgió en 1968 por primera vez, en Argel, y desde entonces se convirtió en una especie de serpiente de verano. Nosotros hemos reaccionado siempre ante estas iniciativas y hemos desplegado una amplia política informativa en el continente africano en relación con este tema, que, en opinión del Gobierno, no debe interferir nuestra política de amistad y cooperación con Africa. Hasta ahora, las gestiones diplomáticas han tenido éxito.

P. Las relaciones de España con el norte de Africano acaban de encontrar su punto de equilibrio. La pesca es ahora el botón de presión del Frente Polisario. ¿Podría España retirarse de las aguas de pesca saharianas y de fósfatos de Bu-Craa, haciendo buena y real la retirada hispana del Sahara, firmada en !los acuerdos de Madrid de 1975?

R. Este es un tema difícil para España, porque no tiene muchas alternativas. La mejor salida está en que las Naciones Unidas tomen responsabilidades en él. Esta hubiera sido la solución ideal durante la crisis de noviembre de 1975, pero fue rechazada entonces por España. De todas maneras, en los últimos años España ha buscado una política de neutralidad y equilibrio en la zona, aunque tampoco pensamos inhibirnos en un tema que nos afecta. Nosotros deseamos que Marruecos y Argelia se entiendan e intentamos mantener el diálogo con todas las partes afectadas, incluido el Frente Polisario. Lo que no haremos nunca es aceptar presiones como las que hemos sufrido con el apresamiento de nuestros pescadores. Ello sólo puede conducir a la ruptura de ese diálogo.

P. Cambiando de continente, tres cuestiones breves. España asistió a la cumbre de La Habana de los «no alineados». ¿Volverá a hacerlo? ¿Tenemos fecha para visita de Fidel Castro a España? ¿Asistirá Suárez a la cumbre americana de Quito?

R. España asistió a la cumbre de los no alineados por celebrarse ésta en un país latinoamericano. Tendría que haber razones muy poderosas para que se justificase la presencia española en un país de otro área. En todo caso, sería decidido en ese momento.

En cuanto a Fidel Castro, lo único que puedo decir es que no tenemos fechas para el viaje. Sí puedo anunciar, por el contrario, que el presidente Suárez viajará a Quito este verano para asistir a la cumbre del Pacto Andino.

P. Finalmente, ¿cuáles son las perspectivas de la política exterior de cara a 1983, fechas de nuevas elecciones?

R. Pensamos seguir manteniendo una política coherente, realista, dinámica e independiente. Una política europea, democrática y occidental, de defensa de los derechos humanos y en favor de la distensión y de la paz. Una política basada en el trabajo continuado de nuestros expertos diplomáticos, que garantizan la adecuación y la viabilidad técnica de las decisiones que vayamos adoptando.

Nuestros objetivos hay que plantearlos y alcanzarlos en el horizonte de 1983. No es posible revisar,juzgaro condenar una política a cuatro años todos los meses.

Tenemos que llevar a cabo aquellas acciones que nos permitan estar sin hipotecas y cerca de nuestros países amigos, con reacciones ante los temas que nos afectan directamente y ante cues tiones de índole internacional. Mantendremos nuestra dimensión europea y occidental en todos sus ámbitos, incluso en el defensivo, con nuestra adhesión a la Alianza Atlántica, as! como nuestro proceso de integración en la CEE.

También esperamos desarrollar las dimensiones americana y árabe de nuestra presencia en el mundo, colaborando en lit búsqueda de soluciones a los conflictos planteados. Por último, pensamos llevar con asiduidad esta política de Estado al Parlamento, y esperamos para ello que la Comisión de Exteriores del Congreso mejore sensiblemente su funcionamiento, que hoy aparece como insuficiente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 14 de junio de 1980.

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