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Reportaje:

Ochenta aniversario del suicidio de Angel Ganivet

Declaraciones de las sobrinas del Precursor de la generación del 98

Hoy hace ochenta años que se suicidó en Riga, capital de Letonia, el escritor y filósofo español Angel Ganivet, uno de los precursores ideológicos de la que luego se llamaría la generación del 98. Sobre la figura de este atormentado y lúcido pensador han circulado muchos errores, la mayor parte de ellos de carácter biográfico. El último de estos error es situó este aniversario dos meses antes de que se produjera. Las sobrinas de Angel Ganivet, que aún viven en Granada, cuentan en esta entrevista con Eduardo Castro los verdaderos perfiles biográficos del autor del Idearium español.

Angeles e Isabel Guerrero Ganivet, sobrinas del escritor granadino, son los únicos familiares del mismo que actualmente viven en Granada y hacen de portavoces de la familia Ganivet. Viven rodeadas de recuerdos de un gran valor sentimental: cuadros, libros, carta, manuscritos, muebles de la familia, fotografías...«Nuestros abuelos tuvieron seis hijos. La familia más directa por esta parte somos sus sobrinos carnales: nosotras dos, un hermano nuestro que vive en Madrid, y otros dos sobrinos de otra hermana de mi madre: uno vive en Almería y el otro en Moscú.»

De las relaciones de su tío con Amelia Roldán (una valenciana de origen cubano que pasaba con él largas temporadas en las distintas ciudades europeas donde estuvo destinado) nació un hijo, reconocido legítimamente por el padre, y una hija, que murió al poco tiempo. «Este primo nuestro -dicen las hermanas Guerrero- Ganivet murió en el año 58, dejando a su vez catorce hijos. De ellos, el mayor, que se llamaba como su abuelo y que también ha muerto hace unos años, era el que tenía todo lo perteneciente a nuestro tío que no estaba en poder nuestro. El lo cedió hace años a la Universidad de Granada. Estaba todo expuesto en una sala del museo de la Casa de los Tiros, actualmente cerrada porque al parecer llegaron a desaparecer algunas cosas debido a la falta de seguridad y vigilancia.»

«En realidad, casi todo lo de mi tío está actualmente en nuestro Poder (retratos, fotografías, libros, muebles, manuscritos originales de sus obras, primeras ediciones, etcétera). Hay material suficiente para dotar de vida al futuro museo que la familia quiere que se instale en el antiguo molino de la -cuesta de los Molinos de Granada, que fue la casa donde nuestro tío vivió de pequeño, antes de marcharse a estudiar a Madrid. Lo que pasa es que la casa lleva ya muchos años deshabitada y tiene goteras. Por la falta de cuidado, si no se pone pronto remedio (y nosotros no tenemos medios para hacerlo) el proyecto no podrá nunca llevarse a la práctica. Existe una propuesta de la Universidad para comprar la casa y transformarla en museo, pero tropieza con el problema de -la falta de recursos económicos para este tipo de proyectos. El Ayuntamiento, por su parte, nunca se ha mostrado interesado por el tema.»

«Se han publicado muchos errores sobre la biografía de Ganivet, principalmente -dicen las sobrinas del escritor- respecto a la fecha de nacimiento, y este año también con la de su muerte, que la prensa granadina dio equivocadamente hace dos meses (el 29 de septiembre), y así lo repitió Televisión Española en su programa Hora 15. Una anécdota respecto a esto ocurrió en el año 62, cuando La Vanguardia de Barcelona publicó la noticia de que iba a cumplirse el centenario del nacimiento y pedía la organización de un homenaje. Entonces su madre les escribió rectificando la fecha, que era en el año 65, a lo que el director le contestó diciendo que habían tomado. la efemérides del propio Espas'a. En la enciclopedia Sopena también se da la fecha errónea del 62 y sería conveniente saber de dónde salen estos errores, para su posible rectificación.»

«La obra de nuestro tío -afirman las hermanas Guerrero Ganivet- está desde hace tiempo totalmente publicada, a excepción quizás de una tercera parte de su Pío Cid, que él anunció tener casi terminada en cierta ocasión, pero que nunca llegó realmente a aparecer. Posiblemente se encontraría entre las cosas suyas que se perdieron en Riga después de su muerte. Lo único que faltaba por publicar desde que se editó su libro Hombres del Norte eran sus cartas a la familia, las cuales se recogieron en un tomo bajo el título de Cartas familiares de Angel Ganivet y se publicaron en Granada en 1967. En esta obra están recopiladas prácticamente toda la correspondencia que dirigió a su madre y hermanas, por lo que en estos momentos no queda ya nada suyo inédito, al menos que nosotros sepamos.»

«Cuando trasladaron a mi tío a Riga, a principios del mes de julio de 1899, él había pedido ya la excedencia en el cuerpo diplomático, pues pensaba instalarse definitivamente en España y dedicarse de lleno a la literatura. Pero a los cuatro meses del traslado, y cuando ya parecía que tenía solucionado el asunto de la excedencia, una mañana se suicidó sin dar explicaciones. Al principio se sospechó que se hubiera tratado de un atentado, pues llevaba algún tiempo diciendo en sus cartas que lo estaban espiando, se notaba muy nervioso y, sin duda, padecía manía persecutoria desde su llegada a Riga. Precisamente, la mañana del día en que se suicidó había salido de su casa para recibir a su amante, Amelia Roldán, que llegaba a pasar una temporada con él en Letonia. El tenía que tomar un pequeño barco para cruzar de su casa al centro de la ciudad, y cuando la barca estaba en el centro del río, de repente, se arrojó al agua. Aunque consiguieron sacarlo vivo, se soltó y volvió a tirarse, muriendo ahogado ocongelado.»

Otros errores cometidos en tiografias de nuestro tío -declaran las sobrinas de Ganivet- fueron con respecto a su infancia. Se ha dicho, por ejemplo, que era molinero, cuando en realidad él nunca llegó a trabajar en el molino de su padre.»

Los restos de Ganivet fueron trasladados a Granada en el año 1925, desde el cementerio de Riga, donde su tumba estaba bastante deteriorada. «Se trasladaron -según dicen sus sobrinas- en una caja de aluminio y fueron instalados en el cementerio de Granada, junto a la misma lápida (en caracteres rusos) que tenía en Riga. Los restos fueron reconocidos por un médico que había sido amigo suyo, el cual certificó su autenticidad por las características de la cabeza y la señal de la fractura que había tenido en un hueso de la pierna a raíz de su accidente ecuestre. »

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de noviembre de 1978