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Crítica:

Tercer repique teatral, entre la ilusión y el desconcierto

El último tercio de la temporada teatral ha comenzado con cierta ilusión en los proyectos y cierto desconcierto en las fechas. Alterada la liturgia del sábado de gloria, modificados los hábitos sociales que han lanzado a las carreteras dos millones de potenciales espectadores, una cierta falta de tensión ha debilitado el rotundo fechamiento de la cadencia final de la temporada. Muchos teatros han permanecido abiertos y otros han medio estrenado sin que las fechas reales de sus presentaciones hayan coincidido con los anuncios públicos de los estrenos. El grupo Tábano, en el Martín, respetó la tradición del sábado con Schweyk en la segunda guerra mundial, de Brecht. Le siguió el Beatriz, reponiendo uno de los grandes éxitos de la época dorada de Alfonso Paso: Cosas de papá y mamá, asentadas sobre la eficacia cómica de Mari Carmen Prendes y Rafael Alonso. A la Comedia ha llegado Isabel Pantoja, joven estrella de la canción española, que respeta las normas del género, canta bien, actúa sin dispararse y modela con elegencia un buen proyecto de renovación y reactivación del espectáculo tradicional: Ahora me ha tocao a mí. Al Reina Victoria llega un espectáculo musical de Olano y Pardo, Las divinas. Repone el Marquina El zoo de cristal, de Tennessee Williams, en la nueva versión de Carmen Vázquez Vigo Y se estrena en el Fígaro un Strindberg inédito para nosotros El padre. El redondeo se comple con la versión íntegra de Katiusk de Sorozábal, y la pasada del teat de sombras indonesio en el Cent -Cultural de la Villa.Han coincidido estas fechas co la tradicional celebración del Día Mundial del Teatro conmemorado por el Instituto Español con un ciclo de conferencias sobre la dirección escénica y un cálido pregón de Jaime Salom. En Granada se celebra un festival de teatro andaluz las gentes todas andan perfeccionando los temarios y ponencias del Congreso Nacional de Teatro.

Parece mucho. Y lo será o n según, claro está, la fortuna que acompañe a las reposiciones y estrenos. Aunque ya podría pensar que esas reposiciones y miradas hacia los grandes textos son índices de cierta racionalidad en el planteo de los espectáculos. El mundo entero recurre una y otra vez al repertorio clarificador. No tenemos nosotros esa buena costumbre empeñados en la manía de los estrenos absolutos. Pero un repertorio es una decantación de siglos disciplina, búsqueda y hallazgos teatrales. Brecht, Strindberg y Williams son buenas pistas para restauración del equilibrio. Que sólo exige seriedad en el empeño capacidad en la ejecución. El sus ha sido tan grande y la cuaresma tan larga, que a nadie puede extrañar que de la mortificación sufrida salga el teatro con un buen propósito de enmienda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de abril de 1978