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ELECCIONES MUNICIPALES

Quince pueblos vizcaínos quieren tener de nuevo su propio ayuntamiento

Quince pueblos vizcaínos, anexionados forzosamente en su día a otros municipios, tienen hoy depositadas sus esperanzas de lograr la ansiada autonomía municipal en los nuevos ayuntamientos que han de elegirse el próximo 3 de abril. La historia de las anexiones se empieza a escribir en Vizcaya hace más de cien años cuando la localidad de Alonsótegui fue absorbida municipalmente por Baracaldo, hasta el punto de constituir hoy un barrio más de la populosa ciudad industrial, pero no es este el caso de los quince pueblos anexionados, donde, día a día, la conciencia de la autonomía municipal crece.

En 1924, Luchana, un barrio de Erandio, fue anexionado a Bilbao. Dieciséis años después, en 1940, siendo alcalde Oriol Urquijo, el resto del municipio fue absorbido por la capital de: Vizcaya. Sondica, Denio, Lujúa y Zarnudio -alejados aun hoy físicamente de Bilbao por más de una docena de kilómetros fueron también anexionados a Bilbao en 1966. Javier de Ybarra sería su nuevo alcalde.Aquel mismo año, Forúa, Murueta, Cortézubi, Arrazua y Ziortza eran anexionados por Guernica; Ibárruri Gorozika, por Múgica; y Zollo, por Arrankudiaga. El cuadro se completa con la anexión de Yurreta al municipio de Durango (1928) y la de Berriatúa a Ondárroa, en 1973.

En todos los casos las anexiones fueron impuestas -aunque en los documentos constaran como voluntarias- sin consultar con los vecinos afectados. El beneplácito, en cada caso, fue dado al Ayuntamiento de Bilbao y, al gobernador civil por los alcaldes caciquiles de la época. Berriatúa constituye la excepción. La Corporación municipal se negó a aceptar la anexión voluntaria a Ondárroa y aun hoy no ha sido oficialmente firmado el contrato por aquélla.

El movimiento de contestación a las anexiones se iniciaría por parte de los vecinos afectados sólo a partir del año 1973 y sería Erandio el foco de disidencia y el origen de una gran campaña de concienciación de los pueblos absorbidos, «que en la mayoría de los casos nunca perdieron su conciencia de municipio», declara a EL PAIS Chechu Aurrecoetxea, de la Asociación de Vecinos de Erandio e integrante de la coordinadora de pueblos anexionados de Vizcaya.

«La lectura pública en el pueblo del contrato de anexión de Erandio a Bilbao levantó ampollas entre la población. Las primeras movilizaciones y las campañas, aún tímidas, en prensa despertaron la conciencia de los pueblos anexionados y poco a poco todos se integraron en la coordinadora. Sin éxito, realizamos desde entonces gestiones ante la Diputación de Vizcaya, los ayuntamientos anexionadores y el Consejo General Vasco.»

Conocida la fecha de las próximas elecciones, la coordinadora de pueblos anexionados de Vizcaya se entrevistó con los parlamentarios vascos para solicitar de aquéllos que presentaran enmiendas a la ley electoral que iba a regular los citados comicios, con el fin de que los pueblos anexionados obtuvieran la calificación de distritos electorales. «Pese a no haber logrado este propósito, tratamos de conseguir de los municipios anexionadores que cambiaran la calificación de barrios, que tenemos los pueblos anexionados, por la de pueblos, pero ni esa reivindicación hemos logrado. »

No cejó la coordinadora en su lucha por lograr la autonomía municipal de los pueblos que la integran, e inició hace un año una serie de estudios técnicos y sondeos de opinión entre la población, requisito primario en el proceso de desanexión. «No se trata -afirma Chechu Aurrecoetxea- de que unas personas pidan la desanexión, sino que sea todo el pueblo, en cada caso, el que a la vista de, las posibilidades de existencia como municipio, tome la decisión en referéndum.»

Una parte del estudio y el sondeo realizado por un equipo de sociólogos de la Universidad de Deusto, en Erandio (quizá con sus 30.000 habitantes, la mayor parte trabajadores, el pueblo anexionado más importante), ha arrojado resultados tajantes. El 93% de los habitantes del pueblo está por la desanexión. «Esta decisión, más que un carácter sentimental -señala el señor Aurrecoetxo- atiene un valor político. El pueblo, en líneas generales, desea una democracia directa y el control de la gestión de su Ayuntamiento. Por otra parte, hay deseo de desanexión a la contra, dado que ninguna de las condiciones favorables para Erandio que se contemplaban en el contrato de anexión ha sido cumplida por el Ayuntamiento de Bilbao. Seguimos con una contaminación poco menos que insoportable, y con un grave déficit de asistencia sanitaria, escuelas y equipamientos. Urbanísticamente, Erandio es un enorme caos, día a día complicado por el Ayuntamiento de Bilbao, que a espaldas de la población ha malvendido e incluso regalado terrenos. »

Las dificultades administrativas que el proceso de desanexiones conlleva no parecen preocupar demasiado a la coordinadora. «Los requisitos que marca la ley para la desanexión -señala el señor Aurrecoetxea- no son demasiado complicados. Es necesario presentar estudios socioeconómicos realizados con rigor científico y en ello estamos. No nos detendremos. Hasta ahora hemos tenido poco apoyo por parte de los partidos políticos, por lo que nuestra actividad es escasa. Abiertamente ningún partido se ha expresado contra la desanexión, pero tampoco han contribuido a solucionar el problema.»

Hoy, las cosas parecen haber cambiado y, salvo en el caso de UCD y partidos a su derecha, el resto de las organizaciones políticas han incluido en sus programas para las elecciones municipales capítulos enteros en, los que se muestran firmemente partidarios de estudiar el problema de las desanexiones y sus posibles soluciones.

Los partidos de la izquierda vasca y los calificados como nacionalistas radicales consideran en sus programas electorales la posibilidad de que puedan celebrarse referéndums en el caso de las poblaciones que deseen la desanexión. El Partido Nacionalista Vasco, más cauto, es partidario de estudiar globalmente el problema y darle, si hubiera lugar, una solución.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de marzo de 1979

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