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Joan Brossa expone, por primera vez en Madrid, una antología de su poesía visual

El poeta catalán Joan Brossa expone, por primera vez en Madrid, una antología de su producción de poesía visual y poemas objeto. Decidido partidario del lenguaje de la imagen, «más universal que el código literario», cuelga en la galería Skira, desde el pasado miércoles, varias carpetas fechadas entre 1941, «cuando no se hablaba de poesía visual y concreta», y 1978, junto con objetos poéticos y una muestra de sus libros de bibliófilo, realizados en colaboración con Miró y Tápies.

Joan Brossa (Barcelona, 1919) representa un caso singular en la literatura catalana contemporánea. Poeta de plena dedicación, amordazada la lengua catalana durante el franquismo, realiza una amplia obra al margen de tendencias y modas, conocida a partir de 1970 con la publicación de Poesía rasa, Poemes de seny i de cabell, Poemes visuals, Septet visual, los recientes Poemes objecte y los cuatro volúmenes de su Poesía escénica, con más de cien obras de teatro.«La poesía visual es un exponente de nuestro tiempo», declaró a EL PAÍS Joan Brossa, «mientras que la poesía literaria, como utilización de un código literario, después del surrealismo, está más agotada. Tengo la impresión de que un poeta con pocas cosas que decir si utiliza el código literario sale bien de la empresa, es como llevar un salvavidas puesto; la poesía visual, como el arte, es una aventura. La poesía visual, si se hace bien, se puede utilizar de varias maneras y hacer poemas de tipo político, lírico y romántico. En nuestra civilización predomina la imagen, es un código universal que me interesa utilizarlo en sentido ético, dando a los signos un contenido poético.»

Entre los poemas encerrados en libro o colgados en una galería de arte, Brossa sólo los diferencia en su manera de mostrarlos. «Es una óptica diferente, los poemas son los mismos. En una carpeta los ordeno cronológicamente y en una galería los ordeno en una pared. La poesía visual tiene la ventaja que está predispuesta a salirse del libro, más limitado, con una canalización concreta. Yo siempre digo que la poesía visual no es dibujo ni pintura, sino un servicio a la comunicación. Como no soy grafista o pintor, cuando hago un poema visual lo concibo y lo realizo mediante letras de periódicos. Al editarlo, traslado el trabajo a un grafista que plasma las letras, aunque, a veces, pretenden poner letras con adornos y sombras, que yo detesto. Me interesa el blanco y el negro, que expresan el concepto.»

Brossa, enraizado en la cultura catalana, relaciona la comprensión de su obra con la enseñanza desde la escuela. «El código visual está más quemado que el literario, excepto en el caso de la publicidad y otras alienaciones. El espectador tiene que hacer una lectura cambiando su código, distinto al literario. Es un problema de escuela; si ella formara en lugar de deformar, sería más comprensible. La gente dice que ser universal es ser muy de su país, de su tierra. En Cataluña tenemos el problema terrible del lenguaje. De todas formas, el problema del entendimiento del público no me lo planteo. Hay que ser sincero consigo mismo, esto es lo que pretendo, y tener una lógica dentro de mi poesía. En los momentos que no podía publicar y mi obra estaba alejada de la poesía oficial en Cataluña, he encontrado eco en mucha gente. En la historia de la humanidad no hay artista que se le haya aceptado pronto su obra.»

Hasta llegar a la «esencialidad máxima», la poesía visual de Brossa llega a través de sus etapas de postsurrealismo y de la poesía esencialista, en el límite del lenguaje, convertido en metalenguaje. «Madurar, consiste en ser esencial. En estas mismas salas se exponen obras de Floreal, una pintura muy visceral, mientras que las mías son muy intelectuales. Cada uno sigue su camino, pero se complementan en el hecho de la expresión artística. Yo prefiero lo más estricto.»

La colección de Poemas objeto que se muestran en la exposición es una evolución en la obra brossiana y un cambio de soporte, del libro al cartel y del cartel a un objeto «que tenga entidad propia», por lo general, utensilios y cosas de la vida cotidiana. «En el fondo, considero que soy un poeta realista. El hecho de ser realista no excluye el problema de la creación. La moda de la "poesía social" era una claudicación del poeta ante unas realidades políticas. El realismo tiene que aportar el sentido creativo de la evolución artística que marca nuestro tiempo.»

El teatro completo de Brossa, llamado por el autor poesía escénica, ocupa cuatro volúmenes. En el último número de la revista de teatro Pipiriaina, se publican varias piezas inéditas agrupadas con el título de Strep-tease y teatro irregular. «Mi teatro tiene una raíz poética, me proyecto como poeta. Empezó como una búsqueda de la cuarta dimensión del poema; tenía la lengua y el tema, pero faltaba el movimiento. A base de escribir descubrí las posibilidades del teatro, sobre todo, dibujar en un espacio escénico con un sentido diferente. En este sentido me interesaron las innovaciones del transformista Frégoli, junto con elementos de sorpresa, de tipo poético, y una forma particular en los diálogos. Debido a la poca preparación de los actores no ha quedado satisfecho con los escasos montajes de mis obras. El actor español es un actor del Tenorio. Tengo el proyecto de acabar de publicar el teatro completo y buscar un equipo reducido de actores para montar las obras en continuidad. Estoy seguro que si se representan algunas piezas tendrán impacto y escándalo, ya que contienen un elemento vivo todavía inédito.»

Los libros de bibliófilo son la producción «comercial» de Brossa. Se iniciaron con una edición especial de Poemes civils, ilustrada por Tápies y Miró, artistas que aparecen junto con Villellia y Mestres Quadreny en otras ediciones, como Cop depoma, Elpa a la barca, Oda a Joan Miró, Tres Joans, Novel.la, Frégoli, Nocturn matinal y Uno es ningú, cuyos poemas se publican también en ediciones populares. «Estos libros me permiten vivir. Me gano la vida, pero no me la pagan. Son las reglas del juego. A cambio de esto, puedo trabajar con libertad. Hay que saber elegir.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de febrero de 1980