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Gran despliegue militar en las calles de Kabul

Kabul, Nueva Delhi, Peshwar

Un gran despliegue de medidas de seguridad hizo remitir ayer los disturbios callejeros registrados el jueves y el viernes en la capital afgana, Kabul, que ayer permanecía prácticamente bloqueada en sus accesos terrestres por parte del Ejército y las milicias del partido en el poder, según despachos de agencia. La imposición el viernes de la ley marcial en Kabul se debería, según fuentes sin identificar citadas por la agencia UPI, a la rebelión de 4.000 soldados afganos contra los oficiales soviéticos que les dirigen. Los oficiales habrían ordenado a la tropa disparar contra manifestantes musulmanes que protestaban por la ocupación soviética de Afganistán. Los disturbios en Kabul continuaron ayer, según viajeros salidos del país.

Durante todo el día, los comercios permanecieron cerrados en la ciudad, cuyo espacio aéreo fue constantemente sobrevolado por aviones y helicópteros afganos y soviéticos. El cierre de los comercios del barrio del Bazar, de Kabul, y los disturbios, que habrían ocasionado un número aún desconocido de muertos, se iniciaron el jueves tras los repetidos llamamientos a la huelga general realizados por grupos de adscripción musulmana que se oponen a la presencia de militares de la Unión Soviética en Afganistán.Fuentes oficiales señalaron ayer que las comunicaciones telefónicas continúan averiadas, lo cual dificulta la obtención informaciones contrastadas. Así, algunos despachos señalaban ayer que el número de muertes producidas en los disturbios del jueves y del viernes pasados podría elevarse al centenar, si bien nadie ha podido confirmar este extremo. Buen número de los periodistas destacados en Kabul permanecieron durante todo el día de ayer recluidos en un céntrico hotel de la capital afgana, por orden de las autoridades, y los testimonios e informaciones se recogen en ciudades paquistaníes y de la Unión India, adonde llegan algunos viajeros procedentes de Afganistán.

Las autoridades afganas, junto a los soldados soviéticos, han incrementado el patrullaje de las calles de Kabul, y la observancia de la ley marcial, decretada el viernes, se ha hecho tajante. De cuando en cuando se escuchan tiroteos esporádicos en Kabul, pero se desconocen realmente los balances de muertos y heridos.

Otras noticias señalan que las tropas soviéticas no llegaron a abandonar los acuartelamientos donde permanecen sus unidades terrestres, limitándose su actual misión a la faena de sobrevuelo de la ciudad por parte de algunas unidades de la fuerza aérea.

Según Radio Kabul, detrás de los acontecimientos y disturbios recientes se ha hallado una red de espías extranjeros, nutrida por paquistaníes y chinos y comandada por un ciudadano norteamericano llamado Robert Lee. Las mismas fuentes precisaron que la actividad de los supuestos espías, calificada como sabotaje, será vista por un tribunal sumario en breve plazo. La agencia soviética Tass denunció la vinculación de Lee a los servicios de inteligencia norteamericanos, concretamente a la CIA, y subrayó que los disturbios ocasionados por estos presuntos agentes tenían como finalidad la interrupción de las tareas de recogida de mieses, para crear problemas en el suministro de comestibles.

Por su parte, el Departamento norteamericano de Estado no confirmó la detención de ningún ciudadano norteamericano en Kabul que respondiera a esos datos.

Muere el vicepresidente Keshtmand

Informaciones procedentes de la capital paquistaní afirmaban ayer que el vicepresidente del Consejo Revolucionario afgano, sultán Alí Keshtmand, murió el pasado jueves en Moscú, adonde fue trasladado recientemente desde Kabul para ser tratado en una clínica soviética. Keshtmand era, según diplomáticos afganos, el tercer hombre en la jerarquía del régimen de Babrak Karmal y sobre su persona reunía los cargos de vicepresidente del Consejo, viceprimer ministro y ministro de Planificación. Su cadáver llegó ayer a Kabul, donde circulan rumores de que el dirigente habría muerto en un tiroteo, en circunstancias no aclaradas. No se descarta que Keshtmand hubiera sido asesinado.

No obstante, Radio Kabul no informó de esta muerte, cuya significación política resulta relevante, dado el estrecho grado de colaboración que el muerto mantuvo en vida con Karmal, presidente de Afganistán.

Despachos norteamericanos fechados en la capital de la Unión India, Nueva Delhi, subrayan que entre los militares afganos encargados de la represión de los disturbios se han producido deserciones, así como actitudes hostiles contra la presencia de militares soviéticos en el país.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de febrero de 1980

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