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Ha muerto Charles H. Best, descubridor de la insulina

Ha muerto el doctor Charles Herbert Best, 79 años, que pasará a la posteridad por haber sido uno de los descubridores de la insulina, hormona que metaboliza los hidratos de carbono y cuya ausencia es la causa de la diabetes. Best descubrió la insulina en el año 1921, con su profesor Frederick Banting, en la Universidad de Toronto, en Canadá. El profesor recibió el Premio Nobel y el alumno se quedó sin él, pero aquél lo compartió con Best. Gracias al trabajo de ambos científicos descubriendo una sustancia considerada entre los productos farmacológicos más eficaces del mundo, millones de seres humanos, enfermos de diabetes, cambiaron su condena a muerte por una existencia normal.

El doctor Charles Herbert Best había nacido en Estados Unidos, pero estaba nacionalizado en Canadá. Era el año 1899. Dieciséis años después se graduaba en West Pembroke, para matricularse al año siguiente en la Universidad de Toronto. Tras alistarse en el ejército canadiense durante la primera guerra mundial, al acabar ésta continuó su trabajo científico.En el transcurso del verano de 1921 colaboró con un profesor suyo, el doctor Banting, en el descubrimiento de la insulina. Esta sustancia es una hormona que segrega esa zona del páncreas que recibe el nombre de islotes de Langerhans. Gracias a ella nuestro organismo metaboliza los hidratos de carbono. Cuando falta, comienza a aumentar peligrosamente la proporción de glucosa en la sangre, hecho que constituye la diabetes.

Según definición de Pallardo, especialista español en diabetes y director de la Lucha Antidiabética de la Cruz Roja, ésta, más que una enfermedad, es una manera de estar constituido el individuo que la padece. Generalmente es más acusada en las personas que pasan de los cincuenta años de edad, siendo la más grave de sus modalidades la denominada juvenil, que puede darse incluso en niños de dos o tres años.

La enfermedad juvenil se caracteriza por una descompensación manifiesta, lo que se denomina bache glucémico. «Se sienten mareos -explica a EL PAIS una persona afectada por el mal, Enrique Fraguas diabético desde los tres años, licenciado en Historia, conferenciante y escritor-, mareos qu cursan con un estado eufórico, co o de embriaguez, y culminan co una pérdida de conocimiento. Se suda mucho, se dilatan las pupilas hasta la pérdida del conocimiento.» Esto sucede porque hay un descenso de glucosa y la insulina que resta, al no poder actuar sobre la glucosa, entra en el riego sanguíneo y bloquea el cerebro, produciendo estas pérdidas de conciencia que se palian aportando glucosa al paciente, bien por vía endovenosa o vía oral.

La más grave rnodalidad diabética -prosigue el paciente- es coma accidósico o hiperglucemía, que consiste en una intoxicación orgánica por exceso de azúcar y envenenamiento de acetona. Esto supone una grave alteración del metabolismo de las grasas. Esta es la contingencia ante la que más precaución debe tomar el diabético, habida cuenta de lo imprevisible de su evolución, lo cual no quiere decir que en la inmensa mayoría de los casos ésta no sea favorable, aunque conlleva durante meses diversas complicaciones residuales que se tardan en remontar. Por ejemplo, las hipoglucemias, inestabilidad digestiva, inestabilidad de asimilación de alimentos, dificultades de adaptación insulínica, pérdida de peso aún más acentuada, hipersensibilidad emocional, etcétera.»

«Los diabéticos pueden realizar cualquier tipo de trabajos y una vida absolutamente normal -continúa Enrique Fraguas-, salvo algunas funciones de esfuerzo físico acentuado como halterofilia, picapedreros, descargadores de muelles... No obstante, un ejercicio fisico bien ordenado es de capital importancia para los diabéticos, uno de cuyos enemigos es el sedentarismo y, sobre todo, la inhibición vital, el miedo a su propia diabetes.»

Prolongación de la vida

Es, precisamente la insulina la que ha trasformado con su tratamiento de la diabetes la vida del enfermo. Una sustancia de peso molecular 6.000 -un péptido-, considerada como la primera proteína de estructura conocida, que valió el Premio Nobel a sus descubridores, cuya fórmula exacta fue determinada mucho después, en el año 1953, cambió la vida de millones de personas. Sus efectos sobre el organismo -disminución de la glucemia, aumento de la permeabilidad de las membranas celulares a la glucosa, estimulación de la metabolización de ésta, y ayuda a la formación de glucosa a partir del glocógeno- se traducen, en el lenguaje de la vida ordinaria, a una superación de la crisis del diabético, a una prolongación de su vida durante años, durante décadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de abril de 1978

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