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TENIS | OPEN DE AUSTRALIA
Columna

Exceso de información: no, gracias

Yo seguiría confiando mucho más en el ojo del entrenador y en las capacidades del propio jugador que en el afán por controlar hasta la mínima incidencia

Este martes, Carlos Alcaraz disputará la antepenúltima ronda del primer Grand Slam del año, el Open de Australia, del que evidentemente es uno de los más firmes candidatos al título. Y otra vez vemos cómo está recayendo en sus manos la responsabilidad de maquillar algo la poco afortunada actuación del resto de nuestros representantes.

En esta ocasión, sólo dos tenistas del cuadro masculino han alcanzado la tercera ronda. Ninguna de nuestras jugadoras lo ha hecho, por su parte, en la tabla femenina. Es evidente que el tenis español ha perdido parte de la fuerza que lo mantuvo durante años como la máxima potencia mundial. Tal vez deberíamos tomar buena nota de lo que están haciendo nuestros vecinos italianos, que son los que han recogido nuestro testigo.

Quien está esperando a Carlos en los cuartos de final es Alex de Miñaur, hijo de madre española y formado tenísticamente en España quien, significativamente, decidió en un momento dado abandonar nuestro país y adoptar la nacionalidad australiana debido a las ayudas y mejores atenciones que recibió por parte de la federación de aquel país. De Miñaur es uno de los jugadores más batalladores de todo el circuito. Muy difícilmente da su brazo a torcer y es, probablemente, junto a Alcaraz el más rápido de toda la tabla. Por lo tanto, aunque Carlos sea el claro favorito, a buen seguro asistiremos a un emocionante e intenso partido.

Justo antes del comienzo del último encuentro del murciano contra el estadounidense Tommy Paul, a quien venció tras tres disputados sets, por 7-6(4), 6-4 y 7-5, la juez de silla obligó a Carlos a despojarse de un brazalete llamado Whoop que, por lo que he leído, monitorea la recuperación, el esfuerzo físico, la frecuencia cardíaca, el oxígeno en la sangre y no sé cuantas cosas más.

La razón por la que se lo hicieron quitar es porque en el tenis profesional están prohibidos los dispositivos que facilitan la transmisión de datos. A mí, particularmente, todo este tipo de artilugios, su uso y su finalidad me pillan con el pie cambiado. He tenido que informarme algo para saber exactamente de qué se trataba. Sin embargo, muy rápidamente y, ante el temor de que se acaben por permitir dichos medidores, he llegado a la misma conclusión que en muchas otras ocasiones: el exceso de información y el afán por controlar hasta la más mínima incidencia a mí me resultarían más molestos que beneficiosos si están pensados para que desde el box le den indicaciones o instrucciones al jugador.

La molestia me vendría ocasionada por la duda de que el conocimiento y uso de esos datos durante los encuentros aporten valor de verdad. Es más, tiendo a pensar justo lo contrario. Eso que admiramos tanto en los mejores deportistas, su fuerza mental, el espíritu luchador y el arrojo de sacar inusitadas fuerzas cuando son llevados al límite solamente pueden verse perjudicados si se les indica que sus niveles de oxígeno no son los adecuados o que deberían normalizar la frecuencia de sus latidos.

Yo seguiría confiando mucho más en el ojo y la percepción del entrenador y, sobre todo, en las capacidades tan intangibles como admirables del propio jugador. Estoy convencido de que, si dispusiéramos de las constantes de los mejores deportistas en sus mejores partidos, esos que permanecen en la retina de los aficionados, por mucho tiempo que pase, no daríamos crédito.

Hace años Carles Rexach, exjugador del Fútbol Club Barcelona, me contó una anécdota que vivió estando sentado en el banquillo cuando, posteriormente fue entrenador del equipo azulgrana. Unos estudiantes de INEF le habían pedido poder presenciar un partido de futbol en su compañía y hacer un estudio de la valía de los integrantes del equipo. Al fijarse Carles en la cantidad de datos que aquellos estudiantes iban anotando en sus respectivos cuadernos, les espetó: “Si escribís tanto, difícilmente veréis el partido”.

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