Crítica:CINECrítica
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A la sombra del ring

La obra importante y múltiple de Huston se diría que corre por dos vertientes a la vez paralelas y distantes. Una de la que incluye títulos más o menos conocidos, amparados en nombres famosos y lanzados como filmes comerciales. Otra, menos asequible, que incluye en ocasiones películas que podríamos llamar minoritarias si tal denominación no se empleara a menudo para amparar o justificar infinidad de obras mediocres.A esta última vertiente, si no maldita, sí menos prodigada, pertenece Fat City que como Reflejos en un ojo dorado o La roja enseña del valor, revelan desde sus primeros diálogos e imágenes su procedencia literaria. Mas si en la novela de Carson McCullers, los símbolos fallaban al pasar, al cine, arrastrando tras sí un mundo superado en costumbres, moral y relaciones, en el caso de la novela de Leonard Gardner, tal riesgo se salva por la gran tradición de que los temas de boxeo gozan en el cine y la literatura norteamericana y también porque Huston, boxeador en su juventud, ha enriquecido el filme con propios recuerdos y vivencias personales.

Fat City, Dirección, John Huston

Guión, Leonard Gardner según su novela .Fotografía ,Conrad Hall. Música Marvin Hantlisch. Intérpretes: Stacy Keach, Jeff Bildges, Susan Tyrrelt EEUU. Color. Dramática. Versión original, subtitulada. Local de estreno, Peñalver.

Esto es visible también a lo largo de las dos historias paralelas que componen la narración: la del campeón fracasado en el ring y en la vida, y la del que nada es y duda en sus primeros pasos hacia la fama y el título. Con los dos personajes se inicia la película y con los dos concluye, como un mundo cerrado en el que nadie fuera capaz de escapar, como si un oscuro fatalismo pesara sobre los dos protagonistas. Ello resulta casi palpable en la magnífica ambientación, en los tipos y en la morosa complacencia con que a veces Huston se recrea en las situaciones, lejos siempre del melodrama y de los tópicos habituales localizados no en el brillante mundo de las grandes ciudades, sino en el bajo y humilde de la más ínfima picaresca del espectáculo. Todo lo que, éste es hoy, a la vez deporte sangriento y negocio, suicidio y espectáculo, se halla, aquí admirablemente dado en el pequeño lugar de Stockton entre alcohol, mestizos y plantaciones, entre el fracaso de los débiles, la miseria, la enfermedad y la soledad apuntando el final de la tragedia.

El tema así va más allá del puro mundo del boxeo. El combate de su protagonista no es contra ningún rival particular, sino contra su propio destino, contra su propia vida, más allá del cuadrilátero. Es como un nuevo capitán Acab -personaje también afín a Huston-, alzándose sobre sus propias frustaciones para alcanzar un triunfo que venga a dar sentido y medida, si no a su vida, al menos a su muerte.

Aparte de la espléndida fotografía junto con las baladas que animan la banda musical, merece destacarse, como en la mayoría de las obras de Huston, la magnífica dirección de actores entre los que sobresalen muy especialmente Susan Tyrrell, en un dificil-papel, y Stocy Keach, en el de Tully, cuyo sudor y sangre sólo valen al, final de sus días solitarios una ilusión fallida, y un puñado de dólares.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 13 de abril de 1977.

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