Incidentes en el recital de Joan Baez en Barcelona
El recital de Joan Baez en el Palacio de los Deportes de Barcelona, en la madrugada de ayer, como su presencia en España, ha estado marcada por la explotación del propio mito y la ambigüedad que ha presidido todas sus acciones, unido a un pequeño incidente con los periodistas, que fueron obsequiados con un corte de mangas a los fotógrafos.Su actuación en Fiesta y los recitales que ofreciera en Barcelona no buscaron otra cosa que reafirmar una imagen definida por su actitud, militante contra la guerra del Vietnam y en pro de los movimientos de la no-violencia.
En el programa Fiesta buscó un distanciamiento del marco en que se hallaba, que no resultó muy coherente ni con el dinero que cobró (sobre el millón de pesetas), ni con la coartada que su actuación suponía para un programa que nunca se ha caracterizado por sus deseos progresistas.
En Barcelona, Joan Baez continuó explotando su antigua imagen. Conseguir un éxito apoteósico y una rentabilidad económica envidiable, son más el tributo de los espectadores a sus propios recuerdos que el homenaje a una creatividad que brilló por su ausencia.
En su interpretación fue la Baez de siempre: una espléndida voz, un saber estar y unas enormes lagunas con la guitarra. El público lo aplaudió todo, incluido gestos tan claramente publicitarios, como entregar en el escenario parte del dinero de la recaudación a los grupos de acción no violenta. Después de la lectura de una carta de Xirinacs, Joan Baez tuvo el detalle de despedir a los fotógrafos que realizaban su trabajo junto al escenario con un expresivo corte de mangas.
Antes de la rueda de prensa, los informadores gráficos y literarios elaboraron una nota de protesta ante su actitud.
La cantante trató de disculparse diciendo que en Estados Unidos, este gesto le hace mucha gracia a todo el mundo.
La presencia de Joan Baez en España se ha resumido con todos estos hechos en una desgraciada muestra de divismo que busca desesperadamente el ropaje de una imagen progresista.
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