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Crítica:

La electrónica de Tangerine Dream

Acaba de actuar en Madrid el grupo Tangerine Dream. Despues de su actuación en el Pabellón de Deportes hemos visto y escuchado a uno de los grupos de rock (???) más interesantes de la actualidad. La música de este trío de alemanes (Froese, Baumann y Franke) emana casi por completo de instrumentos «no clásicos», tales como sintetizadores, mellotrones, secuenciadores, etc., instrumentos que si bien se utilizan con toda soltura en las sucesivas «canciones del verario», poseen todavía un aura de misterio, más relacionada con la «ciencia- ficción » que con una manifestación cultural de nuestros días. A la creación de este «ambiente» contribuye sin duda su forma de hacer, difícilmente catalogable según los cánones usuales del rock. Ante este problema y su casi obligado estatismo en escena no debe resultar extraño que muchos pretendan integrar a Tangerine y los sonidos que expanden desde sus aparatos en alguno de los esquemas mentales disponibles. Así van desgranándose adjetivos para todos los gustos («cósmico», «futurista», «galáctico», etcétera), que en absoluto responden a realidades concretas. Tangerine Dream no ofrece ritmos definidos o melodías «tarareables», sino cataratas de sonido más o menos complejas mediante las cuales pretenden llegar a ese lugar recóndito del subconsciente. Por ahora lo más deseable es abandonar todo prejuicio en la puerta, escucha «algo»; tal vez más adelante podamos (por desgracia) clasificar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de noviembre de 1976