Crítica:
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Cantos afroamericanos

El próximo día 21, a las 7.30 de la tarde, y organizado por la Comisaría General de la Música, tendremos en el Teatro Real una muy interesante sesión de cantos afro-americanos de la mano de los Jubilee Singers, de Los Angeles, un grupo dirigido por Albert McNeil y compuesto por seis voces femeninas y seis masculinas, entre las que destacan la soprano Saundra Hall, la contralto Virginia White, el tenor Thomas Young y el bajo Víctor Graham. Para darnos cuenta de la calidad de esta agrupación, pasemos rápidamente la vista por su curriculum: en el terreno cinematográfico, sus voces han participado en las bandas sonoras de los films Porgy and Bess, Carmen Jones (la versión negra de la Carmen, de Bizet), Harry Sundown y en eI documental Oh Freedom. Han actuado en diecinueve países y han participado en todo tipo de festivales, desde el Festival Mundial del Folklore de Guadalajara (México), hasta el Festival Internacional de Música Sacra de Umbría. El programa que presentan ahora en Madrid es amplio y abierto, sobre todo si lo relacionamos con otras formaciones de este tipo, pues, junto a un buen número de espirituales (Sinner Man, Rock my Soul, Mary Was the Queen of Galilee y Ezequiel Saw the Wheel, por ejemplo), encontramos un par de godspels (Satisfied y Jesus Will), una selección de la obra de George e ira Gershwin, Porgy and Bess (que comprende Oh, I cant sit Down, Gone, Gone, Gone, Summertime, It A in't Necessarily So y I'm On my way) y unos calipsos y canciones contemporáneas, entre las que han elegido World Goin'down, Ug1y woman y Ease Down. La influencia de los espirituales y de los godspels en el jazz fue notable, sobre todo en su prehistoria, no en balde junto a los cantos de trabajo, al blues, a los shouts, etcétera, le dieron prácticamente origen; no olvidemos que los negros dejaron de ser africanos y se convirtieron en americanos ese día desconocido en que asumieron el hecho de que tenían que prescindir de los recuerdos de su Africa ancestral y enfrentar se al mundo que les rodeaba, aprender el idioma que en él se hablaba y que era tan extraño al que les habían enseñado sus antepasados, cuya primera remesa, procedente de Africa, llegó a la Lousiana en 1713, ya que, un año antes, Luis XIV, a quien entonces pertenecía este territorio, había otorgado a Antoine Crozat el permiso correspondiente, y cuando tuvieron que conocer una religión tan distinta a la suya, con nuevos dioses e iconografía ajena a sus hondas tradiciones religiosas. Cuando los sacerdotes protestantes empezaron a catequizarlos y captaron su innato sentido del ritmo y su prodigiosa capacidad de armonización vocal, les enseñaron e incluso obligaron a cantar, ya que era ésta la única manera de que en la iglesia atendieran a algo que les sonaba a hueco, falso y extravagante. De ese empeño de los sacerdotes protestantes surgieron los espirituales (una mezcla de textos bíblicos con melodías y ritmos negros) y los godspel, que no eran más que el sermón o lectura del evangelio del día, que realizaba el predicador, y a la que contestaban los fieles.El próximo día 21, a las 7.30, en el teatro Real, y de la mano de los Jubilee Singers, tendremos en Madrid una buena demostración de estos cantos, que, a pesar de su edad, o a lo mejor quizá por ello, siguen siendo apasionantes, sobre todo en las voces de sus creadores: el pueblo negro americano.

Pedro Ruy Blas, en la Universidad

Esta tarde, en dos sesiones, a las 5.30 y a las ocho de la tarde, eh el Colegio Mayor Calasanz, de nuestra capital, el grupo que ha formado Pedro Ruy Blas intentará una vez más explicar al público presente la calidad de su música y la dificultad de hacerla marchar por los circuitos comerciales del país. Como siempre, estarán con Pedro, el flautista Jorge Pardo, el pianista Jean-Luc Vallet, el contrabajo Alvaro Yébenes y dos percusionistas latinos: un venezolano, César Berti, y un peruano, Chévere. Quizá el culto ambiente que uno supone inundará los claustros de este Colegio Mayor ayude a comprender una música difícil que lleva dentro de ella mucha ironía, sarcasmo y juerga.

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