De un pueblo de 200 habitantes al Mundial de Oregón: Mario García Romo, la nueva sensación del 1.500 metros español

El campeón nacional de la distancia, hijo de un albañil y una limpiadora, estudió química en EE UU con una beca, y debuta en Eugene con el objetivo de plantarse en la final

Álvaro Sánchez
Eugene (Oregón) - 15 jul 2022 - 17:40
El atleta Mario García Romo, en el campus de la Universidad de Oregón, este jueves.
El atleta Mario García Romo, en el campus de la Universidad de Oregón, este jueves.Álvaro Sánchez

Acaba de hablar Mario García Romo (23 años, Salamanca), gafas de sol, polo de la federación, acreditación al cuello, botella de agua a mano, y pone rumbo a la salida del campus de la Universidad de Oregón, hogar de muchos de los atletas que estos días compiten en el Mundial de Eugene. Va a cortarse el pelo. Un rito que no perdona antes de cada competición. Como si la tijera y la maquinilla despejasen la cabeza de pensamientos negativos.

No parece el recién coronado campeón de España de 1.500 metros (3m35s) necesitado de espantar pesimismo alguno. Su reciente victoria batiendo a Mo Katir, Ignacio Fontes y Adel Mechaal fue una sorpresa para casi todos. No para él. “Los días antes, cuando pensaba en la carrera, me imaginaba ganando”, dice henchido de una confianza que sorprende a sus 23 años.

Este sábado debuta con la selección. Y lo hace en un escenario de altura, justo en el país donde se ha forjado en los últimos cuatro años como atleta y estudiante. Licenciado en Química por la Universidad de Mississipi, fue el primer español hombre en ganar un título de la NCAA, el circuito americano universitario, al imponerse en la milla en pista cubierta el pasado marzo. “No diría que es como competir en casa, pero es especial”, explica el joven nacido en Villar de Gallimazo, un pueblo salmantino con 200 empadronados que en invierno apenas llega a los 75 habitantes.

En sus caminos y en la pista del estadio Helmántico de Salamanca ha preparado el asalto a Eugene sin alterar el volumen: corriendo entre 120 y 130 kilómetros semanales, lo que lleva haciendo todo el año. Ya en tierra estadounidense, sigue en el campus de Oregón con esa vida de hábitos propia del atleta: despierta a las nueve de la mañana, habla con medios, pasa mucho tiempo con Katir y Fontes, los otros dos representantes del 1.500 español, duerme la siesta con el Tour de Francia, toma café antes del entreno de la tarde, charla al fresco después de cenar aprovechando el agradable verano de Oregón y lee Endure, un libro de Alex Hutchinson sobre los límites del cuerpo humano en el deporte.

Es la tercera vez que corre en Hayward Field, el estadio más mítico del atletismo estadounidense, cuyas vibraciones ya ha sentido. “Me parece una pasada. El mejor que hay en el mundo del atletismo ahora mismo. No por el tamaño, sino por sus calidades y por el ambiente. Es como si fuera un teatro y el público estuviera encima de ti”.

Llega con ánimo de cobrarse una deuda: hace un mes fue aquí subcampeón universitario de EE UU de 1.500 metros. Sobre el papel un gran resultado, pero que le supo a poco porque partía como favorito y no pudo darlo todo al quedarse encerrado en la parte final. Su objetivo en el Mundial, nada sencillo dado el nivel, es llegar a la final. Y una vez ahí, previsiblemente rodeado del fenómeno noruego Jakob Ingebritsen y los kenianos Abel Kipsang y Timothy Cheruiyot, no descarta incluso luchar por las medallas. “Cuando estás en un campeonato así tienes que tener esa mentalidad. Si no, mejor quédate en casa”.

Hijo de un albañil y de una limpiadora del servicio de empleo, García Romo nunca tuvo la sensación de que les faltara nada, aunque la crisis de 2008 la sintieron fuerte. “Son muy trabajadores y han apoyado nuestros sueños”, dice agradecido. Aunque ahora se ha convertido en uno de los corredores más cosmopolitas del atletismo español, hasta los 18 años vivió en el pueblo. Ir a la escuela era una experiencia muy diferente en la España vacía: compartía clase con su hermano y otros dos estudiantes, también hermanos y de diferentes edades. Cuatro estudiantes en total. “Eran días solitarios en los que estaba en la calle jugando todo el día. Creces de una forma más saludable y activa”.

