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Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

La final de Champions en París y los manes familiares

El Liverpool es superior en poderío físico, pero donde el fútbol ajusta las cuentas es en las dos áreas, y en ellas el Madrid gana

Karim Benzema y Dani Carvajal celebran la remontada contra el Manchester City y la clasificación para la final de la Champions en el Bernabéu.
Karim Benzema y Dani Carvajal celebran la remontada contra el Manchester City y la clasificación para la final de la Champions en el Bernabéu.GABRIEL BOUYS (AFP)

Pase lo que pase en París, esta Champions 2021-22 será recordada por las extraordinarias remontadas del Madrid, por esas alteraciones ambientales que sacudieron el Bernabéu en momentos extremadamente críticos ante PSG, Chelsea y City. Lo que yo he llamado el auxilio de los manes, los espíritus de los antepasados.

Esos manes familiares solo acuden en condiciones determinadas, lo tengo muy comprobado. Ha de ser noche europea, caso de necesidad extrema, la afición debe hacer amplia profesión de fe y el equipo ha de poner por su propia cuenta el primer gol. Cuando esos factores concurren se descarga esa energía cósmica que la Física no sabe describir y que altera bruscamente la relación de fuerzas. Un Madrid al borde del precipicio se reactiva, cada jugador adquiere, como los locos, la fuerza de diez hombres y el rival se ve de repente jugando contra el Más Allá. Equipos grandes entregan su ventaja sin resistencia.

En los ochenta, cuando las remontadas insistentes de la Quinta en la Copa de la UEFA, los jugadores elaboraron un ritual para invocarlos: gritaban a los rivales en el túnel (Juanito llegaba a trepar la reja que separaba ambas filas), los tres primeros ataques culminaban en disparo potente, los tres primeros rivales que cogieran el balón eran entrados con dureza y acusados de fingir, a la primera falta de un rival, cinco le amenazarían y cinco protestarían al árbitro, todo con grandes aspavientos… Concentradas en pocos minutos, esas prácticas hacían del estadio una caldera que cocía a los rivales en miedo escénico.

La expresión miedo escénico fue lanzada por Valdano al término de una de aquellas remontadas y prendió de inmediato. Valdano aclaró que tomó la expresión de García Márquez, que definió así su miedo a hablar en público. La Revista de Occidente le invitó a escribir un artículo sobre la cuestión, dotando de notoriedad al jugador en círculos intelectuales. Aquello se apagó cuando la Quinta perdió a sus hermanos mayores, los Camacho, Juanito, Santillana, el propio Valdano, inductores del fenómeno. Los quintos, chicos de colegio de pago, si se admite la expresión, no supieron mantener esa dinámica sin aquella cobertura.

Era un ritual un poco gamberro y pagano. El pacto actual con los manes es otro: un gol, os ofrecemos un gol y vosotros desencadenáis ese fuego blanco que trastoca todo. Y pasa. Pasó tres veces en siete semanas ante la flor y nata de ese nuevo fútbol europeo que tira con pólvora del rey, sin atenerse a gastos. París, Londres y Manchester lo han sufrido, es la noticia del momento en el mundo del fútbol. A base de cuidar sus símbolos (empezando por tener un entrenador respetuoso con ellos), el Madrid consiguió voltear tres eliminatorias que tenía perdidas ante equipos considerados por la cátedra superiores a él. La Fe venciendo a la Razón.

La pregunta ahora es si lo que tan bien ha funcionado en el Bernabéu funcionará también en París. Allí ganó el Madrid la primera copa europea, un año después de haber conquistado en el mismo escenario la Copa Latina, ambas veces ante el Stade de Reims. También en París ganó la octava ante el Valencia, ya en años de Casillas y Raúl. Pero, ¡ay!, allí perdieron su final, en 1981, precisamente ante el Liverpool. Por si acaso, yo prefiero aferrarme a una idea más pedestre: el Madrid gana en portero y en delantero centro. El Liverpool es superior en poderío físico, pero donde el fútbol ajusta las cuentas es en las dos áreas, y en ellas pongo mi confianza. Pero también pienso que si el Liverpool va por delante, pero encaja un gol, un espinazo recorrerá su espalda.

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