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Feli y el compromiso por la belleza

Viene muy bien a la sociedad actual y a los derroteros de este mundo destacar el trabajo de personas como él, que saben compaginar el brillo del éxito puntual con un cometido discreto y de largo recorrido

Feliciano devuelve de revés durante un partido en Wimbledon.
Feliciano devuelve de revés durante un partido en Wimbledon. Getty

Feliciano López fue eliminado, con algunos problemas en el hombro, en la segunda ronda del presente torneo por Juan Martín del Potro, pero antes de abandonar la capital británica, los dirigentes del torneo más emblemático quisieron rendirle un homenaje por su increíble hazaña: la participación consecutiva en 66 Grand Slams.

Justo es reconocer que algo de suerte ha jugado a su favor, la de no lesionarse y tener un físico privilegiado, pero aún lo es más valorar su fuerte compromiso y amor por lo que hace. Jamás ha sucumbido al normal deseo de abandonar cuando ha atravesado malas rachas o cuando ha estado falto de confianza.

Es posible que a Feli —como lo llamamos todos— le haya faltado algún logro más. Talento no le falta. Aun así, creo que nadie puede infravalorar estos 17 años entre los mejores, unos cuantos de ellos entre los 20 primeros —su mejor ranking es el número 12—, que haya levantado nada menos que cuatro Copas Davis, siendo en la final de Argentina de 2008 el jugador más decisivo, y que el año pasado ganara Queen’s, el segundo torneo más importante sobre hierba y uno de los que siguen atesorando gran prestigio y un elevado nivel.

Es verdad que a su personalidad le ha faltado un poco de ambición o el empuje obsesivo que lleva a los mejores tenistas a podios importantes, pero también que él ha estado más preocupado por cuidar la belleza de este deporte. De hecho, los que admiramos el juego más purista, el que se despliega con golpes de bella ejecución, le agradecemos su estilo de juego y le reconocemos que lo haya antepuesto a unos golpes menos plásticos y que le hubieran dado probablemente mejores frutos en el tenis actual.

Aprecio mucho su amistad y haber coincidido con él durante tantos años. Hemos compartido momentos especiales en Copas Davis y la cotidianidad de muchos torneos. Junto a su buen tenis, valoro su buena educación, que atribuyo a sus padres y que, junto a su bondad natural, lo ha hecho un compañero querido en el circuito.

Lamento, por todo esto, que ciertos medios amarillistas hayan intentado dar una imagen equivocada o injusta de su persona y aplaudo, a su vez, que él haya sabido sobrellevarlo siempre con elegancia y discreción.

El mundo del deporte tiene nombres propios que ocupan muchas portadas, que acaparan titulares y elogios, que atesoran los títulos más deseados y se ganan la admiración general. Viene muy bien a la sociedad actual y a los derroteros de este mundo destacar el trabajo de personas como Feliciano, que saben compaginar el brillo del éxito puntual junto con un cometido más discreto y de largo recorrido.

Desde el año pasado, Feli dirige también el torneo de Madrid y supongo que es cuestión de tiempo que en el futuro sea nombrado capitán de la Copa Davis. Mientras eso no ocurra, sin embargo, tiempo queda para que nos siga deleitando con su buen tenis. Lo digo por si esto ha sonado a despedida. Es más bien un merecido homenaje.

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