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REPORTAJE

El ruido y el calor, condicionantes de nuestra, vida

Tanto desde una perspectiva de aprovechamiento energético como de convivencia humana, cada vez parece más evidente la necesidad existente.en las casas donde se desarrolla nuestra existencia de lograr un adecuado aislamiento térmico y acústico. La nueva arquitectura tiene en cuenta cada vez más esta profunda necesidad de conseguir un clima sonoro y térmico más adecuado para el desarrollo de la vida humana que el actual caos de ruido y temperatura que reina en multitud de viviendas. También en esto, los sectores sociales más desfavorecidos sufren las consecuencias de un mal aislamiento acústico y térmico. Alfonso García Pérez elaboró un informe sobre el papel de un ruido y un calor descontrolados en la vida humana, en colaboración con Carlos García Harcones, del equipo de estudios sobre medio ambiente del Ayuntamiento de Madrid

Las ondas sonoras que constituyen el sonido hacen vibrar las paredes de nuestros tímpanos, tras haber atravesado el canal auditivo externo y el oído medio, llegando al oído interno. Células nerviosas altamente sensibles transforman la excitación sonora, que es una simple forma de vibración mecánica de las partículas del aire, en influjos nerviosos.

Existen unos puestos de conmutación en el interior del cerebro, donde, ante el estímulo o influencia de los impulsos nerviosos de origen sonoro, se crean otros impulsos.Por ejemplo, un ruido agudo e inesperado puede producir reacciones típicas motrices, como son los sobresaltos. Otras veces las excitaciones se dirigen hacia los centros de nervios vegetativos y desencadenan reacciones de los órganos internos, (aceleración cardíaca, modificación de la circulación sanguínea, inhibición de los órganos digestivos.l.).Numerosas experiencias fisiológicas han demostrado que ruidos fuertes e inesperados provocan aumentos de la presión sanguínea, aceleración de la actividad cardíaca, modificación de la circulación sanguínea con vasoconstricción periférica, elevación del metabolismo, inhibición de la actividad de los órganos digestivos y aumento de la tensión muscular. Todas estas reacciones se producen inconscientemente, independientemente de las sensaciones de desagrado que puedan provocar. Se trata de reflejos del sistema nervioso vegetativo originados en el cerebro. Corresponden a una elevación del simpático y reflejan una orientación general del organismo hacia un estado de alerta, predisponiendo a la lucha, la huida o la defensa. La naturaleza ha dispuesto, pues, que ante la aparición de un fuerte ruido, todo empiece a desarrollarse como si el organismo estuviese ante un agente desconocido y peligroso, atribuyendo la producción del fuerte sonido a esos agentes.Efectos sicológicos e interpersonales

Además de estos efectos reflejos, otros puntos de conmutación cerebral permiten conectar los impulsos nerviosos procedentes de la percepción de sonidos con las partes periféricas del cerebro que pertenecen al cortex cerebral donde se encuentran localizadas la percepción, la comprensión, la reflexión y otras funciones de la, conciencia.

A partir de aquí, sin embargo, la influencia del ruido se multiplica, influyendo en toda nuestra vida síquica. El sonido, al fin y al cabo, es una forma de comunicación, el vehículo de un mensaje; mensaje que establece una relación interpersonal o una relación con el mundo. Toda nuestra vida afectiva y nuestras relaciones pueden, por tanto, verse afectadas por la cualidad del mensaje sonoro. De todos es conocido el papel que la modulación de la voz, los tonos empleados, el volumen sonoro con el que se habla, la velocidad de pronunciación, etcétera, juegan en los sentimientos que nos produce el mensaje sonoro. Una persona que habla muy deprisa o muy alto puede estar expresando sentimientos de ansiedad que provocan, a su vez, en el receptor, sentimientos defensivos, reacciones de miedo o agresión ante el voraz interlocutor. Otras veces, los mensajes sonoros expresados por un individuo que habla con excesiva lentitud y poca intensidad de voz pueden estar expresando complejos sentimientos que van desde el miedo al otro, manifiesto en una actitud pasiva, hasta la postura narcisista del -que habla muy bajo para obligar al otro a escucharle mejor o a acercarse fisicamente.

El siquismo se liga estrechamente con el mundo del sonido, formando un todo dialéctico en el que hechos mecánicos (sonoros) produzcan efectos síquicos (afectivos) o, recíprocamente, situaciones emocionales determinan la elección de tonos de voz o situaciones sonoras ambientales. La música es un buen ejemplo de esto. Cada compositor, clásico o actual, expresa un profundo mensaje emocional, en el que muestra su percepción del mundo y de las personas, mensaje con el que establece una profunda comunicación con ese mundo y esas personas. La elección de un cierto tipo de música, o un compositor o grupo determinado está revelando constantemente cuál es el tipo de sentimientos que el receptor desea desencadenar o apoyar en su esiado de ánimo: tristeza, alegría, euforia, entusiasmo activo, movimiento corporal, apertura, meditación, obstinación, reflexión, penetración, pasividad, etcétera.

En ese complejo mundo, de interacción entre sonidos y sentimientos, el ruido, «suporposición anárquica de ondas sonoras» juega también un papel. Se puede elegir el ruido como forma de evasión y sumisión a un estado desordenado en el que refugiarse frente a sentimientos dominantes que preocupan o, sencillamente, se puede sufrir el ruido como consecuencia de un clima social o urbano, agresivo y despectivo respecto a la intimidad afectiva y la identidad síquica de los ciudadanos.

Se sabe, por ejemplo, que los ruidos entorpecen la percepción de informaciones acústicas, tales como la voz humana, con lo cual dificultan una comunicación en profundidad entre los seres humanos en una de las vertientes básicas de esta comunicación: la palabra hablada. También se ha comprobado que es más difícil reflexionar y concentrarse en un lugar ruidoso que en un sitio) tranquilo, exigiendo la realización de un esfuerzo suplementario para dominar la molestia del ruido.

Algo similar, aunque diferente, sucede respecto al calor. También el aislamiento térmico favorece un desarrollo armónico de las funciones orgánicas y siquicas, entorpeciéndolas su desequilibrio. Es de sobra conocido el papel peligroso que desempeñan en la salud de ancianos o personas especialmente sensibles los cambios bruscos de temperatura, aunque también está científicamente demostrado que los cambios desempeñan un papel estimulante, frente al riesgo que supondría una temperatura siempre estable.

También la subjetividad influye en la percepción del calor. Se constata que unas personas se sofocan y sudan con temperaturas que a otras les parecen insuficientes. La misma persona puede sentir, frío con la misma temperatura que en otro instante le produce calor. El siquismo juega un gran papel. Muchos estados emocionales se traducen inmediata mente en percepciones térmicas. El hipotálamo tiene estrecha relación con estos fenómenos.

El correcto aislamiento, tanto en la dimensión acústica como térmica, es esencial, según los especialistas, para un correcto y armonioso desarrollo de a personalidad y las relaciones humanas. Está demostrado por la sicología de las profundidades que el carácter dialéctico de la existencia humana requiere tanto, momentos de soledad como de compañía, de aislamiento como de comunicación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de noviembre de 1977