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Tribuna:

Salarios y anticonceptivos

Nada, no estoy para nada con Marcelino Camacho y Nicolás Redondo, ni el cirio que han armado con los topes salariales e inflacionarios de Abril Martorell. Me parece que no han entendido de qué va el invento.Es natural, no tienen estudios, son de pocas luces. No han caído en que el mismo día que se fija el aumento/ incremento/ implemento/cuento salarial, es el día en que se despenalizan los anticonceptivos, de modo que el proletario va a tener menos prole, y por tanto necesita menos sobre. Proletariado viene de prole, por un capricho de Marx y otros estilistas de la revolución, de modo que si al proletario se le quita o reduce la prole, también se le puede reducir el sobre y hasta quitarle la paga del 18 de julio, o mejor aún, por no molestar a nadie, quitarle todos los sobres, sueldos, jornales, devengos, participación en beneficios cosas, y dejarle solamente la paga del 18 de julio, y que la estire para todo el año, que los anticonceptivos son por cuenta de Rodríguez Sahagún, la píldora la van a dar en las tiendas de comestibles mediante cupones Omo y de volviendo el casco, como la gaseosa, y los dia fragmas los va a traer Marcelino Oreja del Mercado Común, o sea un lote defectuoso que les ha salido a los alemanes, que por eso ha cerrado Rosón los sex-shops, porque son una competencia privada y librecambista al Seguro Obligatorio de Enfermedad.

En la India de Indira Ghandi, al hindú que iba a hacerse la vasectomía le daban un transistor, para recortar la natalidad y elevar lacultura musical de los elefantes sagrados y las vacas que ríen. Parece que Indira, antes de ser derrocada, tenía el proyecto de hacer la vasectomía incluso a los elefantes, y en lugar del transistor, que les queda pequeño, les regalaba un ejemplar de Kipling en una campaña de alfabetización del elefante que les llevaba a morir cantando como el urogallo leonés, como el cisne de Sibelius, como Nureyev y como Antonio, que los bailarines, los homosexuales, los elefantes y los urogallos suelen morir de amor y poesía, pero el obrerito español, obrerito valiente, muere de salario mínimo.

Franco, que adonde no llegaba con la mano llegaba con el brazo de Santa Teresa, comprendió a tiempo que al proletario había que desproletarizarle, pero no mediante aperos sexuales, quejamás los consintiera Fray Justo Pérez de Urbel, sino cambiándole el nombre (aquello fue en realidad una dictadura nominalista o un nominalismo dictatorial), y al proletario le llamó productor, evitando así connotaciones genitales de prole y descendencia, y hasta se sacó aquello del Hogar del Productor, que solía estar paredaño de la Vieja Guardia, o Guardia de Franco, en cada pueblo de España (antes de los teleclubs de Fraga, que tampoco fue mal invento), y donde se organizaban unos dominós y muses monumentales (no hay color con la mierda de bíngos de ahora).

Al productor que se sacaba el torneo navideño de dominó, a lo mejor hasta le daban una plaza de conserje en sindicatos, por fidelidad a los Principios Fundamentales y adhesión al Movimiento. De modo que, según mi interpretación materialista de la historia, proletario es el que tiene prole y como Suárez ya no da premios de natalidad al padre más fecundante del año, lo normal es que pongan legales los anticonceptivos, que desproletaricen al proletariado, porque un obrero con un solo niño, y a lo mejor bizquito, no tiene la misma fuerza moral para ir a Ferret Salat y decirle:

-Buenas, ¿se puede? Que o nos suben el sobre o llamamos al marxismo-leninismo, que está ahí, en el bar de la vuelta, picando un poco los berberechos mientras voy con la respuesta.

Y aquí de lo que se trata es de no marearle demasiado con los berberechos marxista-leninistas a Ferret Salat. Entre subirle el sobre al proletariat o que vaya al infierno toledano de don Marcelo González la santa esposa del proletariat, por andarse en diafragmas, don Fernando Abril Ferrer Martorell Salat ha decidido que a la curva de producción le sale más barato el infierno. Los anovulatorios y anticonceptivos reducen la prole del proletariado, con lo que se abarata la mano de obra. Y encima son una conquista democrática. Cómo no habíamos caído antes, hombre. Y si alguno de la ORT no traga, castración y transistor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de diciembre de 1978

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