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ARGENTINA 78

Un Mundial sin turistas

El Mundial argentino, desde un punto de vista turístico, ha sido un fracaso. Los miles de turistas que se esperaban no han aparecido. Las cifras oficiales hechas públicas son francamente desalentadoras para los organizadores de este Campeonato. En realidad, solamente 11.000 turistas se han desparramado por el país. Los otros 6.000 foráneos que han pisado tierra argentina han sido 2.000 miembros de las delegaciones deportivas y 4.000 de los medios de comunicación social.Según se desprende de las informaciones recogidas en el propio Buenos Aires, en el momento de comenzar el Mundial sólo habían llegado al país 6.935 turistas y 2.400 representantes de los medios informativos. Los representantes del mundo de la información procedían de 82 naciones, y en el país había entonces otras cuatrocientas personas entre autoridades deportivas e invitados.

Las cifras totales de los foráneos se descomponían de la siguiente manera: 2.000 habían llegado de Brasil; 150 de Escocia; 750 de España; 501 de Francia; ochenta de Holanda; 450 de Italia; quinientos de México; cien de Perú; sesenta de Austria; 150 de Australia; doscientos de Canadá; doscientos de Costa Rica; quinientos de Estados Unidos; 350 de Inglaterra; noventa de Japón; quinientos de Uruguay; trescientos de Venezuela y 164 de diferentes países.

Según ha recogido la propia prensa argentina, se esperaba que por estas fechas el país contase entre sus visitantes con unas cifras que oscilarían entre las treinta y las 50.000 Personas. Las cifras recogidas hasta el momento se considera que han supuesto una gran frustración.

Dos hechos fundamentales han coincidido para que este déficit de viajeros se haya producido: los precios, que han sido de los más caros del mundo a nivel turístico, y las circunstancias políticas.

Desde un punto de vista económico Argentina no ha ofrecido al mundo unas condiciones aceptables. El hotel de los dirigentes futbolísticos cuesta 4.500 pesetas habitación individual, y 5.800 la doble, y a estos precios hay que añadir el 24 % del laudo y el 16 % del impuesto al valor agregado. Hay precios superiores, como el del Plaza, en donde hay que pagar 7.200 pesetas por persona y 8.800 por dos. En el hotel en que yo me albergo, que no admite comparación con un cuatro estrellas español, porque es notablemente inferior, la habitación individual vale 3.600 pesetas, y la doble 4.000. A esto añádanle que no está el desayuno incluido y hay que pagar por otra parte los impuestos.

El Ente Autárquico Mundial, que según los hoteleros ha sido el organismo encargado de señalar qué hoteles debían acoger a los visitantes y qué precios debían imponerles -los periodistas tuvimos que pagar el 50 % del total antes de salir de España- no ha estado muy acertado a la hora de imponer el nivel de vida que debía privar.

La cuestión política, las circunstancias de este país, han afectado, indudablemente, al proceso turístico previsible en este tipo de acontecimientos. Nunca, como hasta la fecha, se había producido un Campeonato con tantas implicaciones políticas. Desde el exterior se ha intentado boicotear el torneo, y en el país se ha vivido una actitud amable, deportiva y casi excesivamente gentil. El Gobierno nos sigue recordando a través del televisor y la radio cómo ha sido posible este Mundial. El deseo de mostrar un país de una manera amable no ha desaparecido. Quienes no han aparecido han sido los turistas (ayer seguía sin aparecer el director de las revistas Mercado y El Cronista Comercial, Julián Delgado).

Los comerciantes de las principales calles de Buenos Aires están decepcionados. La avalancha sobre los productos típicos de este país, como los cueros y las pieles, no se ha producido. El ritmo de ventas no ha sido muy superior al habitual, Los precios se han disparado en exceso. Hoy ha subido el tabaco casi en un 20 %.

El dinero, sin embargo, no es obstáculo para comprar las localidades de los estadios. La gente paga auténticas barbaridades. A partir de ahora los estadios se quedarán pequeños.

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