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Reportaje:Guatemala, paraíso de la violencia / 1

Organizaciones paramilitares cooperan en la represión

Guatemala ha sido y es ejemplo prototípico de lo que se conoce como una república bananera, con un único poder dictatorial que subsume los inexistentes otros poderes, con una economía agro-exportadora completamente dependiente de las multinacionales agrícolas norteamericanas y con un grado de degradación económica y social creciente. Manuel Osorio analiza, en este reportaje, la situación global en Guatemala, pionera de las dictaduras americanas, a la cabeza de los países que registran una más crecida y cruel violencia por motivos políticos.

Más de 50.000 muertes ha producido la violencia amparada en el poder en el largo período de dictadura militar instaurada en Guatemala desde los años cincuenta.El terror y la represión «es cosa de todos los días». Junto a los aparatos de seguridad del Estado, diversas organizaciones paramilitares, La Mano Blanca, Los Centuriones, El Ejército Secreto Anticomunista (ESA), La Sombra, El Ra, o, etcétera, actúan en el país. Sus actividades han sido denunciadas en vínculos con otras organizaciones similares del Cono Sur (Argentina, Chile, Uruguay).

Unos días de visita por pueblos y ciudades de Guatemala son marcados por una presencia repetida que se mezcla al paisaje: soldados y policías al paso de puestos, ciudades y villorrios; un ambiente de ocupación se extiende en todo el territorio.

En la capital, el paseo habitual por el centro de la ciudad. La plaza de Armas, el estilo español al filo del sol. La vieja catedral arrimada a tablones de reparación, la casa presidencial con sus jardinetes, seria. Al instante aparecen pasos fijos, marcados. Los soldados de la guardia presidencial se agrupan en las esquinas, tensos; van y vienen con armas livianas de repetición, el dedo sobre el gatillo...

7 de enero de 1978. Víctor M. Paniagua, dirigente sindical, al terminar las discusiones en la asamblea con sus compañeros, se dirige a su casa en su moto, por la noche. Dos automóviles lo siguen, le cierran el paso y es secuestrado violentamente. Días después, el cadáver es arrojado en los alrededores de la ciudad, «con los huevos deshechos, los ojos sacados y fracturas en diferentes partes, muerto ».

28 de abril de 1978. Carlos Humberto Mota, estudiante de bachillerato, es sometido a torturas y muerto en el presidio del Quiché: «Lo mantuvieron en una pila de agua, luego lo sacaron y lo golpearon. »

Abril de 1978. El Comité de Unidad Campesina (CUC) denuncia al presidente de la República: «Junto a los parcelarios de Santo Tomás Ixcán, Santa María Dolores, exigimos el aparecimiento de los secuestrados por el Ejército. »

29 de mayo de 1978. En la localidad de Panzos, tropas uniformadas asaltaron el poblado y mataron más de cien campesinos e indios.

Junio de 1978. Hermógenes López, sacerdote católico, es muerto en uno de los barrios periféricos de Guatemala.

8 dejunio de 1977. El licenciado Mario López Larrave, ex decano de la Universidad Autónoma de San Carlos, asesor jurídico del movimiento sindical, es ametrallado en su automóvil frente a las puertas de su oficina. Un año antes había constituido el Comité Nacional de Unidad Sindical (CNUS).

28 de julio de 1977. Aníbal León Caballeros, de veinte años, vicepresidente de la Asociación de Estudiantes del Instituto Rafael Aqueche, fue secuestrado por cuerpos de seguridad. Al día siguiente los familiares reclamaron a las autoridades por su captura; les indican que «no saben nada». Dos días después, el 30, en la madrugada, su cadáver «es arrojado a la vía pública, salvajemente torturado».

29 de julio de 1977. Desapareció Robin García, de diecinueve años, ex dirigente estudiantil de la Escuela Nacional de Ciencias Comerciales. El primero de agosto, ante la muerte del otro estudiante, Aníbal León, la universidad realiza una manifestación reclamando el esclarecimiento del asesinato y exige ante el Gobierno «el aparecimiento de Robín García vivo». Ante el silencio, el 4 de agosto, mientras se preparaba una nueva manifestación apoyada por los sindicatos y asociaciones populares, «nuestras presunciones se cumplieron; ese día apareció Robín, pero muerto. El cadáver lo encontramos, con huellas de inhumanas torturas y estrangulamiento, en el Palín, a 32 kilómetros de Guatemala». La muerte de Robín García traía firma; sobre el cadáver del estudiante se encontró un papel que decía: «ESA».

Hoy todavía se ven algunos buses que recorren la ciudad pintados con la frase Queremos a Robín vivo.

Descendientes de los mayas

El 30 de mayo de 1977 se creó el Eiército Secreto Anticomunista (ESA). Al hacer pública su aparición, esta organización, equivalente de la Triple A argentina, envía notas a los sindicatos. «Muchos compañeros nuestros recibieron cartas de amenazas y amedrentamiento. A mediados del año pasaelo, el dirigente campesino Antonio Misti fue secuestrado cuando se dirigía a Cobán para denunciar la quema de sus siembras y los ranchos por parte de hombres armados de la finca La Esperanza, que les fue expropiada a los campesinos en 1962. Les meten el ganado en sus tierras para destruir las siembras. Nuestro compañero deja esposa y tres niños. Dos compañeros más han sido baleados y otros dos estuvieron a punto de ser secuestrados; tuvieron que venirse a la capital para refugiarse en la sede

El campesino guatemalteco, en su mayoría quichés, descendientes de los antiguos mayas, se encuentra entre los trabajadores más explotados de América Latina. Despojados de sus tierras, viven en pequeñas parcelas de tierras altas que no les permiten subsistir. Emigran temporalmente a la costa para emplearse en el trabajo de las cosechas. En su estancia están obligados a vivir en galeras en condiciones de miseria, que hacen pensar en los negros de La cabaña del tío Tom. El salario diario que reciben es de medio dólar o, en el mejor de los casos, hasta setenta centavos. Situación similar a la de los campesinos de América Latina, que alcanzan alrededor del 70% de la población.

«Señores jefes del Ejército que dejan agarrar los campesinos indígenas y ladinos pobres que no siguen matando los campesinos torturando, masacrando secuestros que ya no siguen que deja paz al pueblo de Guatemala» (sic), había escrito en la pancarta la campesina descalza, vestida con su traje tradicional bordado de colores, que llevaba el Primero de Mayo junto a los campesinos indios que, por primera vez, participan este año en la manifestación tradicional de los trabajadores, una de las más numerosas de los últimos veinte años. Para el mismo día, el Gobierno organizó en diferentes lugares una serie de espectáculos, diversiones y paseos gratuitos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de mayo de 1979