Cuatro toros con casta
Terminada la corrida, Victorino Martín, aún en su asiento del tendido dos, recibía efusivas felicitaciones y agrias censuras. Nos dijo que no estaba descontento de sus toros. «Lo que pasa es que esos dos se han asustado, y así no hay manera. Los cuatro últimos toro tenían clase.»El juego de estos cuatro -los otros dos eran inválidos-, que derrocharon casta, fue así, en síntesis.
Tercero. Cárdeno, escurrido, cornalón y astifino. Huído de salida. Cerca de toriles, dos varas en las que pelea con genio. Otra al relance, en la que le pegan fuerte, y se sale. Embiste con la cara alta y sentido. Muere en el centro del ruedo, y con un bajonazo aún acomete y desarma. Cuarto. Negro, con cuajo, abierto de cuerna. Noble y codicioso en el capote. Acude alegre a dos varas, recarga, le hacen la carioca; en la segunda cabecea y se sale de la suerte. Agotado, noble. Quinto. Negro, gran trapío, impresionante cornamenta, aplaudido de salida. Corretea a la huida. Por su cuenta un picotazo del que sale coceando y lo mismo hace en el otro caballo. Fijo en una vara, en la que le pegan de firme, con carioca. No se emplea en otra. Mucho castigo en la siguiente, que toma fijo. Noble en la muleta. Herido y con vómito desangre, aún embiste y aperrea al matador. Sexto. Cárdeno, trapío, bien armado. Se escupe de los capotes. Recarga y lleva al caballo a los medios, mientras el puyazo es un asesinato. Escándalo. Muy alegre y noble hasta que muere en el centro del ruedo.


























































