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CARTAS AL DIRECTOR

Sobre Cataluña

Le ruego la publicación de las siguientes breves notas, a propósito de ciertas afirmaciones de éste (y otros diarios) sobre supuestos agravios o discriminaciones a Cataluña. Por ejemplo (uno entre mil), lo que refiere la página 19 de¡ número de 25 de marzo de 1977 de EL PAIS.Recuerdo en mi niñez haber oído estas frases de boca de Francisco Maciá, presidente de la «Generalitat» a la sazón: «No podemos los catalanes depender de los castellanos, que son una raza inferior.» Eran los años de la Segunda República, que había ya servido en bandeja a los catalanes el Estatuto, quizá en reconocimiento de esa inferioridad. Y esta frase, en castellano o catalán, más o menos disimulada (que no todos van a ser tan poco diplomáticos como aquel decorativo asno), la oye uno constantemente, a, menos que se tape los oídos. Lo he comprobado infinidad de veces.

Ahora, Jordi Pujol ha tenido problemas por ciertas imprudentes palabras que dejaban descubrir su xenofobia antiandaluza, y para hacer como que rectifica, pone las cosas peor.

La muestra paternalista y sólo pone como condiciones para acoger la Inmigración «ser y, sentirse catalanes». Y no se olvida de pasar la lista de agravios: «Cataluña bajo la dictadura franquista». Parece que el resto de España no padeció la dictadura, o que los mismos que ahora se quejan no tuvieron culpa ninguna de su implantación.

Es una verdad como un templo, que la burguesía catalana (y vasca también) es la principal beneficiaria de los errores e injusticias de una dictadura que (ahora se está viendo) ha desertizado y casi aniquilado media España (grandes extensiones de ambas Castillas, Aragón, Extremadura y Andalucía) en beneficio de la industria vasca y catalana.

A quienes me permito recordarles que la novísima inquisición franquista (todavía colea) fue organizada por dos cardenales catalanes, fidelísimos servidores de Franco: Gomá y Pla y Deniel. Y que el tinglado opusdeísta se lo debemos a otro catalán, López Rodó, no menos fiel al dictador gallego.

Naturalmente, en mi vida he tenido ocasión de tratar con muchos catalanes realmente cultos y refinados, que se abochornan del «racismo barcelonista» (más que catalanista) que padecen sus coterráneos. Pero hay una considerable proporción de éstos que creen a pies juntos que si todo el dinero de¡ país se va para Barcelona y toda su región no es por los trucos de una política económica cocinada entre bastidores y sin control del pueblo, sino porque ellos, los catalanes, son más listos y más guapos que los demás. Tanto que parece les van a dar el Ebro. (¿Y por qué no el Tajo, el Duero, etcétera?)

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de abril de 1977