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Tribuna:

El sintetizador

El sintetizador. Gran palabra para un instrumento que, como cualquier otro en la historia de la música occidental, ha visto acompañado su nacimiento y posterior utilización de una enorme polémica y una larga serie de diatribas. Pero ¿qué es un sintetizador? Ni inás ni menos que un conjunto de transistores, osciladores, modificadores y mezcladores al cual se ha añadido un teclado.Los intentos de producir música a través de la mera electrónica se remontan a William Duddel (1899), a los estudios que sobre esta idea montó la Radio Televisión Francesa y a los trabajos de Pierre Schaeffer utilizando filtros y modificadores para transformar los sonidos de cintas magnética,s grabad*as en la calle (principios de la «música concreta»). Posteriormente apareció el ondas Martenot, primer instrumento electrónico que incorporaba teclados. El señor Moog inventó más tarde el primer sintetizador propiamente dicho.

Las características de este aparato son muy peculiares. Al poder desarrollar una gama prácticamente infinita de timbres, su utilización puede dar lugar a sonidos «inauditos» (en su más primitivo sentido de «nunca oídos»). inmiediatamente, y con una rara unanimidad, tanto los críticos de «clásica» como los de «rock» o de «jazz» se lanzaron encima de uninstrumento cuyo único crimen es el de poder reproducir el sonido de todos los anteriores y aún más. Esta resistencia, muestra de un estalinismo musical conmovedor, se vio rápidamente superada por las ¡limitadas posibilidades de «ese chisme».

Actualmente, el sintetizador se utiliza hasta para las canciones del verano e incluso grupos como Tangerine Dream, de gran éxito comercial, basan su música únicamente en él. A pesar de todo y de su introducción masiva en el rriercado como una de las aportaciones técnicas que nuestro siglo ha hecho a la música, la leyenda del sintetizador sigue siendo negra. Por suerte, el tiempo corre más deprisa que los prejuicios y lo que ayer era un aparato de visionarios hoy es algo que se encuentra ahí, a la vuelta de cualquier esquina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de agosto de 1977