Crítica:LOS CONCIERTOS DEL REALCrítica
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Los Solistas de Zagreb y la Orquesta Nacional

Volvieron los conciertos de la Universidad Autónoma con dos actuaciones de los Solistas de Zagreb, dedicadas a Bach y Mozart. El conjunto, bien conocido por visitas anteriores y a través del disco, está dirigido ahora por el concertino Tonko Ninik.Se advierte un trabajo cotidiano, aunque no estemos ante una formación excepcional, ni mucho menos. Una cierta opacidad sonora y algo de monotonía expresiva restaron a los Divertimentos mozartianos (KV 136, 137 y 138) parte de su atractivo. Fue exacta, en cambio, la colaboración con la pianista Dubravka Toinsic, de técnica clara, serio concepto y bella sonoridad. Con todo, su mayor triunfo lo alcanzó en uno de los tres «bises» ofrecidos: una sonata de Scarlatti tocada prodigidiosamente. Afluencia masiva y entusiasta de un público juvenil que aplaudió sin tasa.

Solistas de Zagreb

Director: Tonki Ninik. Solista: D. Tomsik. Orquesta Nacional. Director: García Navarro. Solistas: E Corostola, J. Ortí y M. Torrent. Obras de Mozart, Rodríguez Albert, Hummel y Saint-Säens. 5 y 7 de marzo.

García Navarro y la Nacional

Volvió el director valenciano al Real para dirigir un programa atractivo e interesante en el que, a modo de homenaje póstumo, se estrenaba una breve y bien concebida obra de Rodríguez Albert: Ciclo, cadencial en torno a Falla. El compositor, ferviente admirador de don Manuel, dedicó tres obras al autor del Amor Brujo: un Homenaje para piano, en 1944, que se estrenaría, después de la muerte de Falla, en Altagracia; Antequeruela, para clave y conjunto instrumental, dado a conocer en Granada el año 1976, y este ciclo con el «clave» como protagonista, en el que desde una óptica personal se evoca, una y otra vez, la música del gaditano, bien desde ciertas combinaciones sonoras y armónicas, bien desde algunos giros andalucistas. Todo es claro, soterradamente lírico, escueto y bellamente poético. Más aún: todo es verídico en esta limpia música, sin trampa ni cartón. Otro artista valenciano, el trompetista José Ortí, abordó con gran brillantez y gracia expresiva el leve concierto de Hummel, expuesto por la orquesta con calidades sonoras, viva continuidad y diferenciación intencional: cuanto va de lo lírico a lo scherzante y casi «giocoso». El repertorio virtuosístico que la página requiere quedó dominado por la capacidad de Ortí, lo que supuso grandes ovaciones para solista, orquesta y director.

La parte «de director» estaba reservada a García Navarro en la sinfonía con órgano de Saint-Saens, una obra grande, original e impostada en un sentimiento filorromántico según el gusto francés. García Navarro, como es frecuente en nuestros directores, gusta abordar estas páginas de gran sinfonismo, para el que, por disposición temperamental, parece dotado. Contando con la excelente colaboración de la organista Montserrat Torrent, García Navarro logró resultados brillantes, dignos de los aplausos obtenidos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 10 de marzo de 1980.

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