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Tribuna:TRIBUNA LIBRE

Las nuevas fronteras de la democracia / y 2

La participación es el deseo de todo hombre que quiere ser persona y quiere ser protagonista, que quiere de verdad vivir en democracia. Este deseo existe en el ciudadano actual, porque quiere adherirse a una idea filosófica, humana o política que merezca la pena y que nazca de la participación, evitando así que venga impuesta por las circunstancias o por algunos grupos dominantes.Pero el participar presupone que el ciudadano encuentre unos cana les de participación y de información adecuados. En cuanto a la participación en una sociedad moderna, esos canales son fundamentalmente los partidos políticos, los sindicatos y los entes autonómicos. En cuanto a la información, el Poder tiene que iniciar los debates públicos sobre los principales problemas que tenemos planteados, aprovechar todo el potencial informativo y pedagógico de los modernos medios de comunicación de masas, fundamentalmente la televisión , y ponerlos al servicio de toda la sociedad y no de los grupos de poder. Es necesaria una didáctica política para desarrollar la participación del pueblo español. Sin estas premisas de participación e información no es posible el acceso a la democracia real, y que la participación se haga sobre unas bases pedagógicas y culturales.

Los partidos políticos

El reducir los partidos políticos a ser solamente instrumentos de conquista del poder inmediato les ha conducido a transformarse en máquinas electorales, abandonando su doble papel de ser instrumentos de formación y de participación de la opinión pública y, sobre todo, de propuesta de modelos alternativos de sociedad. Proponer un proyecto a largo plazo es la función fundamental del partido. Permitirle a la opinión pública formarse un criterio sobre la alternativa del futuro y abrir un verdadero debate en la sociedad sobre las perspectivas de este futuro es la razón de ser de un partido que busca conquistar el poder para llevar a la sociedad hacia una meta.

El papel de un partido que quiera responder a esta exigencia actual es así doble. A largo plazo es exponer su ideología, es decir, su visión de cómo se puede estructurar una participación intensa, pero a la vez racional, que haga de la democracia una metodología de desarrollo de la responsabilidad individual a la vez que un procedimiento de evolución estable de la sociedad. A corto plazo, es ejercer su función de gobierno si tiene la mayoría o su función parlamentaria de control, regulación y crítica del Poder si está en la oposición, pero, en función de las metas de sociedad que cada partido representa. Es misión también de un partido promover una postura política que haga patente la preocupación de rendir cuentas al electorado y que haga posible la participación responsable ciudadana en aquellos niveles de sociedad que no son solamente parlamentarios. Una actitud política que conjugue, a corto plazo, la labor parlamentaria con la defensa, a largo plazo, de los modelos de sociedad que vayan a resolver los problemas de fondo o estructurales y no solamente los problemas actuales o coyunturales.

Las autonomías deben perseguir y superar los inconvenientes del centralismo y potenciar un sistema político y administrativo dentro de un marco de libertad de los pueblos que permita la construcción de un Estado democrático eficaz y participativo. Por ello conviene ver lo que tiene que ser el proceso autonómico desde la perspectiva de su naturaleza, contenido y método de promoción y orientación.

La naturaleza de las autonomías no hay que confundirla con el separatismo. Hay que reconocer el hecho diferencial de nuestras regiones, pueblos y nacionalidades, fruto de la historia colectiva. Por ello, el mismo concepto de autogobierno no conviene interpreta.Ése solamente de una forma simplista, como si significara separatismo insular. La autonomía significa en el mundo actual precisamente lo contrario. La vía por la cual se busca determinarse con otros para construir una comunidad cada vez mayor. Puede ser, como lo ha sido históricamente, la condición misma de la construcción de un Estado cada vez más amplio y capaz de conseguir su meta fundamental: crear solidaridad entre todos los pueblos, base de una profunda unidad.

El contenido de los entes autonómicos, en este caso, debe responder al mismo criterio. No puede ser un planteamiento centralista local sustitutivo del antiguo centralismo nacional. Las autonomías deben contener en sí mismas unas estructuras infrasoberanas que permitan el reparto interno de la responsabilidad entre provincias, comarcas o municipios, de suerte que tengan una infraestructura coherente con una concepción del Estado que busque repartir responsabilidad, es decir, participación ciudadana en el quehacer colectivo.

