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Editorial:

Fútbol por decreto

EN TANTO que el carnaval de las preautonomías, tan viajeramente organizado por el señor Clavero durante su etapa de ministro para las Regiones, ha dejado de ser una costosa y divertida farsa para transformarse en un auto calderoniano, el máximo responsable de la fabricación de este abigarrado puzzle que es el «mapa preautonómico» ha sido obsequiado con un nuevo juguete.En alguna ocasión indicamos que el señor Clavero no tiene ninguna culpa de no ser Malraux, pero ahora añadimos que es menos justificable que el señor Suárez, incapaz de distinguir las voces de los silencios en este terreno, considere ese ministerio como un devaluado premio de consolación, tan sólo endulzado por el caramelo de los deportes y la simulada dependencia de una televisión firmemente anclada, en realidad, en los despachos del palacio de la Moncloa.

Por lo demás, el señor Clavero parece encontrar más compensaciones ocupándose del fútbol que de la cultura. Por lo pronto, su decisión de desenterrar un olvidado decreto de 1959 para forzar la retransmisión del Spórting-Real Madrid el próximo día 25 garantiza que su pasión intervencionista en el deporte-espectáculo va en serio. Los buenos aficionados y todos los ciudadanos que se aburren al caer la tarde del domingo se lo agradecerán. Pero, en cambio, no podrán por menos de criticarle quienes detestan los trucos de leguleyo de los políticos, discrepan de la interpretación que el ministro hace del "interés general» invocado para esa impositiva retransmisión, recuerdan con desagrado la estrategia del panem et circenses del anterior régimen, rechazan el intervencionismo estatal en los libres acuerdos entre las partes de un contrato y lamentan que en una época de crisis económica y contención del gasto público se abra el portillo para lo que puede ser una elevada suma a pagar en concepto de indemnizaciones por daños y perjuicios no sólo al Gijón, sino a todos los equipos lesionados en sus taquillas.

Mañana se reúnen en asamblea los clubes de fútbol que se consideran afectados por la decisión ministerial, que contraviene unilateralmente el acuerdo mayoritario de no contratar con Televisión transmisiones de los partidos los domingos por la tarde y propiciar, en cambio, su traslado a los sábados. El señor Porta, gracias a esa veleta para orientarse según los vientos dominantes que lleva siempre consigo, se ha constituido en organizador de esa rebelión, que puede terminar con el lock-out de los clubes que juegan en campo propio el próximo domingo. El recuerdo de la colérica oposición del presidente de la Federación Española de Fútbol a lajustificada huelga de jugadores el pasado año y la sospecha de que el señor Porta se propone utilizar el nuevo acuerdo con Televisión para reforzar su propio poder, precisamente en el momento en que el desastre de su gestión en otros terrenos no le deja otro camino digno que la dimisión, no priva, sin embargo, de solidez a la postura de los clubes de fútbol. Porque son razonables tanto su negativa a unas retransmisiones que perjudican seriamente -como sucede los domingos- las taquillas de los equipos modestos, como su resistencia a que un ministro se ponga el mundo por montera y dé una larga cambiada para imponer, mediante un decreto de hace veinte años, una retransmisión deportiva contra la voluntad expresa de los interesados.

Ni los deseos de la afición por ver en directo el Spórting-Real Madrid ni la incapacidad de los actuales responsables de Televisión para llenar satisfactoriamente las tardes dominicales son argumentos bastantes para admitir esa cacicada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de noviembre de 1979