Elecciones legislativas francesas

El Partido Comunista francés, al borde del poder

El 20 % de los 35 millones de electores franceses, 74 diputados, diez senadores, 3.000 millones de pesetas de presupuesto oficial anual, un grupo de prensa potente y un centralismo democrático que garantiza la disciplina de sus 632.000 militantes: tal es la carta de visita del Partido Comunista Francés (PCF) que, según un historiador británico es «el partido más numeroso, el mejor organizado, el más popular, pero el menos afortunado en la conquista del poder».A pesar de no haber gozado del poder, salvo su colaboración efímera tras la última guerra mundial, el PCF ha jugado un papel determinante en la vida pública francesa, aunque haya sido de manera indirecta. En tiempos de la presidencia del general Charles de Gaulle se decía que «en Francia gobiernan, el general y los comunistas», gracias al apoyo del PCF a la política exterior, de independencia nacional, del señor De Gaulle.

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Hoy, por primera vez, aliado con su «hermano enemigo», el Partido Socialista, y con el Movimiento de los Radicales de Izquierdas (MRG), de influencia mínima al lado de los «dos grandes», el PCF está al borde del poder. Los próximos comicios legislativos dirán si, por primera vez, en Europa occidental, una coalición socialista llega al poder y realiza una gestión posible.

El PCF nació en 1920, como consecuencia de la escisión que se produjo en la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO). Hoy, el partido es rico, pero en aquella época también lo era: 110.000 de los 150.000 militantes de la SFIO se afiliaron al nuevo PCF. El diario L'Humanite, también del Partido Socialista, quedó en manos de los comunistas.

La época difícil

Durante los tres decenios que siguieron, el PCF conoció una época difícil. La estrategia de «clase contra clase», le situó fuera del sistema político vigente. Fue el ascenso del fascismo y el del nazismo quien le devolvió el fervor de las masas, con Maurice Thorez en la secretaría general, y en 1936, a la hora del Frente Popular, contaba con 280.000 militantes. El pacto germano-soviético, aprobado por el PCF, fue otro golpe duro que provocó la disolución, en Francia, de las organizaciones comunistas.Pese al lastre negativo que el pacto germano-soviético acarreó para el partido francés, la contribución de los comunistas franceses a la resistencia contra los nazis ha sido calificada de capital por observadores de múltiples adscripciones ideológicas y políticas, por cuanto que el PCF fue uno de los ejes principales alrededor de los cuales se nuclearon los resistentes antihitlerianos.

Pero la etapa de la liberación reconcilió de nuevo al partido con el resto de los franceses, y su entrada en el Gobierno, de la mano del general De Gaulle, con cinco ministros, lo convirtió en la fuerza electoral más importante. Por esta época se acercó al millón de militantes. En 1947, fuera ya del Gobierno y la «guerra fría», lo relegó una vez más al ghetto.

Fue el único partido que combatió, sin dudarlo, la vuelta del general De Gaulle al poder en 1958. Pero después, «los aspectos positivos» de su diplomacia (su antiamericanismo, concretamente) favorecieron una política de coexistencia pacífica con la quinta república del general.

Tras la época gaullista y la etapa estalinista simbolizada por Maurice Thorez, y tras el susto de mayo ode 1968 que los comunistas y el entonces primer ministro, Georges Pompidou, canalizaron con los «acuerdos de Grenelle» (20 % de aumento de los salarios).

La muerte de la «primavera de Praga» representa una nueva era, presidida por su actual secretario general, Georges Marchais. A raíz del «golpe» de Praga, el PCF inició su agiornamento en el sentido de la democratización.

Por primera vez, entonces, se pronunció contra la URSS y ya no ha dejado de distanciarse de la política interna de Moscú. Desde 1968 también acentuó su contacto con los socialistas hasta que, en 1972, firmaron ambos el Programa Común, instrumento destinado a la conquista y la práctica del poder.

En el XXII congreso de 1976, el PCF oficializó el abandono de la dictadura del proletariado, y según declaró anteayer el señor Marchais, «en el próximo congreso, el XXIII, se revisarán los estatutos y la cuestión del centralismo democrático».

El PCF es el partido más rico de Francia o, al menos, así se estima, en todo caso es el único que posee una caja fuerte autónoma y nutrida. En contra de la leyenda, en Francia todos admiten que «el dinero de Moscú», hoy al menos, es una historia pasada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 03 de marzo de 1978.

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