El método de construir el Estado autonómico tiene que rechazar los procedimientos actuales de promoción bilateral entre el Poder y cada autonomía concreta. Este procedimiento lleva a una sensación de manipulación y a un regateo peligroso para el Poder y para el proceso autonómico, tendiendo a crear varias clases de autonomías y haciendo correr el riesgo de una construcción ingobernable que favorezca el autonomismo centrífugo. Al contrario, un planteamiento coherente presupone que se considere simultáneamente la globalidad de todas las autonomías. Empezando por potenciar la infraestructura, local y provincial como instrumento de promoción y asentamiento de las autonomías responsables, sentidas por la opinión pública como culminación de un proceso de liberalización de la responsabilidad ciudadana y construcción del Estado autonómico que contempla la Constitución.

Es necesario crear, por tanto, una infraestructura municipal, comarcal y provincial, capaz de sostener de abajo arriba el proceso autonómico. Así se hizo, por ejemplo, en la Alemania de la posguerra. Procedimiento que permitió a ' este país, cuya unidad no tenía más de un siglo, en cinco años, de 1945 a 1949, construir de abajo arriba un Estado federal, es decir, un Estado unitario donde todos los peligros del separatismo insolidario fueron descartados; donde la coherencia se realizó a través de un esquema común de estructuras racionales.

La orientación centrífuga actual desaparecerá entonces sustituida por un planteamiento solidario de reparto de funciones y responsabilidad. La auténtica libertad de los pueblos y entes infrasoberanos se traducirá en planteamientos de corresponsabilidad. Los valores populares y tradicionales en sus culturas, lenguas, arte y modos de ser se traducirán en un enriquecimiento de las personalidades colectivas. La soberanía de la cumbre se verá reforzada por todo el proceso de soberanías sociales, infraestructura básica de una democracia compartida y comunitariamente asumida. Descargándose el Estado de la infinidad de responsabilidades concretas características del centralismo ineficaz por su burocracia, y antidemocrática por su falta de promoción de participación popular. Dará la oportunidad para revisar las actuales estructuras socioeconómicas envejecidas a través de un proceso de cambio sin sobresaltos.

Potenciar el sindicalismo

El sindicalismo en una democracia avanzada debe tener dos papeles igualmente importantes. Ser instrumento de autodefensa del mundo del trabajo en su acción reivindicativa y participar de forma activa y eficaz en la responsabilidad de la colectividad. Dividir el sindicalismo, debilitar su poder, limitarlo a ser nada más que un instrumento de autodefensa de la clase trabajadora, imposibilita, además, su participación en la responsabilidad económica y política. Es condenar al sindicalismo a un enfrentamiento continuo sin una plataforma de diálogo estable y civilizado.

En la medida en que se abran al sindicalismo otras vías políticas , su acción, la lucha reivindicativa podrá alcanzar cada vez niveles más responsables en cuanto a los problemas concretos de contratación, salarios, seguridad y conflictos, como ha podido verse en el Estatuto de los Trabajadores, recientemente aprobado.

La unidad sindical, o por lo menos su unidad de acción dentro de las variedades de organizaciones, es esencial para que la clase trabaja dora se pueda sentir responsable del porvenir de las empresas y de la economía. Por ello, potenciar el sindicalismo como instrumento unitario y potenciar el diálogo con la patronal es abrir la vía de un sindicalismo responsable y creativo. El trabajador dejará de ver al sindicato únicamente como un instrumento de defensa de sus intereses frente a la sociedad para concebir lo, además, como instrumento propio de participación en las de cisiones económicas y sociales dentro de esta misma sociedad, como un instrumento de conquista de una responsabilidad que le pertenece por naturaleza. La patronal dejará de ver al sindicato únicamente como un grupo de presión amenazador y antagónico y lo aceptará, además, como un interlocutor válido y responsable frente a la problemática empresarial y económica que afecta a nuestra comunidad. Interlocución o diálogo que servirá para resolver la crisis económica actual. Por ello, es importante que el trabajador, el sindicato, vea la forma en que se va a concebir el futuro Estado, y tenga presente que la participación responsable en el diálogo con la patronal no implica necesariamente la aceptación del sistema capitalista.