A los 19 años, el atletismo, que solo necesita de caminos y un par de zapatillas para encumbrar a los que lo cultivan lo suficiente y cuentan con una pizca de talento y suerte para esquivar las lesiones, le sirvió para lograr la beca con la que estudiar en EE UU. Para un joven de 19 años criado en un pequeño pueblo castellano, el cambio fue notable. “El ritmo de vida me chocó. Desde que se levantan por la mañana hasta que llegan a casa por la tarde es trabajar, trabajar y trabajar”. Corriendo en el equipo de la Universidad de Mississipi comprobó la importancia que dan al deporte. “Te dan facilidades para cambiar exámenes, si te pierdes clases puedes recuperarlas, y si tienes que viajar con el equipo ellos se encargan de contactar a tus profesores. Eso facilita los estudios”.

Hasta su victoria en el campeonato de España, García Romo era para los aficionados al atletismo un puñado de vídeos de sus éxitos americanos compartidos en redes sociales. Ahora ha demostrado que puede pelear de tú a tú con los mejores y ganarles, aun teniendo peor marca que ellos gracias a su potente final. ¿Prefiere entonces las carreras lentas? “Me veo capaz de correr cualquier tipo de carrera, aunque si me dan a elegir prefiero un ritmo intermedio, pero que se acabe muy fuerte. Son en las que mejor me encuentro”.

Estratega

Los entendidos destacan de él su capacidad estratégica y su colocación. Y como casi todo en la vida, esa habilidad no nace de una casualidad. Dice García Romo haber visto todas las grandes carreras en su distancia de los últimos 30 años. “Intento aprender de cómo se mueven, cuándo atacan, cuándo esperan. Si aprendes a entender cómo funciona el pelotón en una carrera de 1.500 empiezas a estar cómodo en él y tomas mejores decisiones”.

La selección del equipo de 1.500 metros para el Mundial se vio envuelta en una polémica por la decisión inicial de dejar fuera a Fontes y permitir doblar a Mechaal en 5.000 y 1.500 metros, pese a que Fontes había logrado un mejor puesto en el 1.500 del campeonato de España. Finalmente, un positivo por coronavirus de Mechaal permitió a Fontes viajar a Oregón y la controversia quedó zanjada.

Para García Romo, convertir el campeonato de España en clave para hacer la selección ayudaría a evitar que se repitan estas situaciones, que crean mal ambiente y despistan al atleta, que no siempre tiene claros los criterios para ser elegido. “Es la competición en la que nos medimos los unos con los otros, sin liebres. Si hay más de tres personas con mínimas, creo que es la mejor forma de repartir las plazas”.

Cuando termine el Mundial y se tome un descanso en casa, García Romo se marchará a vivir a Boulder (Colorado), a 1.600 metros de altitud, y representará, ya como profesional, a la marca suiza On Running, de la que el tenista Roger Federer es accionista. El cansancio y el dolor son inherentes al atleta, pero García Romo, pese a los días malos, quiere seguir adelante. “Nunca he hablado con Rafa Nadal, pero seguro que algún día se levanta y no quiere jugar al tenis. Esa es la diferencia entre los grandes y los buenos deportistas. Los grandes saben que hay que hacer cosas incluso cuando no quieres”.

¿Hasta dónde puede mejorar sus marcas? En el futuro habla de rondar los 3m30s, una barrera para elegidos. Pero con muchos años de carrera por delante todavía, este mediofondista salido de una familia trabajadora de la España vacía prefiere dejar un halo de misterio sobre sus expectativas. “Mi entrenador me ha dicho hasta dónde cree que puedo llegar, pero me lo guardo para que la gente se sorprenda si ocurre”.

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Sobre la firma

Álvaro Sánchez

Redactor de Economía. Ha sido corresponsal de EL PAÍS en Bruselas y colaborador de la Cadena SER en la capital comunitaria. Antes pasó por el diario mexicano El Mundo y medios locales como el Diario de Cádiz. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla y Máster de periodismo de EL PAÍS.

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