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Tribuna:La cuestión catalana / 2

El contencioso con Cataluña

Tras hacer en el primer capítulo (véase EL PAIS del 23 de enero) algunas consideraciones históricas sobre la cuestión catalana Ramón Trías Fargas aborda en este segundo capítulo las causas profundas que están en la base del contencioso entre Cataluña y el resto del país.

1. Entonces, si en definitiva el problema no existe, ¿por qué sigue planteado un virulento contencioso entre Cataluña y el resto del país? La cosa es compleja y creo que las causas pueden reunirse en dos grandes grupos. Unas valen para todos los estados y «regiones» y son de general aplicación y otras son específicas de Cataluña.Empecemos por las primeras y olvidémonos por un momento de Cataluña. Vamos a argumentar en pro de la descentralización de modo general y técnico.

2. Llama la atención el resurgir de los movimientos federalistas, autonomistas y regionalistas por todos los países industrializados modernos. Véase si no el caso de Escocia en Gran Bretaña, de Bretaña en Francia o de Quebec en Canadá. Incluso en los, países que ya eran federales se agudizan los deseos de descentralizar. Se está entrando por el camino del llamado Nuevo Federalismo, que se basa más en el propósito de coordinar que en el de dividir, pero que alimenta la descentralización. Esto tiene una explicación y no obedece al azar. Resulta de la situación real del mundo contemporáneo. No es nada específico, ni de España, ni de Cataluña. Eso no quiere decir que el problema catalán no se superponga al planteamiento técnico que voy a esbozar, y lo haga más amplio y difícil. Lo qué digo es que la base del problema y, la necesidad de descentralizar surgiría con o sin Cataluña. Si me permiten, iremos por partes.

3. Creo que desde el momento, hace siglo y medio, en que las complejidades económicas de los países industriales empezaron a ponerse de manifiesto, se comenzó a hablar sistemáticamente de descentralización.

Descentralización política, con todo el gran tema de organización social que gira alrededor del federalismo.

Descentralización administrativa, más práctica y más limitada que la anterior, pero también más inevitable.

Contadas personas, por lo. menos en el campo democrático, creen, en efecto, que un país moderno puede ser administrado con éxito de forma centralista. Esta parece ser la actitud más aceptada por los tratadistas.

4. En lo fiscal y financiero, signo que imprime carácter en materia de descentralización y en todo, se sostiene con razón por los economistas que creen en la economía de mercado que el Estado no debe desarrollar actividades públicas que puedan ser realizadas por los órganos locales de gobierno. Y ello porque:

1.º Tiene sentido que los temas económicos que sólo interesan a una región o municipio deben ser resueltos a gusto de los interesados, o sea por ellos mismos. Se fomenta asila eficacia.

2.º La participación de los ciudadanos en la expresión de sus necesidades y deseos así como su eventual participación en la administración pública son más fáciles. Se fomenta la gestión democrática de la cosa pública. En el fondo son siempre aspectos de eficacia. No se olvide que las finanzas públicas democráticas consideran eficaz la mejor satisfacción del contribuyente. Si las necesidades de éste se identifican mejor a nivel local, la eficiencia hacendística democrática tiene que abogar por la descentralización de las decisiones.

Entre nosotros, los que se dejan llevar más por la pasión que por sus conocimientos afirman que el federalismo es una fórmula periclitada que existe como reliquia histórica encaminada a su propia desaparición. Todos sabemos que esto no es así. Si bien el Estado omnipotente, el Leviathan de Hobbes, está más presente que nunca, la campaña por los derechos y prerrogativas de los Estados federados tiene en USA una fuerza cada día mayor.

5. Al planteamiento tradicional antes esbozado la problemática actual añade nuevos argumentos regionalistas y descentralizadores. Por ejemplo, el desarrollo económico es desequilibrado en el espacio y esto nos lleva a estudiar soluciones y políticas por regiones.

A este respecto cabe decir que está muy de moda, por parte de funcionarios y profesores al servicio del Estado, afirmar que la descentralización sólo sirve para crear desigualdades intolerables entre regiones. ¿Es que esos señores creen que no nos hemos dado cuenta de que esos desequilibrios se han producido mientras esos mismos señores gestionaban uno de los Estados más centralizados del mundo? La pobreza de Jaén no viene, si acaso, de Barcelona, sino de Madrid.

6. En toda esta problemática juega un papel importante el proceso de urbanización paralelo al desarrollo de la sociedad industrial moderna. Este fenómeno aboga por la descentralización porque incrementa unos problemas de carácter eminentemente local, que sólo pueden ser resueltos in situ, pero que por su magnitud pesan sobre el país entero.

El fenómeno de la urbanización es el resultado del proceso de industrialización, que a su vez está en el corazón del desarrollo económico. No es, pues, un fenómeno accidental o típico español o que pueda evitarse. La urbanización de la sociedad industrial moderna es inevitable y habrá que aprender a vivir con ella. Por lo demás, el coste social de las grandes ciudades es conocido.

Si pensamos que más de la mitad de los españoles vive en núcleos urbanos de tamaño incómodo, comprenderemos que este problema local afecta a todo el país y exige que el país ponga recursos financieros descentralizados en cuantía sin precedentes a disposición de los entes locales para enfrentarse con el problema.

7. Pero no es sólo esto: la teoría económica, por caminos que no es del caso recordar aquí, ha creado el concepto de región. Las áreas metropolitanas, las mancomunidades municipales y provinciales, las regiones- frontera, las regiones subnacionales y supranacionales, son conceptos que utiliza la ciencia regional moderna, en las universidades de todo el mundo, sin acordarse de la cuestión catalana. El enfoque espacial y regional se impone al calor de las ciencias económica y geográfica y con plena independencia del catalanismo.

8. Por otro lado, la supranacionalidad ha empujado hacia adelante toda la problemática regional. Una Europa unida es mucho más eficiente que los Estados miembros a la hora de la defensa y de la política internacional y de la explotación de la energía atómica, por ejemplo. Pero resulta inmanejablemente vasta a la hora de resolver el tráfico de una ciudad determinada o su escolaridad y aun su administración de justicia. Hacen falta agrupaciones de municipios en las llamadas áreas metropolitanas y de provincias en regiones naturales y jurídicas. La regionalización -región en sentido geométrico y funcional- aparece como la solución. Esta es la tendencia europea de hoy. Según todos los criterios, Cataluña es una de estas regiones, además de otras cosas. (Quisiera advertir que esta región es un primer paso, necesario pero no suficiente, para llegar a la región histórica que abarca etnias, historia, cultura, etcétera.)

9. Yo creo, pues, que poderosos motivos técnicos -eficacia- y políticos -democratización- abogan por una descentralización seria. Así lo prueba la teoría a través de la doctrina y lo corrobora la práctica política en Europa y América. (Continuará)

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de enero de 1977