La crisis económica profunda y acuciante, con un paro que alcanza el 10% de la población activa y una inflación que supera el 15% anual, es perfectamente superable. Las soluciones técnicas son conocidas y aplicables. Lo que hace falta para aplicarlas es un método político que las haga aceptables. Pero aceptables por la corresponsabilidad y no por el engaño de las falsas promesas, o por la dominación de una parte sobre la otra. El único método político que ha dado resultado en Europa y puede darlo aquí es el diálogo organizado entre la patronal y el sindicato, es decir, entre los protagonistas sociales. En otras palabras, el mecanismo político para llegar a una solución económica pasa por la construcción de una Cámara Económica y Social.

La Cámara Económica y Social, prevista por la misma Constitución, aparece hoy como el instrumento necesario para establecer un diálogo sindicato-patronal, para ofrecer al Poder y al Parlamento soluciones empresariales y laborales, soluciones de fondo propuestas en plena igualdad entre las partes y muy diferentes de las actuales, que consisten en salvar día a día la situación esperando que el tiempo y algún milagro nos saquen de la crisis.

El llegar a esta construcción supone un cambio de actitud. Presupone que el Poder desee y vea necesario potenciar el diálogo directo y real entre los antagonistas sociales. Presupone también que la patronal y el sindicato compartan la misma perspectiva en cuanto a la lucha dialéctica y al modo de llegar a una convivencia que supere la posición de fuerza como único argumento decisivo.

La Cámara Económica y Social podrá entonces potenciar a la vez al sindicato y a la patronal, precisamente porque obligará a ambas a un diálogo sobre el procedimiento a seguir en la crisis y hacerse responsables del futuro socioeconómico del país. Permitirá construir la base para emprender las reformas empresariales y financieras, las reformas de política económica, las presupuestarias, monetarias o fiscales y todas las reformas económicamente urgentes.

La Cámara Económica y Social, además, será útil para potenciar una unidad sindical que permita superar la división partidista actual, potenciando, precisamente, su unidad de acción. El mundo del trabajo verá entonces en el sistema sindical un aparato más independiente de los partidos políticos, un instrumento más comunitario, un instrumento realmente más coherente con el ideal del sindicalismo, al cual la mayoría de los trabajadores podrán adherirse sin sentirse supeditados a opciones partidistas en materia social y laboral.

El Gobierno dejará entonces de ser el rompeolas de todos los descontentos, el intermediario de todos los conflictos y el juez de todos los antagonistas. El Poder podrá alcanzar su verdadera dimensión, la dimensión arbitral que permite llegar a potenciar aquellos acuerdos entre las Partes que responden a necesidades globales de la sociedad. El Poder podrá entonces tener esa autoridad necesaria porque habrá abierto el cauce ' a un mecanismo de progreso democrático por la vía del diálogo, permitiendo la confrontación de los derechos legítimos de las partes".

Un Proyecto político de estas características puede aportar una solución global no sólo a los problemas meramente coyunturales, sino crear además unas sólidas estructuras democráticas que permitan, en la línea de nuestra Constitución, consolidar nuestra joven y débil democracia.

Es necesaria una configuración coherente del Estado, desarrollando un sistema autonómico eficaz que permita construir unas estructuras solidarias federativas, un sistema participativo democrático de amplia base parlamentaria y un modelo económico que permita una planificación racional del sistema productivo.

Es necesario desarrollar la Constitución con un proyecto político global, conquistando la adhesión necesaria en la sociedad para transformar sin sobresaltos las actuales estructuras, logrando asentar una democracia avanzada y responsable. Este planteamiento permitirá, además, afrontar en profundidad la crisis del mundo moderno y sentar las bases de un modelo de sociedad para el futuro. ¿Es función de un partido político el presentar esta alternativa global o es el hecho de luchar por una subsistencia política lo que ha impedido a los partidos presentar el proyecto adecuado y contradictorio a unos intereses que aún permanecen y condicionan a la democracia? ¿Podría un partido que asumiese esta responsabilidad ocupar un espacio electoral que responda a esas inquietudes dentro de la, mecánica programada del cuadro de intereses y probabilidades de permanencia de una democracia débil y aun condicionada?

. Estas interrogantes invitan a una meditación seria y a una responsabilidad para todos aquellos que se están replanteando estos problemas en profundidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 19 de marzo de 1980