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Reportaje:

América Latina, centro del comercio internacional de plasma sanguíneo

Las multinacionales de la sangre ejercen un negocio siniestro. Un escritor español, Alberto Vázquez Figueroa, ha revelado en cine los entresijos de este comercio. Su película Oro rojo está a punto de estrenarse en España. La historia es dramática. Las multinacionales de la sangre no seleccionan el plasma: les da igual que quienes donen su sangre sean enfermos o moribundos. Les importa, sobre todo, su negocio, que en algunas repúblicas americanas da altísimos beneficios. Juan Cruz Ruiz habló con Vázquez Figueroa acerca de algunos de los aspectos de su filme, en el que intervienen como intérpretes principales José Sacristán, Mónica Randall, Terele Pávez y Alfredo Mayo.

El tráfico de la sangre humana, sobre todo en los países americanos, es una de las principales preocupaciones de la Organización Mundial de la Salud, cuya sede está en Ginebra.En la película Oro rojo, que se estrenará a principios del próximo mes de septiembre en Madrid, se hacen importantes revelaciones acerca de este siniestro comercio, cuyas consecuencias inmediatas suelen ser el enriquecimiento de quienes lo controlan y la enfermedad de quienes se ven obligados a utilizar la sangre distribuida por las multinacionales dedicadas a este negocio..

La película ha sido rodada en la isla canaria de Lanzarote, y está basada en un guión del propio director del filme, el escritor Alberto Vázquez Figueroa, periodista que ha conseguido su fama gracias a una serie de apasionantes relatos vividos por él en diferentes lugares remotos del mundo. Esas experiencias han sido noveladas luego, sin que la ficción y la realidad se contradigan en lo fundamental.

Entre esas novelas de Alberto Vázquez Figueroa figuran, por ejemplo, Marea negra, sobre el comercio del petróleo; Panamá, Panamá, en la que se describen los diferentes conflictos relativos al canal; Tierra virgen, en la que se hace la defensa de la ecología amazónica y se denuncia la destrucción de los indios de esa zona; Quién mató al embajador, reflexión sociológica y política sobre los países de los Andes americanos, y Ebano, en la que el escritor Vázquez Figueroa denuncia el tráfico de esclavos de Africa central.

Sobre el texto de Ebano, el director de cine Richard Fleischer está terminando de rodar en Israel una de las películas más caras de las que se han producido en los últimos tiempos. En los papeles principales han intervenido, entre otros actores, Michael Caine, Omar Sharif, Peter Ustinov, William Holden y Rex Harrison. El presupuesto total sobre cuya base se ha realizado el filme asciende al equivalente en dólares de 640 millones de pesetas. La producción es norteamericana. Otra productora estadounidense ha comprado los derechos de otra novela de Alberto Vázquez Figueroa, El último harén, que se comenzará a rodar próximamente.

Sangre mal vigilada

Oro Rojo es la primer película que dirige Alberto Vázquez Figueroa, 42 años, graduado en Periodismo por la Escuela de Madrid, enviado especial incansable de revistas y periódicos españoles, expulsado reiteradas veces de países como Haití, México y Nigeria donde sus investigaciones resultaron perturbadoras, y dedicado ahora pura y exclusivamente a recapitular sobre aquellas experiencias.

La película que acaba de rodar ha sido estructurada sobre el primer relato que Alberto Vázquez Figueroa escribe únicamente para el cine. Sucede en una isla imaginaria, a la que llama «Providencia» y que resulta una copia de Haití.

Según Vázquez Figueroa, Haití es el primer exportador de sangre del mundo. Su primer comprador es Estados Unidos. La sangre llega en contenedores a Miami y desde allí se efectúa el reparto. Por cada litro de sangre, la empresa que controla este negocio en Haití, dice Vázquez Figueroa; paga cuatro dólares (poco más de trescientas pesetas). Para los que adquieren plasma en Estados Unidos el premio por litro se multiplica por diez.

Alberto Vázquez Figueroa asegura que la sangre comprada y vendida en estas condiciones carece por completo de vigilancia sanitaria adecuada. Los que venden su sangre lo hacen con tanta frecuencia que su sangre llega a ser completamente inservible para las transfusiones. La falta de control sanitario propicia, por otra parte, el contagio de múltiples enfermedades que los donantes sufren y no declaran.

La empresa que, de acuerdo con Vázquez Figueroa, realiza este comercio es una multinacional que tiene sucursales, entre otros países, en Nicaragua, Honduras, Santo Domingo y Colombia, además de la que funciona en Haití. En algunos de estos países son miembros de los Gobiernos respectivos los que se hallan implicados de modo más escandaloso en el tráfico y en los beneficios que produce. El pasado año, dice el director de Oro rojo, los que controlan la empresa nicaragüense dedicada a la especulación con plasma sanguíneo obtuvieron cerca de ocho millones de dólares (unos seiscientos millones de pesetas).

Vázquez Figueroa recuerda que en el barrio de Vallecas, de Madrid, hubo una sucursal de esta tétrica multinacional. Tuvo que cerrar a raíz de las denuncias habidas sobre sus manipulaciones de la necesidad perentoria que la gente tiene del dinero y de la sangre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de agosto de 1978

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