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Entrevista:

"La suerte del episcopado español es no tener el Vaticano en Madrid"

EL PAIS: ¿Cuál es la mayor novedad de su libro?GIANCARLO ZIZÚLA: Históricamente la narración de las elecciones secretas de los tres últimos papas. Ha sido una sorpresa porque muchos pensaban por ejemplo, que Pío XII fue elegido por unanimidad, y sin embargo no fue así. La elección de Pablo VI fue mucho más dramática de lo que muchos imaginan y fue nombrado sólo porque algunos cardenales conservadores de la curia, como Ottaviani le dieron su voto. El drama del pontificado de Pablo VI empieza en aquel cónclave.

EL PAIS: ¿La novedad de fondo del libro?

G. Z.: Abrir un debate acerca del Papa. En la cultura contemporánea no existe ya una imagen del Papa como trono religioso ni una imagen del Papa como Cruz Roja para las enfermedades de la sociedad. Existe una nueva imagen del Papa que es crítica del pasado con forma de poder. Fellini, por ejemplo, la identifica como máscara de la muerte. Pasolini y García Márquez no conciben un Papa sino como aliado con los sin poder, convirtiéndose en la forma con la cual los oprimidos del mundo hacen la historia. O bien un Papa como utopía: que acepta el desafío de la historia fuera de las murallas de las antiguas seguridades.

EL PAIS: ¿Diferencia entre Juan XXIII y Pablo VI?

G. Z.: La reforma intentada por Juan XXIII de las instituciones era escatológica. Lo revolucionario era que relativizaba la sustitución eclesiástica. Con Pablo VI se opta por una verdadera reforma eclesiástica. En este sentido es verdad lo que dicen algunos historiadores, que la Curia Romana cuanto más se reforma más se fortifica.

EL PAIS: ¿La característica del pontificado de Pablo VI? G. Z.: La transición. Se había dicho que Juan XXIII era el Papa de transición en un momento en el cual las instituciones han sido agredidas en todo el mundo por una revolución cultural. Esta transición tiene la ventaja de dejar abiertas las puertas para el futuro, pero no ha resuelto el problema de las relaciones entre la Iglesia y el mundo.

EL PAIS: ¿El futuro Papa será italiano o extranjero?

G. Z.: No tiene importancia por que existen en la Curia no- italianos que son extranjeros a la Iglesia figuras evangélicas que no son extranjeras en ninguna parte del mundo.

EL PAIS: ¿Dónde va la Iglesia católica?

G. Z.: Hacia la aceptación de su crisis como institución política y económica. Instrumento de la cristiandad de ayer, se esfuerza por ser instrumento de la fe de mañana.

EL PAIS: ¿Cómo ve el episcopado italiano?

G. Z.: Es el episcopado más en crisis del mundo porque es el episcopado que ha tenido un papel poder más explícito. Si lo que está en juego es el fin del poder temporal de la Iglesia es evidente que tiene que ser el episcopado con mayores dificultades. Es el más numeroso porque tenía que ser el cinturón de seguridad de todas las libertades del Papa. Pero hoy va ya adquiriendo una cierta autonomía. Vive en un continuo conflicto entre su papel histórico de defensa del pasado y el papel moderno de defender la fe. -.

EL PAIS: ¿Y el episcopado español?

G. Z: Ha tenido la suerte de no tener el Vaticano en Madrid. Por eso hoy puede ser más libre y lo es. Pienso que la experiencia franquista da al episcopado español una función muy importante en el episcopado mundial y sobre todo europeo en un momento de tentación de eurocatolicismo como contraposición al eurocomunismo.

EL PAIS: ¿El deseo de diálogo de la Iglesia con el mundo marxista, no puede parecer a tantos cristianos como una tentación para subir en el carro del nuevo vencedor?

G. Z.: Junto a una buena voluntad de verdadero diálogo con todas las realidades del mundo moderno puede existir también la tentación en los nostálgicos de la Iglesia como poder de convertirse de nuevo en la Cruz Roja que no acepta el tormento y el trabajo de la transición y busca un nuevo pacto constantiniano con el poder de izquierda como ayer lo hizo con la derecha. Es la tentación de barnizar de rojo una Iglesia de poder que dentro permanece inmutable.

EL PAIS: ¿Una página de su diario que aún no ha publicado?

G. Z.: Algunas cosas prefiero no publicarlas por respeto a las personas. Pero por ejemplo podría interesar a los lectores de EL PAIS saber que entre diciembre de 1969 y enero de 1970 hubo un serio conflicto entre el Vaticano y el régimen franquista. Pablo VI fingió una enfermedad diplomática para sustraerse a las presiones del Gobierno que intentaba que el Papa impidiese la publicación de un documento del episcopado español muy crítico Contra el régimen de Franco.

EL PAIS: ¿Existe una crisis del cristianismo?

G. Z.: Sí, pero es una crisis positiva. Es el descubrimiento de que el cristianismo no nació como religión, sino como un desafío al templo.

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