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Tribuna:SPLEEN DE MADRID

La movida del oro

¿No quedábamos en que no hay dinero para nada, que las fábricas están paradas, los grandes empresarios pidiendo limosna a la puerta de las marisquerías, los ricos de chamarileros en el Rastro, los domingos, chamarileando su riqueza, y todo por culpa de la democracia, el frentepopulismo, la pornografía, los masones y Marisa Medina?

Parece que no hay dinero para nada y resulta que hay dinero para lo más caro, el oro, para lo más inútil, lujoso, suntuoso, fastuoso y ocioso: el oro. Ahora es el momento, en Madrid, de comprar oro puro en lingotes. En formatos de cinco a 250 gramos, con garantía de peso y pureza, numerados y reconvertibles, usted puede y debe comprar lingotes de oro, aquí y ahora. Hay como un brillo cínico en el oro, el brillo de la riqueza bruta, pura, exenta, natural, mineral, y quizá por eso los que llevan un diente de oro suelen tener una sonrisa involuntariamente cínica. Menos mal que mi querido doctor Pacios y otros sabios están haciendo de la odontología una deontología y cambiando la sonrisa de la gente, quitándole a las bocas ese cinismo de oro.

Cuando la economía de un país llega al puro /impuro pragmatismo del oro, es que hemos tocado fondo -fondo de oro- y que ya no hay otros valores, ni morales ni convencionales, como el papel/moneda, que sirvan a la gente para entenderse y no estafarse. La peseta sigue bajando y el oro subiendo. Lo más cínico del oro es que ha costado vidas, sangre, ruinas, honras, revoluciones, y apenas sirve para nada. Uno diría que el oro se burla de nosotros. Es, algo así como la sonrisa cínica de la naturaleza ante la avilantez humana. Ya Góngora vió la ironía de algunas montañas. Y Peter Handke en La mujer zurda.

Acaba de decirlo Carlos Bustelo:

-España produce anualmente más de 3.000 kilos de oro.

Esto pasa en las canteras auríferas de Río Tinto, Huelva, o sea en una de las provincias más tercermundistas de España, con lo que la sonrisa del oro se hace más cínica sonriendo al tracoma de los niños del cono sur de España.

También en el río Nervión y en Rodalquilar está saliendo y puede salir más oro. Pero ni siquiera en el oro es oro todo lo que reluce, sino sudor, trabajo, plusvalía, usura y balanza de pagos. Entre el oro que no vamos a ver y los turistas que no van a venir, por amable sugerencia del terrorismo, yo creo que tenemos resuelto el 1980. Todas en la ruina, las cien familias, con los muebles isabelinos en la calle, por culpa de Felipe González, hasta que sale una subasta Durán o Sotheby's, una oferta de oro en lingotes, monedas o medallas, una nueva acuñación auroespañola de la Eternaspaña, una moda alta costura, un safari de relojes a los grandes lagos de Suiza, y en seguida empieza en Madrid la gran movida bienoliente del mogollón chapadoa. la antigua, de la basca estofada en panes de plata. Es la movida del oro. No hay dinero para utillería ni infraestructuras, todo se viene abajo, España, España, aparta de mí este cáliz, que dijo Vallejo, este cáliz de oro y pedrería en subasta (a ver si baja un poco de precio y nos lo llevamos a casa, amor), no hay dinero para aumentar salarios, emplear parados, no hay oro para dorar un poco el marco del acuerdo-marco de Ferrer-Salat, pero mira, mira si sale pastizara a la husma del oro en lingotes. Cuando una sociedad se agarra al asideró final del asa de oro, es que esa sociedad ya no cree en nada, que se ha hecho cínica, con cínica sonrisa de oro, y hemos tocado fondo.

Uno sabe bien cómo provocar en Madrid la movida del oro, hacer que la guapa gente de derechas se abra hacia los paraísos artificiales con alfombras persas, donde se pasan modelos con la modelo incluida en el precio y se subastan sardinas de Sorolla a precios de langosta. Ni ideologías ni libertades ni coñas. Al pan pan y al oro, oro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de marzo de 1980