TENIS | OPEN DE AUSTRALIA

Nadal, de la espalda al “pajarito”

El español asume varios “errores tácticos” y la “falta de chispa” tras caer frente a Tsitsipas en un torneo al que llegó físicamente trastabillado: “La preparación no ha sido la perfecta, al menos me voy más sano”

Nadal, en un instante del partido contra Tsitsipas en la Rod Laver Arena de Melbourne.
Nadal, en un instante del partido contra Tsitsipas en la Rod Laver Arena de Melbourne.DAVID GRAY / AFP

No han transcurrido cuatro minutos cuando Rafael Nadal nota un fuerte calambre en la pierna derecha mientras departe con los periodistas sobre su derrota en los cuartos del Open de Australia, frente a Stefanos Tsitsipas por 3-6, 2-6, 7-6(4), 6-4 y 7-5. Han sido cuatro horas y cinco minutos de un intercambio a las bravas, frente a un rival que es 12 años más joven (22-34) y que hace dos apenas pudo arañarle seis juegos en las semifinales del grande australiano. De repente, el músculo se le agarrota y el campeón de 20 grandes decide retirarse unos minutos para recuperarse y seguir comentando más tarde este adiós doloroso. Todo había ido sobre ruedas hasta que tres o cuatro maniobras desafortunadas rehabilitaron al rival. El resto, la remontada, ha sido cosa del griego.

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“Me han preguntado si estaba bien preparado, y se ha demostrado que no. Eso es lo que ha pasado…”, responde con humor al retornar a la silla. “Evidentemente, me ha faltado preparación. Ha sido un tirón. Después de los memes que hubo con lo de Nueva York [en 2011, cuando los calambres hicieron que cerrara una comparecencia tumbado tras una mesa], he decidido salir pitando en lugar de tirarme al suelo. Me ha dolido bastante más, pero al menos creo que he evitado algo…”, sigue con buen tono antes de regresar a su hotel y despedirse de un sueño, el de lograr su 21º grande y convertirse así en el tenista masculino más laureado de todos los tiempos, desmarcándose de Roger Federer.

Sobre la pista central, Tsitsipas y él han protagonizado un auténtico thriller en el que el guion ha jugado al despiste. Nadal ha comenzado como un tiro, haciéndose con los dos primeros sets y proponiendo su mejor versión en este torneo extraño que nació a marchas forzadas y se ha desarrollado de la misma forma. Sin embargo, luego se tuerce, falla varias bolas que no suele fallar en el desempate de la tercera manga —un par de smashes, una derecha y un revés en forma de caña— y, cuando tenía pie y medio en la semifinal, el griego reacciona a lo grande.

”Lo he intentado, pero he cometido algunos errores en el tie break que al final han sido determinantes. Los dos primeros sets he jugado bien, sí, pero también es cierto que él ha jugado mucho peor esas dos primeras mangas que después. Uno no tiene que engañarse. Él después ha jugado muy bien; en el tercero ha dado un salto y en el cuarto y el quinto ha sacado muy bien, y ha cometido pocos errores. Le ha subido la adrenalina. En el último set no he jugado mal, he hecho solo un juego malo con el cinco iguales. Esa es la verdad. Si llego a ganar el tie break ya estaríamos en el hotel, durmiendo. Me he equivocado en unas cuantas cosas tácticas”, analiza Nadal en una primera lectura que precede a una segunda, relacionada con la escena que acaban de contemplar los periodistas.

Otro salto de Tsitsipas

“Físicamente quizá me faltaba un pelín, ese extra de chispa. No hace falta explicarlo. Las cosas no han salido como esperábamos, pero al menos me voy mucho más sano de lo que estaba hace una semana y media”, prosigue sin querer mencionar los problemas de espalda que empezó a sufrir hace tres semanas, a los pocos días de aterrizar y que finalmente logró solucionar gracias a una infiltración en la zona lumbar. Efectivamente, a Nadal le ha faltado punch en un pulso que se ha prolongado cuando parecía decidido y en el que Tsitsipas, más fresco al no haber tenido que saltar a la pista en la ronda previa por la lesión de Matteo Berrettini, ha afrontado con más claridad un tramo final agónico.

Nadal, pues, se marcha de Melbourne sin el botín pretendido. Después de dos primeros compromisos muy livianos, un tercero asequible y una esperanzadora intervención contra Fognini, el mallorquín tropezó con un rival de envergadura que a los 22 años tal vez no esté demasiado lejos de un salto significativo. Tsitsipas sigue completando su evolución. En 2019 ya alcanzó la penúltima ronda en Melbourne y el ejercicio pasado la de Roland Garros; hace dos años conquistó el Masters de Londres y es de esos pocos que han logrado tumbar a Nadal (dos veces, en ocho cruces), Federer (dos en cuatro) y Djokovic (otras dos, en seis).

“He sabido mantener la calma. Depués del tercer set, volaba como un pajarito. Me salía todo”, explica el griego, citado por una plaza en la final con Daniil Medvedev (7-5, 6-3 y 6-2 a Andrey Rublev). Llegará el ruso lanzado, habiendo encadenado 19 victorias y tres trofeos desde que se abriera paso en París-Bercy, en noviembre. Mientras, Nadal se despide en cuartos, misma estación que el curso pasado.

“Después de todo lo que ha ocurrido, la preparación no ha sido la perfecta, así que no creo que haya dejado escapar una gran oportunidad; simplemente considero que he perdido una oportunidad de estar en la pelea. Quedaba trabajo por hacer, no estoy contento. ¿Qué podemos hacer? Jugar mejor la próxima vez”, cierra el de Manacor, condenado por un inoportuno reventón.

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