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Campaña episcopal en favor de la enseñanza religiosa en la escuela

El obispo de la diócesis de Osma-Soria, Teodoro Cardenal, se ha unido a la campaña episcopal en favor de la enseñanza religiosa en las escuelas, iniciada por varios prelados españoles al comienzo de la presente semana y en vísperas del comienzo del nuevo curso.La delegación diocesana de educación religiosa, el colegio de arciprestes y un grupo representativo del presbiterio diocesano, bajo la presidencia de monseñor Teodoro Cardenal, han estudiado detenidamente los problemas que plantea la enseñanza religiosa en las escuelas, centros de bachillerato y de formación profesional para el curso próximo, según informó Efe.

Posteriormente, el obispo de Osma-Soria ha dirigido a los diocesanos unas orientaciones pastorales refiriéndose a las dos órdenes que sobre este tenía publicó, el Ministerio de Educación en julio pasado.

En las citadas orientaciones se señala que «ha llegado la hora, no sólo de defender ciertos derechos fundamentales en el campo de la educación, sino sobre todo la de ejercer los correlativos deberes».

Monseñor Cardenal invita también a maestros y profesores a que «acepten con entusiasmo la tarea de instruir en la fe cristiana a sus alumnos, en plena comunión con la Iglesia.

También el arzobispo de Valladolid, José Delicado, se ha referido al problema de le educación religiosa en un documento titulado «Una generación amenazada», en el que alude a «los riesgos que corren las nuevas generaciones de carecer de una verdadera formación religiosa» y a la necesidad que tiene el niño de una escuela que le transmita, desde los primeros momentos, «datos y saberes sobre moral y religión.

Por su parte, el arzobispo de Santiago de Compostela, Ángel Suquía, ha hecho público un nuevo documento, dirigido en esta ocasión a los maestros y profesores de su diócesis, en el que afirma que «la ley no obliga a ningún profesor a dar clases de religión en la escuela, pero si el profesor es creyente y católico, su propia conciencia puede urgirle a darla».

Tras referirse también a las citadas órdenes ministeriales, el prelado compostelano añade que «la comodidad, el creer que le falta preparación o el miedo de enfrentarse con los problemas religiosos de los alumnos no excusan fácilmente al maestro católico de dar clase de religión en su escuela».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de septiembre de 1979