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Crítica:CINE

Parapsicología en el autocine

Desde sus comienzos en el «cine independiente», con los complejos amores entre un marinero y una sirena en Night Tide (1961), hasta su posterior adecuación en el campo de la «serie B» en las grandes compañías y sus esporádicos trabajos para televisión, Curtis Harrington siempre ha contado historias de misterio que se desarrollan en un ambiente de pesadilla. Esta vez la anécdota se sitúa en 1951, con un prólogo ocurrido dieciséis años antes, y cuenta la parapsicológica venganza llevada a cabo por un muerto contra sus asesinos. Como suele ser habitual en este tipo de obras, la historia sólo es una excusa para reunir unos personajes fuera de lo común, aquí una cantante retirada, una vieja pandilla de gangsters, una muchachita muda y un parapsicólogo, en un ambiente misterioso. Lo divertido, y lo mejor de esta película, es que se desarrolla en un autocine, situado junto a un siniestro pantano, donde se exhibe una cinta que tiene como protagonista a una mujer que mide cincuenta pies. Salvo este y algún otro detalle de humor, Harrington no consigue que su narración tenga el suficiente atractivo para superar sus contradicciones.

Ruby

Director: Curtis Harrington. Guión: George Edwards, Barry Schneider. Intérpretes: Piper Laurie, Stuart Whitman, Roger Davis, Janit Balwin. EEUU, 1977. Locales de estreno: Infantas, Fantasio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 20 de septiembre de 1979

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