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Crítica:

La cliometría o historia cuantitativa

El presente trabajo es un estudio basado en las series de precios de trigo y cebada para el período comprendido entre1865-1890, utilizando los cuadros de los precios agrícolas que publicó la Gaceta de Madrid durante la segunda mitad del siglo XIX. Aunque Sánchez Albornoz considera en parte su estudio como una ayuda y aportación para otros investigadores por la publicación y elaboración de datos inéditos, no renuncia por eso a obtener conclusiones propias, tanto en el texto de este libro como en los numerosos artículos publicados en revistas españolas y extranjeras.El autor divide el estudio en dos capítulos: en él primero examina la información obtenida a través de la Gaceta de Madrid, poniendo de relieve la superioridad de las fuentes oficiales sobre las privadas para el período de estudio. A continuación, y en base a los precios medios mensuales de trigo y cebada, realiza una serie de cálculos estadísticos que van a mostrar, entre otras cosas, la dispersión de los precios provinciales con respecto al promedio nacional, las relaciones entre los precios provinciales, los precios provinciales que de alguna forma con su tendencia son capaces de arrastrar a los demás, etcétera.

Los precios agrícolas durante la segunda mitad del siglo XIX, de Nicolás Sánchez Albornoz

Madrid Servicio de Estudios del Banco de España 1975.

El segunod capítulo es un análisis de los resultados obtenidos anteriormente, donde , en primer lugar, hace un estudio de «la fluctuaciones y crisis de subsistencia», fijando cuáles han sido los movimientos estacionales y fluctuaciones decenales e intradecenales, para de este modo reseñar los puentos más significativos «tres corresponden a pulsaciones decenales -1857, 1868 y 1879-; el último, a otra intradecenal inmediata -1882-».Si bien el primer factor determinante de las crisis de subsistencia son las malas cosechas, no cabe lugar a ninguna duda de que la intervención del Estado podría amortiguar sus efectos; pero las medidas proteccionistas existentes en materia de importación de granos a partir de 1820 eran tales, y la dificultad de transporte tan grande que, aun en el caso de levantarse los aranceles, únicamente servía tal medida para que se abasteciese el litoral. Por otra parte, los flujos interprovinciales de granos no se porten en funcionamiento más que cuando las elevaciones de precios son capaces de compensar los costes de transporte.

Por otro lado, la abolición de los pósitos públicos supondrá que el almacenamiento de granos quede en manos privadas.

No obstante, en el siglo X IX se están produciendo una serie de transformaciones, tales como mejoras en las vías de comunicación, cambio en el régimen de propiedad, incremento y abaratamiento en los costes de transportes, etc., indicadores todos ellos que, si bien no sirven para explicar de una forma completa la integración de las economías regionales y comarcales en un mercado nacional, son instrumentos explicativos sumamente valiosos.

A partir de los resultados obtenidos en el primer capítulo, estudia Sánchez Albornoz el desarrollo de los mercados de trigo y cebada, establéciendo dos períodos, el primero, que va de julio de 1858 a junio de 1892, en el cual el mercado se hallaba formado a medias, y el segundo período, que va, desde julio de 1876 a junio de 1890, en el que se observa cómo ha ido dando los pasos para la formación de un mercado nacional; Aunque si bien ambos mercados se desarrollan. paralelamente, el mercado de la cebada lo hará con un ligero retraso respecto del mercado de trigo.

También observa el autor cómo en consecuencia con lo anterior (formación de mecado nacional) y en base a los coeficientes de variación de los precios por provincial, van disminuyendo las diferencias de precios entre el interior y la periferia.

Como he señalado anteriormente, el estudio realizado per Sánchez-Albornoz supone, sin lugar a dudas, una gran aportación para el mejor conocimiento de nuestro siglo XIX; pero pienso que resulta necesario señalar el riesgo que se corre, con la utilización exclusiva de unos determinados indicadores en los estudios históricos, en la medida que su utilización nos servirá para reproducir una determinada coyuntura económica en un determinado momento, pero sólo nos servirá parcialmente para explicarlos cambios de coyuntura. Es necesario, por tanto, utilizar estos indicadores como instrumentos de apoyo a otras variables más generales que, aparte de describirnos una determinada coyuntura, nos sirvan para explicar e proceso de formación de esa coyuntura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 23 de junio de 1976