Carter llama a la unión de los norteamericanos para superar la crisis energética

En un sorprendente discurso televisado, que fue mitad sermón y mitad llamada a la movilización del país, el presidente Jimmy Carter anunció el domingo un ambicioso programa destinado a conseguir, a largo plazo, la independencia energética de Estados Unidos. Carter insistió en que esta batalla por la energía ofrece a los norteamericanos la oportunidad de unirse para superar la «crisis de confianza» que sufre la nación y que representa un serio peligro para sus instituciones democráticas.

Durante más de media hora, un Carter serio y preocupado pronunció desde el despacho oval de la Casa Blanca el mejor y más importante discurso de sus dos años y medio como presidente. La mayor parte de su intervención, que fue seguida, según las primeras estimaciones, por setenta millones de personas, estuvo dedicada no al problema energético, sino a lo que Carter calificó de problema más grave: «la erosión de nuestra confianza en el futuro».Admitiendo que no ha cumplido todas las promesas que hiciera durante su campaña electoral, en 1976, Jimmy Carter pareció recuperar su estilo de candidato y reconoció abiertamente que «Washington se ha convertido en una isla» y que «nunca fue tan grande la separación entre nuestro Gobierno y nuestros ciudadanos».

Después del insólito encierro de doce días en la residencia de Camp David, durante el cual consultó con más de un centenar de líderes económicos y políticos, el presidente Carter reapareció el domingo con nueva fuerza en la vida norteamericana y apeló a la nación a unirse tras él en la batalla por terminar con la dependencia energética de países extranjeros.

«La solución de la crisis energética puede ayudarnos también a superar la crisis espiritual de nuestro país», dijo Carter, quien remontó el origen de la pérdida de confianza en el futuro a una serie de traumas sufridos por los norteamericanos, como los asesinatos de John y Robert Kennedy, de Martin Luther King, la guerra de Vietnam, el escándalo Watergate y, más recientemente, la inflación y el desabastecimiento de gasolina.

Aunque el discurso presidencial no estuvo exento de autocríticas, en bastantes ocasiones parecía como si Carter estuviera en la oposición, enfrentándose al Gobierno actual en unas elecciones. Para muchos observadores, la intervención televisada del domingo y el ambicioso plan energético no son sino el punto de partida de la carrera electoral de 1980 para Jimmy Carter, quien aún no ha anunciado oficialmente su candidatura a la reelección.

Tras recordar que generaciones anteriores de norteamericanos sobrevivieron amenazas mucho peores, Carter instó a los ciudadanos a «recuperar nuestra unidad, recuperar nuestra confianza». El presidente concluyó la parte «moral» de su discurso asegurando que «lo haré lo mejor que pueda», pero «no lo haré solo» y pidiendo que «donde quiera que tengan una oportunidad, digan algo bueno de nuestro país», y juntando sus manos, enfatizó que «es el momento de unir nuestras manos en Norteamérica».

Programa energético

Este país nunca consumirá más crudos extranjeros que consumió en 1977, dijo el presidente Carter, que anunció la imposición de un límite máximo en las importaciones de crudos de ocho millones y medio de barriles diarios durante el presente año y el que viene. Esta cifra equivale a ocho veces y media el consumo total español de petróleo.Para conseguir sus metas Carter pidió la aprobación del Congreso para un plan de diez años de duración, en el que se incluyen medidas de ahorro energético, búsqueda y producción de nuevas fuentes de energía y acciones eficaces para eliminar la burocracia. El presidente norteamericano anunció sólo seis puntos del programa en su intervención televisada, pero dio más detalles sobre el mismo en un discurso pronunciado ayer por la mañana en Kansas City. Los aspectos más destacados del ambicioso programa de Jimmy Carter son los siguientes:

- Reducción de las importaciones de petróleo, para el año 1990, en cuatro millones y medio de barriles diarios, es decir, más de la mitad de lo previsto para esa fecha. Esta reducción se impondrá mediante cuotas, e irá acompañada del desarrollo de otras fuentes energéticas.

- Freno de la creciente dependencia del crudo extranjero, mediante la prohibición de importaciones de petróleo que superen la cifra (especialmente alta por otra parte) de 1977, es decir, ocho millones y medio de barriles diarios. Este fue el compromiso de Carter con los países industriafizados durante la cumbre de Tokio y el presidente fijó ayer este límite para el año actual y para 1980.

- Creación de una Corporación Pública de Energía, que se financiará con la venta de bonos públicos por importe de 5.000 millones de dólares y que el presidente quiere sean de pequeña denominación, para permitir la participación del mayor número posible de ciudadanos en el esfuerzo. Esta Corporación se dedicará a investigar y desarrollar fuentes alternativas de energía, que permitirán ahorrar, en 1990, dos millones y medio de barriles importados por día (equivalentes a 125 millones de toneladas por año).

- Creación de un banco solar, que permitirá que en el año 2000 el 20% de la energía norteamericana sea de origen solar.

- Inversión de 10.000 millones de dólares durante los próximos diez años, para mejorar y ampliar el transporte colectivo.

- Petición al Congreso de autoridad para que el presidente instituya, si fuera necesario, el racionamiento de gasolina.

- Aprobación «sin retrasos» de la legislación por la que se impone a las grandes compañías petrolíferas un impuesto especial, windfall tax, para reducir sus beneficios procedentes de la desregularización de los precios del petróleo y financiar nuevas inversiones energéticas.

- Creación de una agencia gubernamental para la producción de energía, que acelerará algunos proyectos «claves», como refinerías y oleoductos.

- Establecimiento de un programa nacional de ahorro energético, a todos los niveles. Aislar térmicamente la casa propia o dejar estacionado el automóvil serán desde ahora, dijo Carter, «verdaderos actos de patriotismo».

- Por último, obligar a las compañías productoras de electricidad a cortar en un 50% su utilización de petróleo en 1990 y cambiar al carbón.

El presidente omitió en su discurso cualquier referencia a la energía nuclear y aparentemente no hablará de este asunto hasta que tenga en su poder el informe que prepara una comisión por él nombrada sobre el accidente de la central atómica de Harrisburg.

Durante su discurso de ayer en Kansas City, Jimmy Carter puso un precio a su programa de diez años destinado a conseguir la independencia energética de Estados Unidos: 140.000 millones de dólares. Reconociendo que se trata de una cifra increíblemente alta, el presidente dijo que se trata también de un esfuerzo sin precedentes en tiempo de paz, que permitirá al país ser independiente y no «un rehén del petróleo extranjero».

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS