Argentina - Australia en 1993: el “café veloz” de Grondona y la despedida de Maradona

Las selecciones que este sábado se medirán en octavos de final en Qatar tienen como antecedente más sonado dos partidos de repesca para Estados Unidos 94

Diego Maradona desafía a Paul Wade durante la victoria de Argentina en el partido de repechaje para la clasificación del Munidal de EE UU 1994, disputado en Buenos Aires el 17 de noviembre de 1993.
Diego Maradona desafía a Paul Wade durante la victoria de Argentina en el partido de repechaje para la clasificación del Munidal de EE UU 1994, disputado en Buenos Aires el 17 de noviembre de 1993.Mike Hewitt (Getty Images)

Aunque Argentina y Australia se enfrentarán este sábado por primera vez en una Copa del Mundo, en 1993 protagonizaron un duelo que se le pareció mucho: resolvieron en un dramático repechaje la última plaza para el Mundial de Estados Unidos 1994. Fueron dos partidos en un limbo legal, sin control antidoping, en Sidney y Buenos Aires, que marcaron el regreso de Diego Maradona a la Albiceleste después de tres años y medio, tras el subcampeonato en Italia 1990, pero que también fueron una despedida: el ídolo -que dijo que él y algunos de sus jugadores consumieron un “café veloz” para sacar ventaja física ante la ausencia de controles- ya no volvería a jugar oficialmente en su país tras aquel 1-0 salvador ante los oceánicos en el Monumental. Casi tres décadas después, Argentina ruega que otro partido con Australia (este sábado, a las 20.00), esta vez por los octavos de final de Qatar 2022, no marque el final de Lionel Messi en su selección.

Aquellos cruces contra Australia fueron tan en carne viva como la carrera de Maradona. Argentina había llegado a las Eliminatorias sudamericanas como doble campeona vigente de la Copa América y parecía encaminada a una cómoda clasificación al Mundial. Pero una doble derrota ante la espléndida Colombia de Francisco Maturana, incluido el 5-0 en Buenos Aires, la despacharon a reptar por su primer y hasta ahora único repechaje. Maradona no formaba parte de aquella albiceleste, pero regresó de urgencia, como un salvador.

El técnico de Argentina, Alfio Basile, no lo quería en su plantel pero la presión popular y dirigencial se le tornó imposible y el genio volvió a ser convocado a la selección para los partidos ante Australia.

El regreso de un Maradona de rostro huesudo y físico cada vez más elástico resultó mesiánico. No era el mismo de México 86, claro, pero igual le alcanzó en la ida y la revancha para ser el mejor de una selección estresada que pidió permiso para entrar al Mundial por la chimenea tras un empate 1 a 1 en Sidney -gol de Abel Balbo- y un taquicárdico 1 a 0 en Buenos Aires –misil de Gabriel Batistuta, rebote afortunado.

El genio motivó a sus compañeros, participó en la jugada del gol argentino en Australia y manejó los tiempos de la revancha en un Monumental festivo. Pero aquel 17 de noviembre de 1993 nadie sospechaba que Maradona –salvo un amistoso ante Marruecos en Salta, 1.500 kilómetros al norte de Buenos Aires, cinco meses después, en abril de 1994– ya no volvería a jugar para Argentina en su país ni que, como se sabría mucho tiempo después, esos dos partidos se habían jugado sin controles antidoping.

En las sombras había operado el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Julio Grondona, a su vez vicepresidente de la FIFA, un nombre clave en las últimas décadas del fútbol mundial, también en la polémica votación de 2010 –cuatro años antes de su muerte– que favorecería a Qatar 2022. Don Julio, como le decían, usó su poder en 1993 contra una Australia que no generaba el respeto que tiene hoy.

Diego Maradona disputa la pelota con el australiano Jenson Van Blerk.
Diego Maradona disputa la pelota con el australiano Jenson Van Blerk.Steve Etherington - EMPICS (Getty Images)

El misterio del “café veloz”

Lo que ocurrió en los Argentina-Australia de 1993 comenzaría a saberse en 2011, cuando Maradona –enojado con Grondona porque le había negado la posiblidad de seguir como técnico de la selección, tras su partipación en Sudáfrica 2010– reveló que la Albiceleste había recurrido a pillerías médicas para energizar a sus jugadores en el repechaje para Estados Unidos 1994. “Grondona nos dijo diez días antes del partido que no había control antidoping y para jugar con Australia te daban un ‘café veloz’. Al café le ponían algo y por ahí corrías más. Tenés que ser muy boludo si te hacen diez controles y el partido que se juega la clasificación para Estados Unidos no hay control”, contó Maradona, sin precisar qué tenía ese “café veloz”, aunque desde entonces se especuló con efedrina, un estimulante del sistema nervioso central.

En su pelea contra Grondona, Diego también ventiló que en Australia, después del primer partido, estaba tan excitado o estimulado que se la pasó caminando hasta las ocho de la mañana del día siguiente. Que su entonces esposa, Claudia Villafañe, tuvo que acompañarlo por todo Sidney. Y también dijo que otros compañeros tampoco pudieron dormir, como si fueran zombis en la madrugada de Australia. Maradona no dio los nombres de los jugadores que habrían consumido la pócima, aunque dejó afuera a Fernando Redondo, porque, dijo, el entonces volante del Tenerife no la necesitaba. Sin embargo, varios de los futbolistas de entonces se indignaron con Diego por los dichos que, entendían, los ensuciaban, y salieron a desmentirlo.

La AFA se vio obligada, tras los dichos de Maradona, a sacar un comunicado explicando por qué no se habían realizado los controles. “No constituía una obligación reglamentaria para ese tipo de disputas”, justificó el organismo presidido por Grondona. “Quién sabe si equivocadamente, con el temor de que pudiera pasar alguna cosa, traté de que en el último partido no hubiera el control antidóping porque venían jugadores que no tengo en mi país y uno no puede saber qué toman y qué dejan de tomar; Maradona venía de cumplir un problema de dóping”, diría Grondona, anteponiendo la utilidad sobre el reglamento.

Esa falta de controles en las Eliminatorias actuó como un vía libre para que Maradona, cuya milagrosa recuperación física maravillaba a sus adoradores y preocupaba a los dirigentes, protagonizara otro de sus cíclicos regresos. Pero también era un autofavor: la FIFA necesitaba de la Argentina y de Maradona, no de Australia, tal como detalló el libro El último Maradona, de Alejandro Wall y este autor.

Ya en Estados Unidos 1994, ocho meses después del taquicárdico repechaje contra Australia, Maradona sí sería expulsado por doping positivo de efedrina y ya nunca más jugaría con la camiseta de Argentina.

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