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Lagunas manchegas de explotación cinegética protestadas por los pescadores

Unas lagunas manchegas están siendo causa de polémicas, e incluso de amenazas con armas de fuego y agresiones, en el mundillo de la caza y la pesca. Cercadas con alambradas de espinos y vallas algunas de ellas, son protegidas por guardas como si de terrenos feudales se tratara. La discusión surge cuando, al parecer, nada prueba que esas aguas sean privadas.

La revista especializada Aire Libre ha denunciado el caso y examinado en profundidad. La consecuencia que se desprende queda reflejada en el titular: «Usurpación de patrimonio, violencia y caciquismo en plena democracia.» En el artículo se pone de manifiesto que ninguno de los organismos competentes se ha atrevido a dictaminar si las aguas de las lagunas en cuestión son públicas o privadas.La historia comienza cuando, hace unos tres años, se compraron unos terrenos cercanos a Villafranca de los Caballeros, Villa de Don Fadrique y Quintanar de la Orden a, bajo precio, por tratarse de tierras baldías, pero regadas por el río Cigüela. Los nuevos propietarios hicieron allí entonces una serie de lagunas artificiales por medio de canales y tomas de agua para poder cazar el pato y, hasta en algunos casos, poner a la venta los puestos a un precio de 20.000 pesetas por día y cazador.

La polémica se centra en que se prohíbe la pesca en esas lagunas, creadas con aguas públicas para fines privados, lo que no es legal. Se ha llegado a dar el caso de agresión a un pescador que se encontraba en un camino vecinal que une dos localidades toledanas y sin invadir, por tanto, propiedades privadas. Los pescadores de los pueblos cercanos a las lagunas se resisten a ceder lo que creen un derecho, pues entienden que las aguas de esas lagunas seguirán siendo públicas al haber sido tomadas, además sin permiso, de un caudal público como es el río Cigüela, uno de los afluentes del Guadiana.

Para la creación de las lagunas en cuestión no se pidieron permisos ni a la Confederación Hidrográfica del Guadiana ni al Ministerio de Obras Públicas. Se compraron unos terrenos y se abrieron unos canales hasta el río para que el agua inundara parcialmente las tierras. De esta manera, se aseguró la permanencia de varias especies acuáticas a las que cazar. Para que la operación saliera perfecta, el modo de evitar que los pescadores pudieran con su presencia desviar las querencias naturales de los patos fue cercar con espinos algunas lagunas y en otras se colocaron expeditivos guardiaries, uno de los cuales agredió y rompió la cafia a Felipe Ropero, maestro de Villafranca de los Caballeros, al que contestaron: «Serán aguas robadas, pero usted no pasa más por aquí.» También fue protagonista en otra ocasión de la expulsión de una de las lagunas por cuidadores «con escopetas de repetición y estacas ».

La creación de las lagunas ha provocado, además, la protesta de 2.000 moradores de las localidades cercanas. Se quejan de que a consecuencia del desbordamiento de dichas lagunas quedaron inundadas miles de hectáreas de cultivo de cereales, viñedo y azafrán, y de que al ser La Mancha una tierra seca, el dotarla de zonas encharcadas conllevaría un cambio climático y el desarrollo de tormentas, lo que echaría a perder todo el aprovechamiento agrícola montado en la zona. En Quero, además, ya no hay agua potable a consecuencia de la contaminación del subsuelo, que ahora es rico en salinidad, debido a que el agua ha sido vertida en terrenos abundantes en yeso, y ahora los, campos cercanos a las lagunas se han convertido en inútiles para el cultivo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de mayo de 1979