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Crítica:CINE

Una oportunidad desperdiciada

Que un filme de tipo intelectual sea aburrido no es nada sorprendente ni a nadie debe preocupar, pero que lo sea un filme de aventuras es, además de preocupante, triste y peligroso. La escasez de buen cine de aventuras -El viento y el león, El hombre que pudo reinar o La guerra de las galaxias son honrosas y contadas excepciones- es probablemente el rasgo más desolador y destacado del cine moderno. Un cine en el que sobran los Alain Resnais y escasean los Raoul Walsh.El primer gran asalto al tren no es un buen filme de aventuras y es una pena porque podía haberlo sido. Su autor es un joven y alto -mide más de dos metros- escritor de éxito americano llamado Michael Crichton, autor de algunas de las más importantes novelas de ciencia-ficción de los últimos años: La amenaza de Andrómeda y El hombre terminal, llevadas al cine por Robert Wise y Mike Hodges, respectivamente. Combinando cine y literatura, Crichton debutó en la dirección con Almas de metal (West worlds), a la que siguió Coma, basada en el best-seller de Robin Cook.

El primer gran asalto al tren (The first great train robbery)

Guión y dirección: Michael Crichton, basada en su propia novela. Fotografía: Geoffrey Unsworth. Música: Jerry Goldsmith. Intérpretes: Sean Connery, Donald Sutherland, Lesley Anne Down, Alan Webb, Malcolm Terris y Robert Land. Inglesa, 1978. Local de estreno: Cid Campeador.

Partiendo de una trepidante novela de la que él mismo es autor y con Sean Connery -el mejor actor actual del género aventurero- a la cabeza del reparto, Crichton ha echado a perder lo que podía haber sido una buena película de evasión por falta de imaginación y de oficio. El primer gran asalto al tren representa incluso un paso atrás en su aprendizaje con respecto a Almas de metal y Coma.

Las causas principales del desastre residen en la incompetencia de Crichton como realizador. Este hombre, que parece conocer el secreto para fabricar emociones con palabras, desconoce el de hacerlo con imágenes, esa química entre artesanal y mágica a la que el cine debe sus mejores momentos. Una película mal filmada, mal encuadrada, mal montada, mal fotografiada... De un género en el que la menor imprecisión se paga cara. Así, la fotografía de Geoffrey Unsworth, técnicamente excelente, es más apropiada para un drama de época que para una película de acción.

Una oportunidad desperdiciada, ya que esta historia en otras manos hubiera hecho un excelente filme. El cine de aventuras agoniza. Los productores, en su mayoría, lo evitan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de junio de 1979

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