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Crítica:CINE/

Un Oeste anacrónico

La historia comienza llena de malos presagios: un joven vaquero es tiroteado sin motivos, un potro muere indefenso... Llega un jinete. Sin más. Lo otro es un intento del vendedor de estropear un hermoso título.Llega un jinete. Un curioso y extraño western que tiene el atrevimiento de suceder en pleno siglo veinte. Pero no es esta su única audacia. También hace falta valor para filmar a un vaquero a caballo haciéndole la corte a la chica que va en camioneta. Una vez más el tema central de todo western de los años sesenta en adelante: mundo viejo, que se resiste a morir, contra mundo nuevo, que acaba con toda vida, coche contra caballo. Lo viejo y lo nuevo. Pero, aunque cualquier tiempo pasado sea mejor, todo lo viejo no es necesariamente bueno. Antes había buenos y malos, pero ahora sólo peores: banqueros con sueños negros de petróleo.

Llega un jinete libre y salvaje (Comes a horseman)

Director: Alan J. Pakula. Guión: Dennis Lynton Clark. Fotografía: Gordon Willis. Música: Michael Small. Intérpretes: James Caan, Jane Fonda, Jason Robards, George Grizzard y Richard Farnsworth. Norteamericana, 1978. Locales de estreno: El Españoleto y Mola.

Esta es la historia que nos cuenta Alan J. Pakula, un narrador al que no debemos subestimar, pues, aparte de uno de los escasos filmes negros vigorosos de los últimos años -Klute-, es autor de un mal conocido filme titulado Todos los hombres del presidente, en el que salía airoso de una espinosa empresa, realizando una película casi ascética sobre un tema tan ruidoso y propenso a espectaculares desmadres optimistas como el affaire Watergate.

Una historia de amor

Llega un jinete es también una de las más emocionantemente elípticas historias de amor que nos ha sido dado contemplar en bastante tiempo. Una película en la que Gordon Willis -responsable del blanco y negro de Manhattan- retrata, como pocas veces se ha hecho, los negros nubarrones, los cielos tormentosos, los pastos verdes y los oscuros establos de un Oeste tan anacrónico como la misma película.En el reparto, Jarnes Caari. cumple con la eficacia que le caracteriza, Jane Fonda demuestra que cada vez es mejor actriz y se parece más a su padre, Jason Robards, un hombre con un poco de Fonda, un poco de Brennan y un poco de Bogart, compone un malo singular, y Richard Farrisworth logra el personaje más entrañable del filme, Dodger, un viejo vaquero parlanchín que muere con la dignidad de los grandes guerreros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de octubre de 1979

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