Las corridas de transición
En toda feria, y más si es maratoniana, son necesarias las corridas de transición. Los aficionados se distraen en una tarde simplemente entretenida, comentan, se olvidan de disgustos pasados y la emoción reposa en espera de corridas llenas de expectación. Es un descanso sin tener necesariamente que suspender la feria.Pero, claro, este tipo de corridas retraen y ayer, Las Ventas tuvo la entrada más floja de la isidrada. Huecos en todo tipo de localidades y placidez y bondad en los aficionados que fueron. Hasta los de la andanada del «8» estuvieron apagados.
Y es que en la fiesta, si no hay toreros con «ángel» o, en su defecto, toros que lleven la emoción al público, éste se aletarga plácidamente y concede ovaciones con más inercia que otra cosa. No deja de reconocer ciertos valores en los diestros, nobleza en los toros, pero le falta algo que le enardezca. Hay lances que bien valen una corrida; ayer la oración se volvió por pasiva.
En los toros, el público debe vivir y sufrirjunto con el torero. Cuando no hay ese íntimo diálogo, ya sea para bien o para mal, el encanto desaparece y la respuesta a la vuelta de la plaza, cuando se pregunta qué tal fue la corrida, es ambigua: « ¡Psch, estuvo bien! »
Pero la isidrada sigue, no aburre, y siempre se espera algo más. Un aficionado gritó ayer a Currillo, al término de la corrida: « ¡Que Dios te dé tanta salud como descanso nos dejas! »


























































