TENIS

El último enemigo de Federer

El suizo, que pasó por el quirófano en febrero, vuelve a operarse de una rodilla y no reaparecerá hasta 2021, enfilando ya los 40 años: “Me tomaré el tiempo que sea necesario para volver al cien por cien”

Roger Federer, durante un partido de la temporada pasada. / H. RETAMAL (AFP)
Roger Federer, durante un partido de la temporada pasada. / H. RETAMAL (AFP)

Sonaba el runrún, porque recientemente Novak Djokovic deslizó que no había invitado a Roger Federer a su ciclo de exhibiciones en Serbia (Adria Tour) porque al suizo todavía le dolía la rodilla, después de haber pasado por el quirófano en febrero para hacerse una artroscopia; y cogieron más fuerza las sospechas un par de días después, cuando uno de sus entrenadores, Severin Luthi, reveló que la recuperación del campeón de 20 grandes no terminaba de ir bien y se había ralentizado más de lo esperado. Finalmente, este miércoles se confirmó: Federer ha tenido que volver al quirófano y no regresará una pista hasta el próximo año, según anunció en un comunicado.

“Hace unas pocas semanas, sufrí un retraso durante mi rehabilitación y tuve que hacerme una rápida artroscopia adicional en mi rodilla derecha. Ahora, al igual que hice en la temporada 2017, he planificado tomarme el tiempo que sea necesario para estar preparado al cien por cien para jugar al más alto nivel. Echaré de menos a los aficionados y al circuito, pero tengo ganas de veros a todos cuando regrese al inicio de la temporada 2021”, expresó a través de sus redes sociales el suizo, que el próximo 8 de agosto cumplirá 39 años y ha sido operado tres veces en las cuatro últimas temporadas.

En agosto cumplirá 39 años y ha sido operado tres veces en las cuatro últimas temporadas

Hasta 2016, cuando sufrió un desgarro en el menisco izquierdo, Federer había vivo alejado de las lesiones. Tan solo unos problemas de espalda le habían mermado de manera significativa, en 2013. Sin embargo, sus rodillas le han propuesto un serio desafío hacia el objetivo de prolongar su carrera y defender su reinado en los Grand Slams, donde figura por delante de Rafael Nadal (19) y Djokovic (17), vencedor en febrero en Australia. Ahora, el español y el serbio podrían recortar distancias e incluso superarle, caso del primero, en función de lo que se decida finalmente con el calendario.

Antes de que estallara la pandemia de la Covid-19, Federer ya anunció que pasaría por el quirófano y sería baja para la gira de tierra batida, perdiéndose así Roland Garros. A partir de ahí, su meta era evidente: llegar a punto a Wimbledon y a continuación a los Juegos Olímpicos de Tokio, e ir arañando algún trofeo más en su intento de dar caza al estadounidense Jimmy Connors como el tenista con más títulos (109) de la historia. Federer posee 103, pero decida lo que se decida, su contador se detendrá y cerrará este anómalo curso en blanco, con alguna cana más, el chasis dañado y un horizonte enigmático. ¿Cómo responderá tanto física como anímicamente ese Federer tocado, con casi 40 años y tras casi uno sin jugar?

Actualmente cuatro del mundo, el tenista de Basilea dice sentirse todavía capaz de lograr más éxitos. Siguen seduciéndole el día a día del tenis y los viajes, pero a nivel competitivo se ha desinflado. Elevó su último trofeo en su ciudad natal, el pasado 27 de octubre, pero no gana un torneo de rango mayor desde la última edición de Miami, y un Grand Slam desde algo más de dos años (Australia 2018).

No eleva un grande desde hace más de dos años y volverá tras casi uno sin jugar

Aún maldice el suizo, padre de cuatro hijos, esas dos bolas de partido que desperdició en la última final de Wimbledon, que cayó del lado de Djokovic y le abrió una herida anímica de la que no ha terminado de reponerse. A comienzos de año alcanzó las semifinales en Melbourne, pero su trazado fue renqueante y allí se vio al Federer más sufridor, sin la autoridad tenística de sus mejores momentos. Posteriormente participó en una exhibición benéfica (The Match in Africa) impulsada por su fundación, en Ciudad del Cabo, en la que él y Nadal pelotearon amistosamente ante 51.954 espectadores y batieron el récord de asistencia a un partido en su deporte. Y en marzo, desgraciadamente, irrumpió la pandemia.

Se interpretó que el parón podría beneficiarle y que ganaría tiempo para volver a tono en la antesala de Wimbledon, sobre la hierba de Halle, pero el frenazo ha sido más importante de los previsto en aquel momento y todavía mayor tras esta última operación, que añade interrogantes a una de las carreras más lustrosas de la historia del tenis. Federer, que admitió no estar entrenándose en estas fechas porque no veía razón para hacerlo, queda apeado pase lo que pase. De ahora en adelante, tal vez sus grandes rivales no sean los otros dos gigantes; las rodillas difícilmente perdonan.

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