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CARTAS AL DIRECTOR

Tecnología propia

Long Beach,Nueva York (EE UU)

Durante estos días (13-17 agosto) se celebra en Berlín la V Conferencia Internacional de Mecánica Estructural en Tecnología de Reactores (SMIRT). En ella se presentan comunicaciones relativas al análisis y diseño de sistemas y estructuras de centrales nucleares que garantizan su integridad bajo condiciones normales y de accidente. En relación a esta conferencia hay que notar que España ocupa el octavo lugar, según el Atomic Industrial Forum, en cuanto al número de centrales previstas para 1985.Ordenando países en función al número de artículos presentados en esta SMIRT-79, resulta la siguiente lista aproximada: EE UU, 220; Alemania, 110, y tras un largo etcétera, con India, diez; Turquía, tres, etcétera, llegamos a España, con uno. Artículo presentado, por cierto, por un ingeniero turco de la sucursal madrileña de una conocida ingeniería californiana.

¿No ha llegado ya el momento de cambiar gradual, pero firmemente, esa tendencia a la fabricación bajo licencia que impulsó nuestra industrialización de los años sesenta y setenta?

Dada su importancia de cara al futuro energético nacional y su peligrosidad potencial, ¿no debe avanzar la energía nuclear hacia cierta tecnología propia por encima de estudios de rentabilidad a corto plazo?

Otros sectores industriales, en cambio, se verán obligados a desarrollar una tecnología propia de alto nivel forzados por un mercado mundial que recibe un número creciente de bienes manufacturados por países en vías de desarrollo.

Dentro de un esquema de producción bajo tecnología extranjera, el papel primordial de ingenieros y técnicos ha sido lógicamente el organizativo, y en última instancia el directivo. De ahí que históricamente el ingeniero medio haya abandonado tareas típicamente técnicasjusto cuando comenzaba a alcanzar en las mismas cierta madurez profesional.

Es razonable esperar, por tanto, del campo de la energía nuclear, en base al gran nivel de inversión en gastos de ingeniería, un papel de pionera, mostrando nuevos medios de trabajo y adoptando incentivos reales de cara a sus cuadros técnicos en la tarea de lograr ese nivel de alta tecnología, sinónimo de supervivencia económica.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de agosto de 1979