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CARTAS AL DIRECTOR

Más sobre autonomía leonesa

En uno de esos días en los que uno tiene dinero, tiempo y ganas de leer -que todo hay que decirlo- para enterarse de lo que pasa en este país, estaba yo leyendo EL PAIS, cuando mis ojos se posaron sobre un artículo que en este mismo espacio, y titulado .«Autonomía leonesa», iba dirigido por una airada leonesa contra sus representantes ucedeos y pesoeros, por su reciente decisión de incluir a León en el ente preautonómico castellano-leonés.En primer lugar, debo manifestar que, como palentino, deseoso de que León formara causa común con nosotros y las demás provincias castellano-leonesas, uniéndose a nuestra opción autonómica, me alegré de la decisión -aunque tardía- de los dirigentes leoneses. Y explicaré el porqué de mi solidaridad con la decisión de, según dicha leonesa, estos traidores representantes.

Para mí, y creo que también para muchas otras personas, una región o nacionalidad autónoma debe estar compuesta por una serie de territorios, unidos por unas características socioeconómicas similares, constituir una unidad geográfica, tener una historia, una lengua y unas costumbres comunes. Lo ideal seria que se dieran todas estas características, pero, en su defecto, que por lo menos se dé alguna de ellas. Sinceramente pienso que León por si sola no cumple ninguna de estas características.

Como unidad geográfica, León tendría sentido integrado en Castilla-León, ya que constituye el borde noroccidental de la cuenca del Duero. Por si solo no es más que una amalgama de tierras diferentes (montaña, páramo, campos). Desde el punto de vista socioeconómico, aunque el Norte tiene cierta parte de su población dedicada a la minería, el resto de la provincia tiene como base económica la agricultura, como la mayor parte de la región. En cuanto a la historia, creo que su única opción diferente de Castilla-León seria su unión con Zamora y Salamanca, el viejo reino leonés. Pero, a decir verdad, los reinos de Castilla y de León han pasado más tiempo juntos que separados.

Por todo ello pienso que León, como provincia autónoma, independiente de Castilla-León, no tiene sentido y todo esfuerzo en esta dirección no es más que pura cabezonería o tal vez «maniobrismo caciquil» para mantener dividida a la región./

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de mayo de 1980