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Cerrada defensa del Estatuto de Guernica el mitin celebrado anoche en Bilbao

«Estamos decididos a negociar hasta el final, pero advertimos desde ahora que a lo que no estamos dispuestos es a admitir caricaturas de Estatuto, o que se llame autonomía a lo que no es sino mera descentralización administrativa», dijo Carlos Garaicoetxea en la intervención que cerró anoche el mitin organizado por los partidos mayoritarios vascos en apoyo del Estatuto de Guernica y que estuvo marcado por las continuas referencias a los «motivos de desacuerdo» adelantados por UCD.

« Determinados sectores centralistas», dijo también Garaicoetxea, «intentan presentar de nosotros una imagen de personajes monolíticos e inflexibles para justificar su propia intransigencia ». Intransigencias que, en opinión del viejo líder nacionalista Manuel Irujo, «podrían cerrar el paso al Estatuto y abrírselo a la catástrofe para nuestro pueblo».La presencia en la mesa de veteranos personajes como -aparte del propio Irujo- Dolores Ibárruri, Gonzalo Nardiz -ministro de José Antonio Aguirre en el Gobierno vasco de 1936- o Ramón Rubial, dio ocasión, por otra parte, a repetidas alusiones a luchas mantenidas por los partidos vascos durante la II República para obtener la aprobación del Estatuto. «También entonces», dijo Mario Onaindía en una alusión a Herri Batasuna, «hubo quienes llamaron traidor a Aguirre por negociar el Estatuto. Pero quienes lo hicieron lucharon luego en las trincheras para defender ese mismo Estatuto frente a los que nos lo querían arrebatar».

Los socialistas Juan Iglesias y Antón Hernández Zubizarreta pusieron el acento en la «voluntad solidaria para con los demás pueblos del Estado de las fuerzas que apoyan el Estatuto de Guernica». Ambos negaron que el proyecto actual fuera anticonstitucional y negaron al partido del Gobierno «el derecho que se arroga de interpretar la constitucionalidad o no del Estatuto según sus conveniencias del momento».

Roberto Lertxundi, secretario general del Partido Comunista de Euskadi, fue tajante al afirmar que «no pedimos ni un ápice más de lo que quepa en la Constitución, pero exigimos absolutamente todo lo que entra en sus márgenes, es decir, aquí y ahora el Estatuto de Guernica». La consideración del proyecto vasco como un mero «instrumento de trabajo del mismo rango que las objeciones que puedan presentar los grupos parlamentarios» mereció también varías alusiones. De «burla a la Asamblea de Parlamentarios que lo elaboró en nombre de la población y a los ayuntamientos que lo ratificaron» fue calificada tal consideración por Lertxundi.

Por su parte, Abel Muniategui, de ESEI, recordó que hasta tres veces había sido aprobado el texto por la UCD vasca, y concluyó preguntándose si «ese partido es en verdad el partido del Gobierno o una cuadrilla de amigos».

También abundaron las referencias a la violencia y al Estatuto como vía necesaria para la pacificación de Euskadi. «Quienes se oponen a este Estatuto y se apoyan en la violencia y en la coacción para defender sus puntos de vista, conspiran contra los intereses de Euskadi, tanto como los que se oponen a él desde el centralismo más reaccionario», dijo al respecto Roberto Lertxundi.

Por otra parte, el Estatuto es también, en opinión del presidente del Partido Socialista de Euskadi, Juan Iglesias, «un instrumento imprescindible para atajar problemas como el paro creciente de la juventud, y es imposible», añadió, «luchar contra el terrorismo sin luchar contra el paro».

Comunistas y socialistas rechazaron toda insinuación sobre la posibilidad de que UCD pueda apoyarse en sus votos para hacer aprobar en las Cortes, contra el PNV, un Estatuto recortado. «Tendrán que buscarse otros aliados, porque desde luego con nosotros no contarán», dijo Lertxundi.

Respecto al contenido concreto del Estatuto de Guernica, Mario Onaindía recordó sus planteamientos en materia de policía autonómica, de los conciertos económicos y de defensa de la lengua vasca: «No se libera a un pueblo con métodos fascístas», dijo respecto a este último punto, «y por ello nosotros somos contrarios a toda imposición y defendemos exclusivamente la vía democrática de defensa de nuestro idioma.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de junio de 1979

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